¿Votar o no votar es ya una cuestión?





Se avecinan elecciones y un ciudadano, políticamente desinteresado e inoperante, estaba leyendo una biografía de Churchill cuando sus consideraciones sobre la democracia, de los sistemas políticos, el menor de los males despertaron en él ideas que le apetece compartir.





En la democracia el pueblo confiere a través de su voto un mandato representativo a los partidos políticos que, con diferentes idearios y sus militantes, la estructuran.

Considero-a lo que juzgo con la «historia» a confirmarlo – que el vaciamiento de la fuerza vinculante de la voluntad popular crea sistemas políticos en los que una minoría, un único partido o un dictador acaba – dado el pendiente del ser humano en la valorización de sus propios propios intereses – por perjudicar a la mayoría, sin fácil viabilidad de cambio.

Defendamos, pues, la democracia votando, una vez que votar es su principio actuante y fundamental. Radicando su supremacía en la circunstancia de la apreciación de un pueblo encontrar a lo que a este importa, todos tenemos que votar.

Si no lo hacemos, todo estará estropeado: las votaciones de los militantes -porque enhebrados- se debatirán sin la corrección postulada por el sentido común del pueblo.

Por lo tanto, es imprescindible que votemos, ya que la esperanza causal de las decisiones acordes con la superioridad de la democracia (sobre los demás sistemas) depende de una votación pesadamente mayoritaria.

Como bien sabemos, este indeclinable deber sufre a menudo violación.





¿Se percibe que (si los partidos no persiguen el interés nacional) surja una duda poderosa que conduce a la abstención ya la votación en blanco y que aparentemente las justifica?

De error. La apariencia no las legitima, tanto por olvidar, con grave daño, una función esencial a la vivencia en sociedad, como también por otra circunstancia a la que no se presta la debida atención.

El hipotético comportamiento criticado, cuya única improbable ventaja sería contribuir a la creación de un partido más decente, acaba por traducirse en una suerte de voto indirecto y desconocido, en la medida en que, en la liquidación de la votación, se beneficia uno de los partidos competidores …

Votar acertadamente se vuelve cada vez más difícil. Los medios de comunicación social, que crecen en variedad y preponderancia, no siempre cuentan la verdad. Infestados por falsas noticias, se dejan a veces contaminar por los intentos manipuladores del control de la democracia en beneficio de quien manda en el mundo.

¿Y entonces?

Estamos confinados a abrir los ojos, con pensamiento crítico, ya votar, eligiendo -si ninguno de los partidos nos agradan – el menor de los males.

A.Cruz Gomes es Abogado

Nacho Vega

Nacho Vega. Nací en Cuba pero resido en España desde muy pequeñito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interesé por el periodismo y la información digital, campos a los que me he dedicado íntegramente durante los últimos 7 años. Encargado de información política y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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