Venezolano ve frustrada migración a EE. UU. después de drama con su hija en un bosque implacable





En la oscuridad, la ni√Īa llam√≥ a su madre, su silueta iluminada por la luna. Los dos hab√≠an salido de su casa en Venezuela una semana antes, con destino a Estados Unidos. Sin embargo, para llegar all√≠, tendr√≠an que cruzar una selva brutal llamada Dari√©n.





Pero en el caos del viaje, el ni√Īo perdi√≥ a su madre. Para calmar su miedo, Sarah Cuauro, de 6 a√Īos, comenz√≥ a cantar. ¬ęLa gloria de Dios, gigantesca y santa¬Ľ, susurr√≥ entre l√°grimas. ¬ęMe lleva en sus brazos¬Ľ.

Una combinación devastadora de las consecuencias de la pandemia, la crisis climática, la escalada de conflictos y el aumento de la inflación está provocando un cambio sísmico en la migración global. La ONU dice que ahora hay al menos 103 millones de personas desplazadas por la fuerza en todo el mundo.

En pocos lugares este cambio es m√°s evidente que en el llamado Tamp√≥n de Dari√©n, un istmo (puente terrestre) hostil, escasamente poblado y sin caminos que une Am√©rica del Sur y Am√©rica Central. Durante d√©cadas se consider√≥ tan peligroso que solo unos pocos miles se atrev√≠an a cruzarlo cada a√Īo. Hoy, hay un atasco de tr√°fico all√≠.

Desde enero, al menos 215.000 personas han viajado por Dari√©n, el doble que el a√Īo pasado y casi 20 veces el promedio anual entre 2010 y 2020.

La avalancha de migrantes est√° alimentando un problema pol√≠tico creciente en EE. UU., donde 2,3 millones de personas han sido detenidas en la frontera sur este a√Īo, un aumento sin precedentes que ejerce una intensa presi√≥n sobre el presidente Joe Biden para detener el flujo.

Los migrantes que cruzan el Dari√©n son en su mayor√≠a venezolanos, muchos desgastados por a√Īos de calamidad econ√≥mica bajo un gobierno autoritario. Al menos 33.000 de las personas que realizaron el viaje este a√Īo son ni√Īos.

Algunos inmigrantes provienen de familias extremadamente pobres. Pero muchos, como Sarah y su madre, Dayry Alexandra Cuauro, de 36 a√Īos, abogada, alguna vez fueron de clase media y ahora, desesperados por la ruina financiera de su pa√≠s, han decidido arriesgar sus vidas en la selva. Cuauro sali√≥ de Venezuela con su hija en autob√ļs, llev√°ndose pasaportes, US$820 (R$4.384) en efectivo y una bendici√≥n de su madre.

Para comprender el viaje, dos periodistas del New York Times recorrieron los 110 kilómetros de la ruta del Darién en septiembre y octubre, entrevistando a migrantes, guías, policías, líderes comunitarios y trabajadores humanitarios.

La ruta comenz√≥ en un pueblo costero de Colombia, pas√≥ por granjas y comunidades ind√≠genas, atraves√≥ una monta√Īa agotadora llamada Cerro de la Muerte y luego serpente√≥ a lo largo de varios r√≠os antes de llegar a un campamento del gobierno en Panam√°.

el viaje comienza

La selva del Darién fue una vez una de las selvas tropicales más vírgenes del mundo. Algunas partes eran tan inaccesibles que cuando los ingenieros construyeron la Carretera Panamericana en la década de 1930, que une Alaska con Argentina, solo quedó sin terminar una sección importante: un tramo sin caminos de unos 100 km llamado Darién Cap.

Hoy, la ruta m√°s com√ļn por la regi√≥n comienza en la ciudad colombiana de Capurgan√°, donde Sarah y su madre descendieron de lanchas r√°pidas que anuncian ¬ęturismo responsable¬Ľ a un muelle lleno de gente. Hombres de una cooperativa reci√©n formada llamada Asotracap llevaron al grupo a un complejo amurallado, donde explicaron que los migrantes tendr√≠an gu√≠as que los llevar√≠an durante los primeros d√≠as en la selva por una tarifa de US$50 (R$267) a US$150. (R$ $ 802) por persona.

Sarah y su madre estaban en un grupo con otras nueve personas. Juntos entregaron m√°s de US$ 1.200 (R$ 6.422).

Fueron tomados en media docena de cerros en una parte de la selva habitada por peque√Īas comunidades. El segundo d√≠a del viaje, Sarah y su madre pasaron junto a un grupo de √°rboles que escond√≠an un cuerpo en descomposici√≥n en una tienda de campa√Īa. En el tercero, llegaron a un r√≠o, donde los lugare√Īos cobraban US$10 (R$53) por una traves√≠a en bote de 90 segundos. En el cuarto, acamparon en un pueblo cuyos habitantes cercaron el lugar con alambre, cobrando US$ 20 (R$ 106) por persona para salir.

A la ma√Īana siguiente, justo antes de llegar a la imponente monta√Īa fangosa conocida como Death Hill, los dos se perdieron.

El rompimiento

La madre le hab√≠a pedido a un amigo que hab√≠a hecho en el viaje, √Āngel Garc√≠a, de 42 a√Īos, que la ayudara a cargar a la ni√Īa. Cuando salieron de Capurgan√°, las botas de Cuauro hab√≠an comenzado a rasparle la piel y sus pies estaban tan llenos de ampollas y pus que apenas pod√≠a caminar.

Garc√≠a, que hab√≠a dejado a su hijo de 6 a√Īos en su casa en Colombia, carg√≥ a Sarah sobre sus hombros, mirando constantemente hacia atr√°s en busca de su madre. Finalmente, se dio la vuelta y ella se hab√≠a ido.

Esa noche, Sarah durmi√≥ en una tienda de campa√Īa con Garc√≠a y dos de sus amigos. Los hombres la mimaron pero parec√≠an aterrorizados por su nueva responsabilidad. No ten√≠an idea de d√≥nde estaba la madre de Sarah o si estaba herida, o algo peor.

Ten√≠an muy poco para comer y varios d√≠as m√°s de caminata. Necesitaban llevar a Sarah lo m√°s r√°pido posible hasta el final de la ruta, donde cre√≠an que habr√≠a autoridades que podr√≠an ayudarla. Doblaron la tienda. ¬ę¬ŅY mi madre?¬Ľ, pregunt√≥ la ni√Īa. ¬ęNos encontraremos con ella en el camino¬Ľ, respondi√≥ Garc√≠a.

momento de alegría

En el octavo d√≠a de caminata por la selva, Sarah y Garc√≠a llegaron a un campamento en un pueblo que era la pen√ļltima parada en el Dari√©n.

Las autoridades paname√Īas establecieron un puesto de control migratorio en un esfuerzo por contar la cantidad de personas que cruzan el bosque. Separaron a Sarah de Garc√≠a y la pusieron en un cuarto trasero con otros ni√Īos que tambi√©n hab√≠an perdido a sus padres.

Sarah había estado separada de su madre durante tres días. Pasaron las horas.

Y entonces, de repente, apareció Cuauro, entrando corriendo en la habitación. Todo el tiempo había llegado solo unas pocas horas tarde, tratando desesperadamente de ponerse al día.

La alegría, sin embargo, duró poco. Como muchos venezolanos, Cuauro se fue creyendo que si lograba atravesar la jungla y atravesar Centroamérica y México, Estados Unidos la dejaría entrar.

Dado que Washington no tiene relaciones diplom√°ticas con Caracas, no ten√≠a forma de deportar a los venezolanos a casa. Y en los √ļltimos meses, EE. UU. ha permitido que miles ingresen al pa√≠s y soliciten asilo. Se corri√≥ la voz r√°pidamente, lo que ayud√≥ a impulsar una ola masiva hacia la frontera. Ahora, sin embargo, la administraci√≥n Biden est√° luchando por resolver una crisis humanitaria y pol√≠tica cada vez mayor.

Sarah y su madre partieron del Darién el 10 de octubre. Dos días después, el Departamento de Seguridad Nacional anunció que a los venezolanos que llegaran a la frontera sur de EE. UU. ya no se les permitiría ingresar al país.

En cambio, citando una orden de salud pand√©mica de la administraci√≥n de Donald Trump, los funcionarios dijeron que los migrantes ser√≠an enviados de regreso a M√©xico. Al mismo tiempo, una peque√Īa cantidad de venezolanos, 24.000 personas, tendr√≠an entrada legal si presentaran su solicitud desde el extranjero y tuvieran un patrocinador estadounidense.

Los patrocinadores deben ser ciudadanos estadounidenses o cumplir con otros requisitos de residencia y demostrar la capacidad de apoyar financieramente a un inmigrante por hasta dos a√Īos.

Cuauro estaba devastado. No tenía patrocinador y había gastado todo su dinero. Terminó en un albergue en Honduras con su hija y una decena de migrantes venezolanos más. Allí, esperó a que la familia ahorrara suficiente dinero para comprar boletos de regreso a casa.

Una hermana suya había llegado a Florida meses antes después de entregarse en la frontera y dijo que estaba corriendo para encontrar a alguien que la patrocinara en el programa de nuevos ingresos antes de que se llenaran todos los lugares.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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