¬ŅUna nueva guerra fr√≠a?





Durante los casi 50 a√Īos que siguieron al final de la Segunda Guerra Mundial, el mundo vivi√≥ bajo la amenaza de la guerra fr√≠a. Un mundo bipolar, dividido en torno a las dos superpotencias que emergen del conflicto, que mantuvieron la paz mundial en nombre de un miedo mutuo a la destrucci√≥n at√≥mica del planeta. Este estaba a salvo de un conflicto directo entre los EE. UU. Y la antigua URSS, pero no se libr√≥ de varias guerras por correspondencia, que casi siempre ocurrieron en las periferias y en las que los contendientes reales encontraron a qui√©n manipular y a qui√©n utilizar para defender sus intereses.





Fue, a pesar de todo, medio siglo de cierta estabilidad. Todos sabían quién era quién, quién actuaba en nombre de quién y qué áreas de influencia tenían cada uno. Los verdaderos peligros para la paz mundial solo ocurrieron realmente cuando uno de los jugadores intentó cambiar ese orden, esa estabilidad, esa normalidad. Si se respetara todo esto, se mantendría la paz mundial, con la excepción de los conflictos marginales que ocasionalmente estallaron en áreas marginales.

En 1991 todo cambi√≥. El presidente George Bush (padre) declar√≥ la guerra fr√≠a extinta tras la implosi√≥n del imperio sovi√©tico y la ca√≠da del muro de Berl√≠n, y no faltaron personas que proclamaron (err√≥neamente) el fin de la historia. Lo cierto es que, desde ese momento, el mundo ha conocido una y √ļnica superpotencia, con capacidad en pr√°cticamente todos los dominios para superar a todos aquellos que se atreven a enfrentarlo.

El orden internacional se convirti√≥ en un orden no unipolar pero unimultipolar, con una superpotencia global y un conjunto de peque√Īas potencias que no pod√≠an aspirar a m√°s que simples l√≠deres regionales, dado el tama√Īo del poder norteamericano. Rusia fue, a este respecto, quiz√°s el caso m√°s paradigm√°tico. De una superpotencia global en el mundo de la guerra fr√≠a, se ha reducido a la categor√≠a de poder regional que, de vez en cuando, anhela alg√ļn papel e intenta establecer posiciones en √°reas m√°s o menos distantes de sus fronteras, que la actual guerra siria no. Es m√°s que el √ļltimo ejemplo.

Mientras tanto, lenta pero gradualmente, estamos presenciando el surgimiento, especialmente econ√≥mico, de la Rep√ļblica Popular de China, que es la √ļnica que, en este momento y por parad√≥jico que parezca, logra enfrentar a los Estados Unidos. Y desafiar a Washington en lo que, no hace muchos a√Īos, habr√≠a sido la m√°s improbable de las √°reas donde esto podr√≠a suceder: el dominio econ√≥mico. No militarmente, ni pol√≠ticamente, ni financieramente, ni cient√≠ficamente, sino econ√≥micamente.

China posee una parte significativa de la deuda externa de los Estados Unidos. Lo cual, desde el principio, sirve como una restricción para la relación entre ambos Estados. Además, como resultado de una visión a muy largo plazo, esa misma China también posee créditos en terceros países que exceden la suma de los otorgados por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Por otro lado, no es casualidad que la abrumadora mayoría de estos créditos les deba a los estados africanos una inmensa riqueza natural como deudores.

Del mismo modo, mirando el mapa de inversiones extranjeras realizadas por las principales empresas chinas, nos enfrentamos con el Reino Unido como el principal receptor de estas mismas inversiones. Poco a poco, China super√≥ su antiguo muro y lleg√≥ a Occidente para enfrentarse a los occidentales en su propio terreno. Si a√ļn no has ganado el juego, est√°s anotando sistem√°tica y consistentemente.





La prueba nos la da, una vez m√°s, Washington. Cuando el err√°tico Trump, que lleg√≥ a la Casa Blanca con China, Rusia, Corea del Norte e Ir√°n como ¬ęenemigos¬Ľ, se siente amenazado por Beijing, el arma que utiliza sistem√°ticamente son las sanciones comerciales. Saben bien que es el terreno donde, actualmente, m√°s profundamente y con mayor fuerza puede atacar al √ļnico poder que, aunque todav√≠a no es una superpotencia, es el √ļnico que tiene los medios para disputar su primac√≠a y supremac√≠a econ√≥mica en el mundo.

El tristemente famoso caso de la pandemia y la crisis planetaria que estamos atravesando puede ser, a esta luz, otro ejemplo y una oportunidad para, en el clima de acusaciones y recriminaciones mutuas que se intercambian entre los Estados Unidos y la Rep√ļblica Popular de China, cada uno fija o define sus √°reas de influencia econ√≥mica, en una distribuci√≥n m√°s o menos clara de √°reas espec√≠ficas de inter√©s.

Si es así, podemos estar al comienzo de una nueva era a nivel internacional, con una competencia feroz y competitiva entre una superpotencia planetaria y una potencia regional que quiere utilizar su poder económico para sedimentar sus intereses y expandir sus ambiciones.

Salvaguardando la distancia y las proporciones necesarias, no estaremos lejos del clima de una nueva guerra fría, con una tendencia y tendencia predominantemente económica, donde no faltarán las amenazas y provocaciones chino-estadounidenses, las crisis económicas y financieras en las áreas periféricas y los mercados. , pero donde habrá tranquilidad y reinado mientras ambos contendientes sepan cómo respetar sus propios límites y sus áreas de influencia.

Ana Gomez

Ana G√≥mez. Naci√≥ en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios a√Īos. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. Tambi√©n me considero una Geek, amante de la tecnolog√≠a los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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