Tres meses después de la guerra, Nagorno-Karabaj intenta reconstruir la rutina





Hay 340 kil√≥metros de curvas y monta√Īas blancas como la nieve en el √ļnico camino que conecta la capital de Armenia con Artsaj, como llaman los armenios a la regi√≥n de Nagorno-Karabaj, escenario de una disputa hist√≥rica con el vecino Azerbaiy√°n.





Después de seis horas en la carretera desde Ereván, muchos correos electrónicos y llamadas telefónicas intercambiadas con los ministerios de relaciones exteriores en Armenia y Nagorno-Karabaj, todavía no sabía si obtendría una visa de entrada. No ayudó que le confiscaran su pasaporte a su llegada al país debido a un sello de un viaje a Estambul en 2019.

Dejando atrás a varios Ladas, la frontera finalmente estaba por delante. Al costado de la carretera, la carpa con militares armenios y la bandera roja, azul y albaricoque; por otro, soldados enviados por Vladimir Putin bajo la también tricolor bandera rusa.

En el primero de muchos puntos de control, las fuerzas de paz rusas, presentes desde el acuerdo de alto el fuego firmado entre Azerbaiy√°n y Armenia con la mediaci√≥n de Putin en noviembre pasado, estaban en sus posiciones, en el fr√≠o de 6 ¬į bajo cero.

En el √ļltimo puesto de control, fue el personal militar armenio quien solicit√≥ los tr√°mites de visado, pasaportes y credenciales de prensa y anunci√≥ que hab√≠amos llegado a Stepanakert, la capital de la autoproclamada Rep√ļblica de Artsaj.

El conductor se√Īal√≥ una bandera azerbaiyana que ondeaba en la cima de una monta√Īa, que apareci√≥ en la niebla de un d√≠a de invierno en el C√°ucaso. ‚Äú¬°No puedes tomar fotos! ¬°No! ¬°Azer√≠es! ‚ÄĒDijo, imitando disparos. Me arriesgu√© al clic con mi tel√©fono celular.

Despu√©s de seis semanas de guerra, los armenios que habitan este peque√Īo enclave monta√Īoso perdieron el control de dos tercios de la tierra que ocupaban.





Todos los que estaban allí también perdieron a alguien de la familia en la guerra, muerto o desaparecido, que muchos todavía esperan encontrar, tal como sucedió en la primera fase del conflicto, entre fines de la década de 1980 y mediados de la de 1990.

Se dice que las mujeres no cierran las puertas de sus casas con la esperanza de que alg√ļn d√≠a vuelvan a ver entrar a sus hijos, maridos y hermanos, incluso casi 30 a√Īos despu√©s.

Tres meses después del final de la nueva guerra, con miles de refugiados en Armenia y en otros lugares, muchos todavía esperan recuperar la tierra que tenían para regresar y recuperar los cuerpos de aquellos que no pudieron ser enterrados; las estimaciones indican al menos 5.000 muertos en ambos lados.

‘Todo, absolutamente todo, es una frontera’

Susanna Petrosyan, 40 a√Īos, gu√≠a tur√≠stica

Cuando se le pregunt√≥ si consideraba el conflicto terminado, Susanna Petrosyan, de 40 a√Īos, quien se ha desempe√Īado como gu√≠a en la regi√≥n durante 24 a√Īos, fue directa. ¬ęNo dije. ¬ęNecesito creer que algo va a cambiar para poder seguir viviendo¬Ľ.

Con la cabeza siempre gacha y los ojos tristes, guarda palabras mientras camina por Martuni, una de las ciudades más afectadas, en la línea que separa Nagorno-Karabaj de Azerbaiyán.

El escenario es de escuelas destruidas, casas quemadas y restos de los recientes bombardeos.

‚ÄúAhora estamos rodeados de ellos [azeris]. Todo, absolutamente todo, es una frontera ‚ÄĚ.

La ma√Īana del 27 de septiembre, cuando las bombas empezaron a caer cerca de su casa en Martakert, en el norte de la regi√≥n en disputa, Susanna despert√≥ a tres de sus hijos, de 7, 11 y 15 a√Īos, los meti√≥ en el auto y se dirigi√≥ hacia arriba. a la casa de su hermana en Erev√°n.

El hijo mayor, Valery, de 19 a√Īos, estaba sirviendo en el ej√©rcito en otra ciudad.

Al d√≠a siguiente, Susanna volvi√≥ a recoger a sus sobrinos y cu√Īada; su hermano tambi√©n hab√≠a sido enviado al frente.

Diez días después, volvió a recorrer el tortuoso y arriesgado camino, ahora para ver al hijo que había resultado herido durante la guerra.

Ella lo abrazó y regresó a Ereván.

Valery perdi√≥ muchos amigos, pero se recuper√≥ y a√ļn le quedan seis meses como soldado antes de regresar para completar sus estudios de tecnolog√≠a en la Universidad Estatal de Artsakh.

A Susanna le gusta hacer planes para volver. ‚ÄúLa pr√≥xima vez que vengas, quiero darte la bienvenida a mi casa, con mis hijos. Lamento si esta vez algunas cosas se salieron de mi control. Estoy en shock. Parece que me qued√© atascado ese d√≠a 27 ¬ę.

‘Todos moriremos alg√ļn d√≠a’

Pescante (nombre ficticio), 30, teniente del ejército

En el refugio improvisado de una mansi√≥n casi abandonada en la regi√≥n de Machkalashen, Davit (los nombres fueron cambiados a pedido de los entrevistados), de 30 a√Īos, insiste en que no tiene miedo. ¬ęTodos van a morir alg√ļn d√≠a. Servimos a nuestra patria, es nuestro deber¬Ľ, dijo el soldado, con los rifles Kalashnikov apoyados en el suelo.

La casa sirve de base para quienes no est√°n en el puesto principal: en el s√≥tano, un entorno que act√ļa como revista, almac√©n y ba√Īo. Situada en el suelo embarrado e iluminada por linternas, ondeaba una bandera de la Rep√ļblica de Artsaj – tricolor como el de Armenia, pero con un tri√°ngulo blanco en el lado derecho.

Entramos en un cuartito con calefactor, fumado por infinitos cigarrillos. Un soldado trajo té y una botella de brandy, llegó otro con chocolates y más brandy.

El coronavirus no parece existir allí, o es más distante para esos soldados que para el enemigo al otro lado de la frontera.

Entre sorbos, Davit accedió a llevarnos a un puesto en la región de Amaras, un pueblo importante para los armenios. Fue allí, en el siglo V, donde el monje Mesrop Mashtots creó el alfabeto armenio y abrió la primera escuela para alfabetizar a la gente.

El camino conduc√≠a a la cima del cerro, donde soldados de entre 18 y 20 a√Īos manten√≠an guardias de pie durante dos horas, esperando las cuatro horas de sue√Īo que les correspond√≠an.

Había tres camas, en las que se turnaban los militares, algunos suministros y una habitación destrozada y polvorienta.

¬ęAll√°, all√° y all√° est√° Azerbaiy√°n¬Ľ, dijo el teniente Babken (nombre tambi√©n cambiado), quien me pidi√≥ no apuntar con la c√°mara porque ¬ęlos azer√≠es est√°n mirando¬Ľ, ofreci√©ndome sus binoculares.

¬ę¬ŅY si todo el mundo tambi√©n decide vivir en el extranjero?¬Ľ

Alice Sargsyan, 22 a√Īos, abogada

A los 22 a√Īos, la abogada Alice Sargsyan ten√≠a planes de pasar un tiempo viviendo fuera de Nagorno-Karabaj.

Con la historia familiar marcada por las distintas fases de la guerra, cambi√≥ de opini√≥n tras el conflicto m√°s reciente. ‚ÄúAhora me pregunto: ¬Ņy si todos piensan como yo? ¬ŅSi yo decido vivir en el extranjero y todos los dem√°s tambi√©n lo deciden? ‚ÄĚ, Dijo, repasando los puntos de vida de Stepanakert.

El conflicto de 2020 fue el tercero de su padre, tambi√©n abogado, que ha estado al servicio del ej√©rcito durante 18 a√Īos. En la guerra de los noventa, fue al frente con siete amigos y regres√≥ con uno.

Entre septiembre y noviembre del a√Īo pasado, se puso en contacto con su familia para informar, pero prefiri√≥ no decir exactamente d√≥nde estaba peleando.

Alice, su madre, su t√≠o, su hermana de 12 a√Īos y su prima de 10 se quedaron en la capital de Nagorno-Karabaj hasta principios de octubre. Sus abuelos, que no quer√≠an salir de la ciudad, resistieron hasta noviembre, cuando mujeres, ancianos y ni√Īos fueron evacuados forzosamente.

Veterano de la guerra anterior, su t√≠o muri√≥ de un infarto a la edad de 47 a√Īos hace diez d√≠as. ¬ęCuando en esta guerra perdimos el 70% de nuestros territorios, √©l perdi√≥ la esperanza y todo el sufrimiento de 30 a√Īos perdi√≥ su valor¬Ľ, dijo Alice, quien se quedar√° en la ciudad.

¬ęEntend√≠ que este era el sue√Īo de los azer√≠es: todos los armenios que abandonan Karabaj voluntariamente¬Ľ.

Para ella, dejar el territorio ser√≠a una injusticia para todos los soldados del pa√≠s, incluidos su padre y su t√≠o. ¬ę¬ŅNo es injusto renunciar voluntariamente al derecho a vivir aqu√≠?¬Ľ

‘No le dir√© a mi hija sobre la guerra, debemos mirar hacia adelante’

Narek (nombre ficticio), 29, gu√≠a de monta√Īa

El 29 de septiembre, se le pidi√≥ a Narek, de 29 a√Īos, que se presentara ante su batall√≥n en el ej√©rcito armenio.

Hab√≠a abandonado su carrera militar dos a√Īos antes, despu√©s de luchar en Irak y Afganist√°n.

Dejó a su esposa al final de su embarazo en su casa en Ereván: su primera hija nació unos días después, una semana antes de la fecha establecida por los médicos.

El 3 de octubre obtuvo una autorizaci√≥n especial para reunirse con ella, en una visita de 72 horas. ‚ÄúLa sensaci√≥n de tenerte en brazos durante unos d√≠as y regresar al frente es muy angustiosa. La despedida siempre tiene esa sensaci√≥n de ser la √ļltima vez ‚ÄĚ.

Los días de la guerra pasaron sin contacto con la familia: la comunicación se vio (y sigue siendo) obstaculizada por la destrucción de las líneas de transmisión, lo que aumenta la sensación de que el territorio es una isla sin salida al mar.

Piensa que el ej√©rcito armenio no estaba preparado para la guerra. ‚ÄúNo una guerra contra Turqu√≠a y Azerbaiy√°n juntos, con armamento tambi√©n de Israel. Se hab√≠an estado preparando para este ataque durante 30 a√Īos ¬ę.

Al reunirse con su esposa e hija nuevamente despu√©s del alto el fuego, no ve un futuro diferente al presente y sabe que puede regresar a un frente de batalla en cualquier momento. ¬ęAsi es como funciona. Siempre esperando una llamada ¬ę.

Le pregunt√© qu√© pensaba de contarle a su hija sobre esta guerra. ¬ęNada, hay que mirar hacia adelante¬Ľ, respondi√≥.

‘Ojal√° hubiera sacado algo de la tierra de la tumba de mi esposo’

Ira Petrosyan, 65 a√Īos, ama de casa

‚ÄúLos turcos me regalaron la muerte de mi hijo como regalo de cumplea√Īos‚ÄĚ, se rebela Ira Petrosyan, de 65 a√Īos.

Su √ļnico hijo, Antranik, fue asesinado a la edad de 27 a√Īos el 10 de noviembre, el d√≠a antes del cumplea√Īos de su madre y el d√≠a despu√©s de la firma del acuerdo de alto el fuego.

Fue enterrado en el cementerio militar de Yerablur en Erev√°n, al igual que los otros soldados muertos en la guerra de Nagorno-Karabaj.

Ira vivía en la ciudad de Hadrut, hoy controlada por los azeríes, y actualmente vive en un refugio para desplazados internos en Stepanakert. Comparte habitación en una antigua residencia de estudiantes, marcada por los bombardeos de la guerra de los noventa.

El cuerpo de su marido est√° enterrado en Hadrut y ella no pudo sacarlo, como han hecho algunas familias. ¬ęOjal√° hubiera tra√≠do algo de tierra de su tumba para estar conmigo hasta mi muerte¬Ľ.

Ira le agradece por sus heridas que no desfiguraron el rostro de su hijo y por haber tenido la oportunidad de besarlo antes de que el cuerpo fuera llevado al cementerio – muchos soldados tuvieron sus cuerpos pr√°cticamente destrozados por los ataques con drones.

Antranik, que se casar√≠a este a√Īo, rinde homenaje en una especie de altar, con medallas, pasaporte, algunas fotograf√≠as, rosas secas y la bandera armenia.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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