Un Presupuesto que no debe ser analizado “en caliente”





Presentados públicamente en el momento oportuno, los Presupuestos Generales del Estado para 2023 se basan, según el Gobierno, en principios fundamentales como el reposicionamiento de la participación de los salarios en el PIB, el fomento de la inversión y la competitividad de las empresas, la reducción del peso de la deuda pública y la mitigación de los graves efectos del incremento del “coste de la energía”.





De hecho, es un documento muy cauteloso, repartiendo “lo que sea suficiente” (por regla general insuficiente) y fuertemente anclado en el acuerdo plurianual concluido en la consulta social (como es tradición, la CGTP se autoexcluyó). De hecho, una victoria política para un gobierno que mostraba signos de desgaste.

Eso sí, es normal que, de inmediato, surgieran críticas de las distintas oposiciones, de izquierda por motivos más relacionados con la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores y la insuficiencia de los servicios públicos, y de derecha por motivos más relacionados con la falta de visión reformista (que fomente las bases del crecimiento económico y una mayor productividad) y en particular el exceso de carga tributaria.

Incluso pueden ser críticos con su razón de ser, pero también cabe señalar que los Presupuestos incluyen un conjunto diverso de medidas individualmente con poco impacto (salvo la inyección de tres mil millones de euros para hacer frente a los costes energéticos, en particular para las empresas) , pero que tocan varios dominios en los que también se incluyen algunas desgravaciones y cautelosos beneficios fiscales dirigidos a familias y empresas, así como diversos apoyos sociales que no son desdeñables, además, en particular, de algunos focos en la capitalización de empresas y la constitución de sociedades actualizaciones salariales implícitas en el convenio en el ámbito de la consulta social, que abarca un horizonte de cuatro años.

Ahora bien, dado que el Presupuesto está “anclado” en este acuerdo plurianual –hecho que da una percepción de mayor estabilidad y confianza–, no sorprende el impacto que tuvo el anunciado y mencionado paquete de inyección en el “sistema eléctrico”. sobre empresarios.

Sin embargo, considero útil, a efectos analíticos, retrotraerme unos días, precisamente cuando se anunció el ansiado –y presionado– escenario macroeconómico, en cuyo contexto se planteó un –incierto– supuesto de inflación promedio en torno a 4 %, una ralentización del crecimiento del 1,3% (cuando las previsiones en otros países europeos se acercan al umbral de la recesión), una apuesta por la inversión frente al consumo privado y, finalmente –diré como piedra angular de la política económica en un contexto de incertidumbre–, un déficit en las cuentas públicas de apenas 0,9%.

Consecuencia de una política de consolidación presupuestaria que ha venido cautelosamente desde atrás, pero que no resiste el cuestionamiento sobre el carácter meramente coyuntural o más sostenido de los caminos que la han conducido.





Si del lado de la izquierda parlamentaria se señala el déficit con una efectiva obsesión que impide el mejor funcionamiento de los servicios públicos, la satisfacción de las necesidades sociales y la compensación del poder adquisitivo mientras tanto perdido por las familias, del lado de la derecha política (aunque con heterogeneidad de pensamientos) se enfatizó desde un inicio que los pronósticos del escenario macroeconómico son demasiado optimistas ante las incertidumbres de la coyuntura (presupuesto poco realista), sin embargo, parece existir cierta paradoja cuando, considerando el Presupuesto , tales críticos asumen la insuficiencia de la creación de riqueza.

En una visión estrictamente coyuntural, vale la pena preguntarse “dónde estamos” y por qué.

Parece evidente que lo que deberían explicar las oposiciones –sobre todo las de derecha, porque los excompañeros del artilugio nunca negaron a qué venían– son formas alternativas de recaudar y ejecutar el gasto público (siendo el debate del Presupuesto el lugar indicado). ) . Y, en una visión más amplia, también deberían bordar de manera concreta -no sólo para decir que faltan reformas- medidas estructurantes, desde el propio sistema electoral, sistema de justicia, sistema de salud, sistema de seguridad social, sistema tributario, entre otros, en lugar de un argumento un tanto simplista, en el sentido de que el escenario macroeconómico que pronostica el Gobierno es poco realista de entrada. ¡Como si no todos supiéramos que el mundo actual tiene el sello de la incertidumbre!

¡Esperemos, por tanto, el contenido del debate en los detalles, en el lugar adecuado que es el Parlamento, con la esperanza de que aclare o incluso desmitifique ciertas observaciones repentinas hechas en el calor!

El autor escribe según la ortografía antigua.

Ana Gomez

Ana Gómez. Nació en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios años. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. También me considero una Geek, amante de la tecnología los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebookhttps://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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