Una rara visita a la ciudad uigur en China revela una población perseguida pero resistente





Las sinuosas y bulliciosas calles de Yarkand, una ciudad antigua en la Ruta de la Seda, preservan los niveles de vida que se remontan a siglos.





En una ma√Īana reciente, se levant√≥ humo de cordero a la parrilla y hornos forrados con pan de pita. Los ruidos proven√≠an de un herrero que estaba moldeando cuencos con un martillo. Sonidos de un conducto, la√ļd de dos cuerdas, flotaban desde una tienda tradicional de instrumentos musicales. En una casa de t√© con poca luz, los ancianos con sombreros musulmanes charlaban en murmullos.

Situado al borde del desierto de Taklamakan, Yarkand sigue siendo una cuna cultural para los uigures, una minoría musulmana mayoritaria en la región occidental de Xinjiang de China. Pero su forma de vida está bajo una intensa presión.

Los uigures se han enfrentado a una campa√Īa integral durante tres a√Īos para convertirlos en seguidores obedientes del Partido Comunista, debilitar su compromiso con el Islam y transferirlos de las granjas a las f√°bricas.

Las aldeas y ciudades de Xinjiang est√°n rodeadas de grandes puestos de control policiales, que utilizan esc√°neres de reconocimiento facial para registrar a las personas que van y vienen.

Un millón o más de uigures han sido enviados a campos de adoctrinamiento desde 2017. Yarkand ha sido eliminado por estos arrestos.

En 2018, esta ciudad de aproximadamente 200,000 personas fue efectivamente cerrada para periodistas extranjeros, con puestos de control policiales que bloquearon las entradas. Sin embargo, desde el a√Īo pasado, las autoridades de Xinjiang han aflojado un poco el control y logramos ingresar.





Nuestra visita revel√≥ una ciudad marcada por levantamientos recientes. Las excavadoras est√°n derribando casas en la ciudad vieja, condenadas como ¬ęviviendas¬Ľ, para dar paso a nuevos vecindarios.

Sin embargo, los uigures allí también parecían resistentes. Se aferran a los hábitos arraigados de su historia como granjeros, comerciantes y musulmanes que viven al borde de los desiertos.

Llegamos a Yarkand en un tren matutino desde Hotan, un peque√Īo pueblo a 280 kil√≥metros de distancia. Despu√©s de algunas negociaciones y llamadas telef√≥nicas, un oficial de polic√≠a y un oficial de propaganda que se apresuraron a la estaci√≥n nos permitieron visitar, siempre y cuando acordamos tomar un tren esa noche a Kashgar, la siguiente ciudad en nuestro viaje para ver c√≥mo La regi√≥n de Xinjiang estaba cambiando.

Un corto viaje en taxi nos llevó al viejo Yarkand, cuando las tiendas y los restaurantes comenzaban a animarse. Fuimos monitoreados constantemente por oficiales vestidos de civil y conversaciones limitadas con los residentes para breves diálogos, temiendo que pudieran causar problemas.

Yarkand todavía ofrece vislumbres de sus antiguos esplendores. La calle principal de la antigua zona comercial está salpicada de casas mercantes descoloridas y agrietadas. Sus balaustradas de madera y techos de yeso están decorados con patrones florales en espiral, que recuerdan la historia de la ciudad como una parada en las rutas comerciales que cruzan China, Asia Central y más allá.

El municipio era la capital de una dinast√≠a isl√°mica, el Canado de Yarkand, que dur√≥ dos siglos a partir de 1514. Los uigures atribuyen a Canado la mejora de un conjunto venerado de actuaciones musicales, los Doce Muqam. Las tumbas del khan (¬ęl√≠der tribal¬Ľ en mongol y turco) est√°n en un gran cementerio aqu√≠.

En la calle comercial principal, grupos de mujeres con vestidos brillantes paseaban por las tiendas que vend√≠an ropa para ni√Īos o debat√≠an sobre bandejas brillantes de collares y anillos en soportes de joyas. Los resistentes portadores de la tienda colocaron montones de d√°tiles y pasas o sanzi, un bocadillo de masa frita.

En este viaje por el sur de Xinjiang, los lugares que visitamos en las profundidades de la represión en 2017 y 2018 parecían más ocupados y más concurridos ahora, lo que sugiere que las restricciones a los residentes se habían aliviado un poco.

Los puestos de control policial en pueblos y ciudades se han vuelto menos estrictos en el √ļltimo a√Īo, y es m√°s f√°cil moverse. En los bazares, m√°s caras ten√≠an los rasgos endurecidos por la √©poca de los agricultores, lo que sugiere que hoy es m√°s f√°cil venir de las aldeas.

Las razones de estos cambios no están claras, y los funcionarios no ofrecieron explicaciones. El gobierno puede haberse sentido más seguro después de detener a tanta gente. O puede haber sentido que necesitaba aliviar un poco el control porque las restricciones estaban sofocando la economía local y el turismo y provocando la condena internacional.

Aun as√≠, Yarkand sigue obligado por la seguridad. Las barandillas de metal involucraban muchas tiendas. Los cuchillos de los cocineros fueron encadenados a los bancos, como lo requieren las normas policiales, para evitar posibles pu√Īaladas.

El gobierno espera que la seguridad traiga a los turistas de regreso, y Yarkand ha transformado un palacio de khan reconstruido con elegancia en una atracción llamativa que también sirve como escenario de cine y televisión.

¬ęCultura china, expresi√≥n china¬Ľ, dice un cartel en la entrada del edificio. En el interior, los visitantes son recibidos por un retrato de Xi Jinping, l√≠der del Partido Comunista, saludando contra un fondo que presenta modernos edificios de apartamentos.

Algunas se√Īales de cambio en Yarkand desde la represi√≥n son sutiles. En un parque polvoriento, seis barberos manipularon navajas de afeitar, raspando los bigotes de los hombres, gru√Īendo ocasionalmente para que el cliente permaneciera inm√≥vil o inclinara la cabeza.

No hace mucho tiempo, los barberos eran menos buscados. A partir de la década de 1990, el sur de Xinjiang experimentó un resurgimiento islámico. Los hombres más jóvenes usaban sombreros y barbas musulmanes, mientras que más mujeres comenzaron a usar gorras gruesas y vestidos largos comunes en el Medio Oriente para demostrar piedad islámica.

El gobierno culp√≥ a este resurgimiento de la religi√≥n por la creciente resistencia √©tnica y violencia, incluido un enfrentamiento en Yarkand en 2014, cuando los uigures con hachas y cuchillos atacaron una oficina del gobierno y una estaci√≥n de polic√≠a y mataron a 37 personas, seg√ļn informes oficiales.

Hoy, las manifestaciones de la fe isl√°mica pr√°cticamente han desaparecido de Yarkand y de todo Xinjiang, luego de arrestos masivos y una ola de prohibiciones. La mayor√≠a de las mujeres usaban pa√Īuelos modestos o ninguno; solo unos pocos viejos ten√≠an barba. Las mezquitas parec√≠an cerradas o pr√°cticamente vac√≠as, incluso durante las horas de oraci√≥n. Observar el Ramad√°n se desaconseja oficialmente.

Cuando nos detuvimos afuera de la mezquita de Juma, un hombre sali√≥ corriendo y nos ahuyent√≥. ¬ęAma la fiesta, ama el pa√≠s¬Ľ, dec√≠a una pancarta sobre la entrada. Este mensaje se repiti√≥ frente a otras mezquitas en Xinjiang.

Sin embargo, no todas las tradiciones han desaparecido. En medio de los escombros de un edificio demolido, los residentes compraron ovejas para Eid al-Adha, el Festival del Sacrificio, llamado Corban por los uigures. Examinaron de cerca la variedad local del animal, con sus nalgas extravagantemente regordetas, y abrieron sus mandíbulas para revisar su boca. Las ovejas serían asesinadas y compartidas durante los días de fiesta.

Los restaurantes en el viejo Yarkand eran un zumbido de familias multigeneracionales reunidas alrededor de porciones de pasta, samsa, alb√≥ndigas picadas y sopa de cordero. Las placas en las paredes hicieron eco del llamado del gobierno a la unidad √©tnica. ¬ęTodos los grupos √©tnicos deben unirse tan estrechamente como las semillas de granada¬Ľ, dec√≠a un cartel que se ve en la mayor√≠a de las tiendas.

En un caf√© subterr√°neo, las mujeres uigures de unos veinte a√Īos, con gafas de sol, jeans y faldas brillantes, charlaban mientras tomaban un refresco. Una mujer estaba sentada junto a un hombre peque√Īo y viejo con barba blanca, tal vez su abuelo, ofreci√©ndole bolas de helado.

Los miembros de la mayor√≠a china Han eran una vista inusual. Yarkand tiene m√°s del 90% de uigures, aunque la cultura y el idioma chinos se est√°n extendiendo. Una ni√Īa pas√≥ por la parte trasera de una bicicleta el√©ctrica, sosteniendo un libro para aprender chino, el idioma escolar para los ni√Īos uigures de hoy.

Mientras camin√°bamos, nos preguntamos si los transe√ļntes podr√≠an ser detenidos en el campo o en las c√°rceles de adoctrinamiento. Vimos a j√≥venes absortos en un juego de loter√≠a en la calle, gritando o haciendo muecas por los resultados. Solo pod√≠amos adivinar cu√°ntos hombres m√°s habr√≠a antes de la ola de arrestos.

Los registros gubernamentales de seis aldeas en la zona rural de Yarkand en 2018 mostraron que casi el 16% de los 3.249 adultos incluidos en la lista estaban recluidos en campos de adoctrinamiento, c√°rceles o centros de detenci√≥n criminal, seg√ļn Adrian Zenz, un investigador alem√°n que estudi√≥ Xinjiang en un informe reciente.

Cerca de la estación de tren, un campo de adoctrinamiento parecía vacío; el cordón habitual de guardias se había ido. El gobierno dijo que los campos en Xinjiang se están reduciendo. Pero los más grandes que intentamos visitar en el sur del estado todavía estaban bajo una fuerte guardia, lo que sugiere que todavía están en funcionamiento.

Old Yarkand puede no sobrevivir mucho m√°s tiempo. ¬ęLleve la renovaci√≥n hasta el final¬Ľ, dec√≠a un eslogan pintado en casas destruidas, esperando ser demolido.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *