¿Y si viviéramos con menos puñetazos en el estómago?





“No morimos de enfermedad, morimos de hambre”. La expresión es, lamentablemente, familiar. La pandemia de Covid-19 expuso algunas debilidades y desigualdades más que ya existían en el país. Los que eran pobres se empobrecieron más y los que tenían una situación relativamente estable estarán, durante unos meses, contando con la vida.





La prioridad es, sin duda, la preservación de la salud de todos para que, juntos, podamos superar este virus. Pero mientras tanto, la vida continúa. La gente todavía necesita comer, vivir, sobrevivir. Las personas mayores necesitan seguimiento. Los niños y jóvenes necesitan condiciones para seguir estudiando a distancia. Y sí, ya sabemos que las nuevas tecnologías cuestan dinero y que los diversos programas que existen para clases virtuales “tiran” de máquinas. En otras palabras, se necesitan computadoras relativamente recientes y modernas, así como internet con cierta velocidad, para poder asistir a clases con cierta normalidad.

Las solicitudes de ayuda de familias necesitadas se multiplican y llegan a miles de miles en muchas instituciones que siempre han hecho esfuerzos para tratar de dar algo a quienes tienen poco o nada.

Soy consciente de que el discurso, el nuestro, siempre termina en la acusación de que “el gobierno es responsable” o que “el gobierno tiene que ayudar…”. También sabemos que es un lugar común decir que “los que tienen menos son, por regla general, los que ayudan más”. Son todas medias verdades.

La verdad es que todos tenemos un papel importante que desempeñar. Ahora, más que nunca. Ayudando a los necesitados. En movilizar a colegas, amigos y familiares por esta causa, que no es ahora ni continuará solo durante la pandemia. Sensibilizar a las empresas sobre la necesidad de incorporar en sus programas de Responsabilidad Social el apoyo a casos como los que vemos actualmente.

La Fundación EDP anunció recientemente la donación de un millón de euros en ordenadores para escuelas. Para los más críticos, no es ni demasiado ni demasiado poco. Se trata de un millón de euros que sin duda ayudará a muchas familias y, sobre todo, a muchos estudiantes de este país que, como sabemos, quieren aprender y se enfrentan a barreras que en ocasiones se lo impiden.

Muchas empresas no soportarán el cierre necesario, lo que impacta directamente en la economía nacional. Otros ya se han interpuesto en el camino. Algunos nacieron y murieron poco después, como el sincronización no podría ser peor. El apoyo del gobierno ha ayudado a mitigar un golpe que será muy fuerte y transversal. Esta es quizás la única inmunidad que no vamos a conseguir.





Han pasado casi 12 meses desde que se decretó el primer encierro en Portugal. Los pedidos y las necesidades aumentaron. Más instituciones piden ayuda. Se desconocen las cifras reales de estas necesidades, pero se sabe día a día que son muy elevadas.

Cada día vemos más gente fuera de los supermercados pidiéndolo con las manos extendidas. Proliferan los barrios de personas sin hogar. Se ven más casos de familias, con y sin hijos, que sobreviven como pueden. Las bolsas de la compra siguen llegando casi vacías, en muchos casos, aunque se espera que lleguen más llenas porque la gente sale menos de casa.

El otro día, estaba leyendo un cuento de una familia angoleña con seis hijos menores que vivían en un apartamento de una habitación y estaban a punto de ser desalojados. La madre dijo que solo quería tener un trabajo y que solo dio la entrevista por sus hijos. “Para los niños, la vergüenza está perdida”, dijo.

Este es el momento de ayudarse y apoyarse mutuamente. El momento de trabajar juntos para paliar la sucesión de puñetazos en el estómago que corresponden a los casos que nos llegan. Ayudar en lo que podamos.

Hay muchos padres y muchos niños avergonzados de este país en el exterior, aunque sin culpa ni responsabilidad. A nosotros nos toca ayudarlos, apoyarlos y demostrarles que hoy son ellos, mañana somos nosotros.

Ana Gomez

Ana Gómez. Nació en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios años. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. También me considero una Geek, amante de la tecnología los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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