Viendo Portugal en la tele





Durante unos d√≠as, los televisores apenas hablaron de otra cosa. En Atouguia da Baleia, cerca de Peniche, un ni√Īo de 9 a√Īos desapareci√≥ de la casa de su padre y su madrastra. Estos, cuando notaron que estaban desaparecidos, informaron a la polic√≠a, y durante m√°s de 48 horas, la polic√≠a y los vecinos del ni√Īo no habr√°n escatimado esfuerzos en la b√ļsqueda de la persona desaparecida.





Después de todo, todos garantizaban que el padre y la hija se adoraban, y que ni siquiera podían imaginar el grado de sufrimiento del primero, solo podían ayudar a encontrar el segundo. Hasta que, al tercer día, se descubrió que el padre finalmente había matado a su hija y había simulado su desaparición en un intento infructuoso de ocultar el crimen cometido.

Al d√≠a siguiente, cuando el padre y la madrastra fueron llevados a los tribunales, una peque√Īa multitud se reuni√≥ en las cercan√≠as del edificio. que r√°pidamente tendr√≠an el mismo destino que el ni√Īo.

Un hombre de mediana edad, un presunto padre de familia y la joya de un joven, llegó a lamentarse ante un periodista por el triste hecho de que la policía estaba allí para proteger a los delincuentes, en lugar de dejar que la población resolviera el problema de un considerablemente más rápido que la lenta justicia portuguesa.

Ciertas almas pronto revelaron en los disturbios la rebeli√≥n comprensible de las personas que se sintieron enga√Īadas por el asesino que las hizo sentir pena por √©l al pretender ser un padre desolado con la desaparici√≥n del ni√Īo. Otros los vieron, como era de esperar, como una simple manifestaci√≥n de la barbarie t√≠pica de los pobres y sin educaci√≥n, de quienes err√≥neamente se creen distantes.

En realidad, la explicaci√≥n es diferente: los gritos y las amenazas del ¬ępueblo¬Ľ de Atouguia da Baleia emanan de la circunstancia de que sus autores no se sienten representados por las instituciones del Estado portugu√©s.

El problema no se limita a una mera desconfianza de la justicia, que ¬ęlibera¬Ľ a los delincuentes de diversos tipos y ¬ępersigue¬Ľ a personas inocentes, lo que lleva a las ¬ępersonas populares¬Ľ a querer hacer justicia por sus propias manos o votar por un portavoz para un Club de Deportes. Si ese fuera el caso, el aplauso ya olvidado para ¬ęManel Palito¬Ľ, un criminal que tuvo la suerte de tener el cutis correcto y golpear a las mujeres en lugar de a los ni√Īos, no habr√≠a ocurrido.





Por el contrario, estas reacciones aparentemente incompatibles de dos grupos del ¬ępueblo¬Ľ de las que le gusta hablar al Presidente de la Rep√ļblica son, precisamente, manifestaciones de animosidad popular hacia las instituciones que deber√≠an hablar en su nombre, pero que no se identifican como propias. representantes.

La ¬ęgente¬Ľ no siente que ¬ęellos¬Ľ – ¬ęlos pol√≠ticos¬Ľ, los tribunales, la polic√≠a, la Administraci√≥n P√ļblica – desempe√Īen el papel que se les debe asignar, velando por el bien p√ļblico y buscando servir al ciudadano com√ļn de acuerdo con sus necesidades.

Con o sin raz√≥n, los ¬ępopulares¬Ľ piensan que ¬ęellos¬Ľ solo est√°n ¬ęall√≠¬Ľ para hacer ¬ęlo que es bueno¬Ľ para ¬ęellos¬Ľ. Y como tales, ven las leyes que redactan ¬ęlos pol√≠ticos¬Ľ, que ejecuta la Administraci√≥n P√ļblica, que los polic√≠as protegen y que los tribunales aplican como imposiciones injustas o fantas√≠as irrelevantes, ignoradas por los autores que ¬ęest√°n por encima¬Ľ de ellas y, como tales, merecen solo el desprecio, y si es posible, la infracci√≥n, de quienes est√°n sujetos a ellos.

El pueblo ¬ępopular¬Ľ de Atouguia no reproch√≥ al asesino ni a las autoridades que se ocuparon de su seguridad porque no cre√≠an que el sistema de justicia de esas mismas autoridades sea capaz de tomar la decisi√≥n ¬ęcorrecta¬Ľ. Lo hicieron porque no les dan a estas autoridades la legitimidad para tomar esa decisi√≥n, en ning√ļn sentido. Debido a que no se sienten representados por las instituciones representativas ¬ęde este pa√≠s¬Ľ, sienten que la √ļnica ¬ęjusticia¬Ľ es la de su propio juicio y ejecuci√≥n.

Al insultar al presunto asesino y al lamentar que la polic√≠a no les permitiera darle al hombre el castigo b√≠blico al que deseaban someterlo, estaban aplicando la √ļnica pena que pod√≠an imponerle. M√°s que linchar realmente al criminal, lo que ¬ęla gente¬Ľ de Atouguia realmente quer√≠a era mostrar p√ļblicamente la intenci√≥n, m√°s o menos performativa, de lincharlo, y con esta exhibici√≥n p√ļblica condenarlo al linchamiento figurativo, y a trav√©s de eso El ritual expiatorio logra una catarsis por s√≠ mismos.

Nada que sorprenda a cualquiera que haya visto algo westerns o saber algo sobre historia. El siglo XIX no est√° tan lejos de nosotros, y en ese momento todav√≠a era com√ļn ver un ahorcamiento u otra forma de ejecuci√≥n como un espect√°culo, al que ¬ęlas masas¬Ľ acudieron no solo para experimentar las emociones de ver a alguien perder el cuello. pero tambi√©n (cuando no sobre todo) insultar y humillar al condenado, recurriendo a s√≠ mismo el poder de castigarlo, evitando que sea una autoridad exclusiva.

Y no es casualidad que estas fueran las costumbres de las sociedades en las que los reg√≠menes representativos eran inexistentes o sin barba y excesivamente imperfectos. Como la ¬ęjusticia¬Ľ de las autoridades era solo ¬ęsuya¬Ľ, y ¬ęellos¬Ľ no representaban al ¬ępueblo¬Ľ con entusiasmo, el ¬ępueblo¬Ľ estaba a cargo de llevar a cabo la forma de ¬ęjusticia¬Ľ a su alcance. A veces era el asesinato ¬ętumultuoso¬Ľ, otras veces era solo el escupir o el grito del ¬ęasesino¬Ľ. Sea lo que sea, fue el resultado de la separaci√≥n, m√°s o menos completa, entre aquellos que ten√≠an el poder formal de ¬ęhacer justicia¬Ľ y aquellos que, al no tenerlo, sent√≠an la necesidad de tenerlo. Hoy las cosas no son muy diferentes.

Sigue siendo que, al contrario de lo que uno podr√≠a pensar, este sentimiento de fracaso de la representaci√≥n institucional de los ciudadanos no se limita a la mafia de Atouguia o los fan√°ticos de un fugitivo. Ella est√° presente (y mucho) en √©xtasis con el ¬ęPresidente de afectos¬Ľ en oposici√≥n a ¬ęlos pol√≠ticos¬Ľ del Gobierno (que ¬ęsolo quieren ollas¬Ľ) y la Asamblea (que ¬ęno hacen nada¬Ľ).

Est√° presente en las conversaciones de caf√©, en Facebook y Twitter. Est√° presente en los delirios que quien piensa que ¬ęesto¬Ľ (qu√© ¬ęesto¬Ľ cambia d√≠a a d√≠a, y nunca es realmente importante) es ¬ętodo un esquema de ellos¬Ľ (siempre ¬ęellos¬Ľ) para ¬ęllenar¬Ľ (de lo cual es de poca relevancia).

Est√° presente en los entusiasmos portugueses con el primer presidente naranja de los Estados Unidos, o en la defensa m√°s o menos (cada vez menos) avergonzado de otras tiran√≠as similares. Est√° presente en la transferencia de votos del ¬ęarco de gobierno¬Ľ a peque√Īos partidos de protesta, demag√≥gicos, populistas, autoritarios o incluso encomiables. Y est√° presente (y mucho) en el creciente n√ļmero de personas que prefieren no votar en absoluto.

Los discursos circunstanciales tienden a condenar el fen√≥meno y apelar a las ¬ępersonas¬Ľ para que no contribuyan a √©l. Cometen el error de pensar que, solo porque muchas de las ¬ęsoluciones¬Ľ que las ¬ępersonas¬Ľ ven en las decisiones que toman no son ¬ęsoluciones¬Ľ en absoluto, la ¬ęculpa¬Ľ de esta crisis de representaci√≥n es de ellos, que tienen el descaro de no confiar en un cualquiera de nuestros pastores temporales. No se les ocurre (ni puede suceder, bajo pena de toda su carrera y de perder el sentido de la vida) que la ¬ęculpa¬Ľ, si la hay, recae en los ¬ęrepresentantes¬Ľ que no hacen que los ¬ęrepresentados¬Ľ se sientan como uno. Mientras este sea el caso, no ser√°n discursos piadosos para resolver el problema. Por el contrario, solo lo empeorar√°n.

El autor escribe seg√ļn la antigua ortograf√≠a.

Ana Gomez

Ana G√≥mez. Naci√≥ en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios a√Īos. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. Tambi√©n me considero una Geek, amante de la tecnolog√≠a los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *