Un matiz en la política exterior de Trump



Trump fue de los pocos en el establecimiento político estadounidense que tuvo conciencia de la hiperextensión estratégica estadounidense y reconoció el debilitamiento global de su posición.

Barack Obama ya había percibido eso. La retirada de Irak (acordada por la Administración del presidente George W. Bush en 2008) y el fin de la ISAF, en Afganistán, en diciembre de 2014, reflejaban esa conciencia. Pero Obama no arriesgó introducir cambios profundos en su política exterior porque no tuvo coraje para enfrentarse al grupo belicista que lo rodeaba formado por los intervencionistas liberales, donde puntuaba Hillary Clinton, su ministra de Asuntos Exteriores.

Estados Unidos tiene fuerzas militares dispersas por todo el mundo. Están involucrados en operaciones de combate en Oriente Medio; reforzaron el dispositivo en Europa del Este (Polonia y Rumanía), en la región del Báltico y en el Mar Negro, para combatir posibles aventureros rusos; la marina de los Estados Unidos está involucrada en operaciones militares en el Mar del Sur de China; las fuerzas norteamericanas continúan presentes en Corea del Sur, amenazando a Corea del Norte, situación que preocupa a China, al punto de haber reformulado su dispositivo militar en la frontera con Corea del Norte.



En caso de conflicto, esta multiplicidad de desafíos corre el riesgo de convertirse en una enorme vulnerabilidad. Trump percibió que a pesar de que EEUU es una superpotencia militar, no serán capaces de enfrentar múltiples crisis estratégicas simultáneamente, especialmente si involucra combates de alta intensidad.

Muchos de sus opositores, independientemente del cuadrante político, parecen no haber retirado lecciones de la implicación norteamericana en Afganistán e Irak. Aunque el sistema hubiera sido diseñado para enfrentar simultáneamente dos crisis, la verdad es que falló. Esto se hizo cada vez más evidente con el paso del tiempo, y con la notoria incapacidad de asegurar victorias definitivas.

En 2003, tras la operación en Irak, Estados Unidos tuvo que dar un paso atrás, y pedir a sus aliados europeos para ayudarles en Afganistán, donde la situación empeoraba cada día que pasaba. Una intervención concebida para ser sólo americana -la coalición de acuerdo con la misión, recordando las palabras de Rumsfeld, el entonces ministro estadounidense de Defensa, para declinar la solidaridad europea – acabó por tener que socorrer a la OTAN.

Una guerra en cualquiera de los teatros de operaciones arriba mencionados reduciría significativamente la capacidad de reacción de los Estados Unidos en los demás, aumentando la posibilidad de que sus adversarios se aprovechar esta vulnerabilidad. Esto explica el motivo por el que llevó a Trump a privilegiar las negociaciones en lugar del uso de la fuerza militar. Sus tiradas desbordadas no esconden el deseo de evitar involucrarse en enfrentamientos militares. La alternativa fue recurrir a la diplomacia para resolver los imbróglios.

Sin embargo, Trump descuidó un dato importante. Sólo negocia a quien es incapaz de alterar la voluntad del oponente por la fuerza o por la amenaza del uso de la fuerza. Es, en cierto modo, un signo de debilidad que naturalmente tendrá consecuencias. El resultado final de una negociación tendrá que incorporar la voluntad de los oponentes, materializada a través de concesiones mutuas.

Sin embargo, no es el enfoque de Trump a las negociaciones con Corea del Norte, Irán, China, Rusia o la Unión Europea. Estados Unidos quiere obtener a través de la negociación los mismos resultados que obtendría a través del uso de la fuerza militar, o de la amenaza de su uso. Se comportan como si hubieran tenido victorias militares.

En la práctica, Washington no ha cedido ni ofrecido nada a cambio. Intenta a través de la "negociación" imponer soluciones unilaterales, recurriendo a amenazas y sanciones económicas, esperando obtener conformidad por parte de los oponentes. Por eso, ni Trump ni sus negociadores lograron hasta el momento obtener algún acuerdo. No tuvieron en cuenta un pequeño matiz concetual.


Ana Gomez

Ana Gómez. Nací en Asturias pero llevo varios años afincada en Madrid. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los sucesos económicos, financieros y políticos. También me considero una Geek, amante de la tecnología los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir los sucesos de interés general, tanto económicos como políticos y sociales. Editora experta y colaborara destacada en distintos noticieros online. Mi Perfil en Facebookhttps://www.facebook.com/ana.gomez.029 Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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