Ucranianos aprenden portugués y tratan de superar traumas en el interior de SP





Frijoles negros, frijoles carioca, arroz, harina de ma√≠z. Reunidos alrededor de paquetes de alimentos dispuestos sobre una mesa, con papeles que simulan billetes reales en sus manos, un grupo de ucranianos repiten los nombres de los alimentos en portugu√©s, los precios y las unidades de medida. El objetivo del profesor voluntario es ense√Īarles c√≥mo ir al mercado a comprar, y terminan la tarde diciendo frases completas como ¬ęQuiero medio kilo de naranjas¬Ľ.





Son 13 adultos y 11 ni√Īos y adolescentes que llegaron a Brasil a fines de marzo, refugiados de la guerra en su pa√≠s de origen. Cristianos, fueron rescatados con la ayuda de una red misionera evang√©lica y est√°n en S√£o Jos√© dos Campos, en el interior de S√£o Paulo, acogidos por una iglesia local.

Con la excepci√≥n de un hombre mayor de 60 a√Īos, solo hay mujeres entre los adultos. Han dejado maridos, hermanos e hijos mayores de 18 a√Īos en Ucrania, de donde no pueden salir, ya que pueden ser llamados a luchar en cualquier momento. El recuerdo de lo que qued√≥ atr√°s preocupa y duele, pero el ambiente de la clase es distendido.

¬ęEs muy dif√≠cil porque nuestros corazones todav√≠a est√°n ah√≠, pero ellos [os brasileiros que receberam o grupo] siempre tratamos de desviar nuestra memoria hacia las cosas buenas¬Ľ, dice Olga Ponomarenko, de 41 a√Īos.

Nacida en Donetsk, una de las √°reas reclamadas y parcialmente ocupadas por Rusia en el este de Ucrania, la comerciante lleg√≥ a Brasil con su madre, suegra y dos hijos, de 14 y 7 a√Īos. El mayor, de 18 a√Īos, se qued√≥ con su padre.

Olga sali√≥ de su casa el 4 de marzo, un d√≠a despu√©s del bombardeo de su ciudad. ¬ęSiempre monitore√°bamos la situaci√≥n e investigamos por d√≥nde pod√≠amos salir lo m√°s r√°pido posible¬Ľ, dice. ¬ęAs√≠ que los ataques se acercaron demasiado y decidimos irnos¬Ľ.

Inicialmente la familia se instal√≥ cerca de la frontera con Polonia, pero hubo un intercambio de disparos a 2 kil√≥metros de donde se encontraban. ¬ęEntonces entendimos que tendr√≠amos que irnos no solo de nuestra ciudad, sino tambi√©n de Ucrania¬Ľ.





Olga dice que eligi√≥ venir a Brasil porque era un programa de migraci√≥n organizado, en el que recibir√≠a apoyo junto con sus hijos. ¬ęTen√≠a miedo por la distancia y el idioma tan diferente¬Ľ, dice, y se r√≠e cuando cuenta la dificultad inicial para pronunciar ¬ęS√£o Jos√© dos Campos¬Ľ. ‚ÄúPero vi que aqu√≠ no estar√≠a solo y que habr√≠a gente para cuidarnos‚ÄĚ.

Hospedaje por un a√Īo

Los ucranianos est√°n siendo invitados a venir a Brasil por GKPN (Global Kingdom Partnership Network), una red que re√ļne a varias iglesias de todo el mundo. De las decenas que ya llegaron al pa√≠s por la iniciativa, la mayor√≠a se ha ido a Paran√°, donde hay una comunidad de descendientes de ucranianos.

El resto se env√≠a a otras regiones del pa√≠s, donde las iglesias locales se comprometen voluntariamente a apoyar a las familias durante un a√Īo, proporcionando alojamiento, alimentaci√≥n, atenci√≥n m√©dica, educaci√≥n para los ni√Īos y clases de portugu√©s.

En S√£o Jos√© dos Campos, la Iglesia de la Ciudad atiende a los refugiados, con la ayuda de donaciones. Son 34 personas, de ocho familias, que se est√°n instalando en departamentos amueblados en un barrio de clase media. Su documentaci√≥n est√° siendo regularizada y los ni√Īos comenzaron a asistir a la escuela esta semana.

Uno de los retos de este inicio es la comunicaci√≥n, ya que casi nadie que hable ruso o ucraniano, dice la pastora Carmen Rangel, una de las l√≠deres de la iglesia. Dos ucranianos y algunos brasile√Īos de habla rusa se han ofrecido a ayudar como int√©rpretes, uno de ellos, un miembro de la iglesia que estudi√≥ medicina en Rusia y traduce las clases de portugu√©s.

Lidiar con el trauma familiar y el duelo es otro tema delicado. Una de las refugiadas, por ejemplo, recibi√≥, nada m√°s llegar a la ciudad brasile√Īa, la noticia de que su hijo hab√≠a muerto en Ucrania. ‚ÄúSe qued√≥ con ella un pastor que tambi√©n es psic√≥logo‚ÄĚ, dice Rangel. ¬ęEscuchamos lo que quieren decir, pero no hacemos demasiadas preguntas, para que no revivan el trauma¬Ľ.

La doctora Irina Shevchenko, de 46 a√Īos, es de Kharkiv, una de las ciudades m√°s devastadas por la guerra. Est√° en Brasil con sus hijos de 11 y 14 a√Īos y sigue las noticias de all√≠ en grupos de vecinos en Telegram y Facebook. Un d√≠a, vio una foto de un edificio bombardeado que se parec√≠a al suyo. Lo confirmaron los vecinos.

¬ęSe salv√≥ la mitad del edificio donde vivimos. La otra mitad se destruy√≥¬Ľ, dice. ¬ęLa ciudad est√° bajo ataque desde la ma√Īana hasta la noche. Hay mucha gente muriendo¬Ľ.

Irina recuerda despertarse a las 5 de la ma√Īana del 24 de febrero, el inicio de la ofensiva rusa, con el sonido de las explosiones. ¬ęLas ventanas explotaron, las paredes temblaron. Entend√≠ que la guerra hab√≠a comenzado, saqu√© a los ni√Īos y nos escondimos en el ba√Īo¬Ľ, dice. ‚ÄúFuimos a buscar agua y comida, todo eso en medio de los ataques. Llam√© a mis familiares, pero nadie sab√≠a qu√© hacer‚ÄĚ.

Irina y su familia se enfrentaron a la estación de tren llena de gente con ganas de huir al comienzo de la guerra. Pasaron 25 horas en un automóvil abarrotado antes de llegar a un pueblo cerca de Lviv. Su marido se quedó allí.

Ella sabe que incluso cuando la guerra termine, tomar√° tiempo volver. ‚ÄúNo hay electricidad, ni agua, ni trabajo, ni escuela. Tendremos que esperar a que quiten las minas, habr√° que reconstruir la ciudad. No s√© cu√°ndo suceder√° eso‚ÄĚ.

Seg√ļn la pastora Carmen Rangel, la idea del proyecto es que los hombres que se quedaron en Ucrania puedan reunirse, lo antes posible, con sus familiares que est√°n en Brasil, all√° o aqu√≠, seg√ļn los deseos de cada familia.

Olga Ponomarenko dice que no ha decidido qu√© har√°. ¬ęTodav√≠a no puedo responder esa pregunta. Vivimos un d√≠a a la vez. Nos sentimos seguros y eso es lo m√°s importante en este momento¬Ľ.

La sensaci√≥n de seguridad, sin embargo, no viene sin angustia. ‚ÄúMiramos por la ventana y vemos paz y tranquilidad, pero miramos en las redes sociales y vemos ni√Īos muertos, mujeres violadas. Y lloramos‚ÄĚ.

Sentada en la primera fila de la clase de portugu√©s, otra residente de Donetsk, Valentina Fugol, de 65 a√Īos, fue una de las alumnas m√°s dedicadas durante la visita. S√°banael mi√©rcoles (13).

‚ÄúMe gusta adquirir conocimientos. Tengo muchas ganas de aprender‚ÄĚ, dice ella, quien se encuentra en el pa√≠s con su hija y tres nietos.

En su pa√≠s de origen, Valentina viv√≠a en una finca, donde cultivaba flores y hortalizas. Dice que lo √ļnico que sab√≠a de Brasil es que ¬ętiene buen caf√©¬Ľ. Nunca se le pas√≥ por la cabeza vivir en el campo, pero por ahora dice sentirse bien.

Cuenta, emocionada, que la vendedora de un mercado llor√≥ y le dio un abrazo cuando supo que era ucraniana. ¬ęEstamos recibiendo amor, cari√Īo, atenci√≥n. Los brasile√Īos tienen rostros radiantes¬Ľ.

El poco tiempo en el pa√≠s, sin embargo, no le permiti√≥ sentirse como en casa. ¬ęMe siento un poco tur√≠stico. Todo est√° muy indefinido. No sabemos qu√© traer√° el ma√Īana¬Ľ.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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