Tómate un descanso hoy para que no te estrelles mañana





¿El hora va más rápido? El tema, que ha plagado a físicos, filósofos y muchos otros mortales, fue el punto de partida de la periodista Izabella Camargo para hablar de nuestra relación con las horas, minutos y segundos, una relación profundamente afectada por la era digital. Para esta auténtica RD, entrevistó a personas de las más diversas áreas del conocimiento y mezcló un conjunto de reflexiones y vivencias con su propio aprendizaje de cara a síndrome de burnout.





El resultado está en las páginas (o en la pantalla) de su primer libro, ¡Da un tiempo!, lanzado recientemente por la etiqueta Principium de Editora Globo (haga clic aquí para ver y comprar). Fueron cuatro años de investigación y conversación, con un agotamiento en medio del camino y una pandemia al final del viaje. Izabella da voz a historiadores, filósofos, psicólogos, médicos, físicos, ejecutivos, artistas y religiosos. El panteón de impresiones, pensatas y consejos alberga desde Mario Sergio Cortella y Leandro Karnal hasta Fernanda Montenegro y Frei Betto.

El periodista pasa de las inquietudes compartidas por el dramaturgo romano Plauto, desde el siglo III a. C., a la visión del momento del presidente de Google en Brasil. Y no deja de contemplar y cuestionar las consecuencias de una rutina acelerada marcada por la carrera contrarreloj, cuyo equilibrio puede implicar ansiedad, depresión, entre otras dolencias de salud.

En esta entrevista, Izabella revela el camino de construcción del libro, reflexiona sobre nuestra percepción y angustia a lo largo del tiempo, evalúa la efectos de la tecnología, el trabajo y Covid-19 en este contexto y nos invita a frenar y hacer una pequeña pausa hoy para no estrellarnos mañana.

VER SALUD: El proceso de escribir el libro se basa en tu preocupación y la de tantas otras personas, pasa por un burnout y se consolida en medio de una pandemia. ¿Cómo fue esa historia?

Fueron cuatro años de investigación, más experiencias y muchos imprevistos, con un epílogo que solo tuve tiempo de escribir a causa de la pandemia. Cuando tenía la intención de escribir este libro en 2017, el objetivo era recopilar un puñado de información para responder la pregunta: ¿el tiempo pasa más rápido o no? Escuché mucho esta pregunta y, en ese momento, salieron algunas noticias y teorías un tanto confusas que me hicieron buscar respuestas para saber si el tiempo natural pasaba más rápido o nosotros que pasábamos el tiempo más rápido. Comencé este viaje escuchando a físicos y cosmólogos, pero, también dándome cuenta de que la gente estaba cada vez más estresada y enferma por esto, tuve la idea de expandirme, escuchar a otros especialistas y abordar otras visiones y aspectos sobre el tiempo.

Porque hablamos del clima todo el tiempo, pero no nos detenemos a pensar en él y nuestro tiempo real. Solo para pensar cuánto ha perdido, está excusado del trabajo o necesita una solicitud de licencia por enfermedad. Sólo cuando te quitan el tiempo violentamente te detienes a pensar en ello. Con eso en mente, mi idea fue proponer una reflexión para que la gente no se enferme en estos tiempos tan acelerados. En estos cuatro años, además de haber entrevistado a personas fantásticas, también experimenté el burnout que, como muestra la propia historia, no es un problema nuevo, pero se ha incrementado mucho en los últimos tiempos.





Fue así como me sentí cómodo y seguro al exponer conocimientos de los que yo era solo un instrumento y llevar mi experiencia con ellos. Entonces puedo decir: si no tomamos un descanso voluntario de nuestra rutina, tendremos que tomar un descanso involuntario después.

¿Pero puedes hacer una pausa en tiempos tan rápidos? ¿Cómo afectó al libro su conflicto con el tiempo y el agotamiento?

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Para mantener el ritmo y la misma velocidad, tenemos que pisar el freno y reducir la velocidad de vez en cuando. Utilizo mucho la figura del coche para hablar de cómo encontrar un límite en un mundo sin límites. En las autopistas, incluso si nos permiten circular a alta velocidad, existe un límite para mantener la seguridad de los conductores. El problema no es ser rápido, pero no poder aplicar el freno cuando es necesario y sin tener en cuenta los límites de velocidad.

Es lo mismo en nuestra vida. Pero el caso es que tenemos una gran codicia por querer hacer de todo, aprovechar todas las opciones, ir a todos los sitios, hacer todos los cursos … Esto se demostró incluso en la pandemia. No queremos perdernos nada. Solo que para que te pongas en tu agenda tendrás que renunciar a muchas cosas.

En 2018, con el contrato del libro firmado y tras haber realizado varias entrevistas, me diagnosticaron burnout. Lo curioso es que no vi venir a mí el burnout ni siquiera habiendo hablado con tantos especialistas, incluso sobre el exceso de estrés relacionado con el trabajo. Esto muestra que la información no siempre cambia el comportamiento. Por mucho que escuché que la sobrecarga podía traer enfermedades, pensé que en las próximas vacaciones me recuperaría.

En esos cuatro años, aprendí mucho de los demás y de mí. Y aprendí que debemos ser más conscientes de la recuperación del cuerpo de estos excesos. Cuando trabajas mucho, vives con la expectativa de que llegue el tiempo de descanso. Pero ¿y si ese momento no llega? ¿Cuánto tiempo puede mantenerse saludable a este ritmo?

En el libro no entro en detalles de mi historia con burnout porque era pequeña de cara a este universo. Estamos hablando, según una última encuesta de la USP, de 20 millones de brasileños con el problema. Es casi el doble de la población de Portugal. Pero en el libro traigo lo que aprendí del burnout, con el apoyo de expertos y datos de instituciones.

Todo esto me permitió hablar de uno de los nuevos problemas que han venido provocando estos nuevos tiempos, aunque sabemos que hay otras consecuencias como la ansiedad y la depresión. Pero lo principal es poder hablar y dar consejos útiles para prevenir y preservar la vida, una vida que estamos tratando de encajar en una agenda de 24 horas pensando que se puede estirar.

En el libro también trae la experiencia de personas que lidiaron con las formas más diferentes (y a veces difíciles) con el tiempo, lo que nos lleva a la noción de que el tiempo es relativo. ¿Crees que ha pasado rápidamente a casi todo el mundo hoy?

No. Hay personas que sienten que el tiempo pasa más lento. ¿OMS? Personas en filas, en fila en el banco, el baño o un trasplante, como muestra una emotiva historia que traigo en el libro. Hay personas que se jubilan y no se preparan para ese tiempo libre que nunca vivieron. Y estas personas pueden incluso desarrollar ansiedad o depresión porque se sienten inútiles después de tantos años de trabajo tan duro. Para ellos, el tiempo parece pasar más lento.

Ahora, hay gente a mitad de camino. Algunas horas pasan más lentamente, otras más rápido. Pero este no es el momento de la naturaleza. El tiempo que contamos, el del reloj y el del calendario, es un tiempo mecánico construido bajo diferentes intereses y sobre ese tiempo de la naturaleza, que no cambia.

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Cuando veo a un dramaturgo llamado Plauto quejándose del tiempo y el reloj de sol tres siglos antes de Cristo, me dio un salto, un estado de eureka. Desde la época de los relojes de sol, la gente tenía la percepción de que el tiempo pasaba más rápido.

¿Qué pasó desde entonces? Muchos cambios, cada vez más rápidos, y que ahora ocurren a la velocidad de Internet, ya no en las piernas de las personas ni de los caballos, los medios de compartir mensajes allá atrás. Cuando estudiamos la evolución en las comunicaciones y el transporte, comenzamos a comprender por qué estamos donde estamos hoy, con esta percepción de que el tiempo avanza más rápido.

Hay varios aspectos que abordo en el libro mostrando que eres tú quien determinará el paso del tiempo. Tú estableces tu agenda y tus compromisos. Antes, la información llegaba a la televisión, periódicos y revistas en un momento predefinido. Hoy no tienes más tiempo para recibir información, puedes recibirla cuando quieras, como quieras.

Una de las razones de esta sensación de que el tiempo pasa más rápido es precisamente este llenado loco de la agenda. Las personas pasan de una información a otra, de una actividad a otra, a un ritmo más rápido y superficial. Nuestro cerebro es reclutado pero no dirige la atención ni forma memoria con este flujo. Y solo recordamos cosas importantes y días en los que tenemos su memoria.

¿No saturarían la tecnología y la vida hiperconectada nuestro tiempo y nuestra rutina?

Vivimos en un mundo Rápido. Queremos todo lo más rápido posible y eso alimenta una ansiedad loca. Vivimos en un mundo digital con un cerebro analógico, a su propio ritmo. No puedo acelerar el procesamiento de mis datos internos. Vivimos con actualizaciones cada vez más rápido, lo que hace que las máquinas sean más rápidas, pero el cuerpo humano tiene que mantener su ritmo, al menos por ahora.

Pero el punto aquí es que nos están cobrando por contratos de tiempo que no hemos firmado. Verás, hay contratos de tiempo social, como los horarios bancarios, que cierran a las cuatro de la tarde. Pero, si te envío un mensaje y te pido una respuesta dentro de mi tiempo, estoy creando una situación incoherente, después de todo, tienes tus cosas que hacer. Por lo tanto, ingresamos al embudo urgente de las personas y se les cobra por los contratos que no firmaron.

¿Cómo puedo solucionar esto? Poniendo límites. Frei Betto deja en sus e-mails una respuesta automática agradeciéndole el mensaje, diciendo que responderá pronto, pero recordando que no está todo el tiempo frente a la computadora, que valora para otras tareas. El padre Fábio de Melo dice en el libro que, para recuperarse de los ataques de pánico, también empezó a decir «no» a algunas oportunidades que se le presentaban. Dice: «Solo yo conozco el costo de una cita en mi agenda».

Entonces, en medio de esta oferta y este exceso de acceso, contenido y actividades, si decimos “sí” a todos y respondemos a todas las demandas a la velocidad que otros esperan, quién pagará el precio con problemas de salud. somos nosotros. No existe una regla ni un manual, pero todos deben encontrar su límite.

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Fuente: Editora Globo / Comunicado de prensa

En el libro, entrevista a Fábio Coelho, líder de Google en Brasil, y compara un cambio de postura y consumo frente a la tecnología con la reeducación alimentaria. ¿Nuestra sociedad ya está despertando a un uso más equilibrado de Internet?

Internet no es un villano, al igual que la televisión no lo fue durante algún tiempo. Pero en la misma manita que sigue moviendo el control remoto está ese dedo meñique que se desliza alimenta infinito. Cuando lo ve, pasó una hora con su celular en la mano y no absorbió nada. Y sí, sentirás que el tiempo pasa más rápido.

En este sentido, los excesos con internet son similares a la comida. Entonces, si el fin de semana me excedí con la pizza, me corresponde a mí reducir los carbohidratos en los próximos días. Si pasé demasiado tiempo en Internet hoy, puedo usarlo mañana. Veo que muchos padres les hacen esto a los niños al limitar su tiempo frente a la pantalla. Pero me pregunto: ¿también están poniendo límites?

La solución no pasa por extremos. No estoy hablando de dejar de usar Internet o no comer más pizza. Si pasas mucho tiempo frente a tu celular y computadora y no tienes ninguna molestia física o mental, está bien, me retiro de la conversación. Pero cualquiera que quiera permanecer en el wi-fi inicial debe ser consciente de que esto tiene un costo. En exceso de comida, el costo viene en forma de grasa. En Internet, se presenta en forma de agotamiento y otros problemas de salud.

El problema está mucho más en nuestro autocontrol que en la tecnología misma. Paracelso ya dijo que la diferencia entre el medicamento y el veneno está en la dosis.

El concepto de profesional multitarea ha aumentado en los últimos años, pero también parece una ilusión, ¿no?

Sí, tenemos varias creencias para revisar. Piense en esas frases como «ir lejos lentamente» o «el apresurado come crudo». Nos recuerdan que la velocidad puede ser sinónimo de progreso, pero la prisa no. Recuerda que si aumento la temperatura del horno, el bizcocho saldrá crudo por dentro y quemado por fuera. Ahora bien, ¿qué es el agotamiento sino una persona que se quema pero está en carne viva, desnutrida por sí misma?

La multitarea es una de esas creencias. Incluso puedes hacer dos cosas al mismo tiempo, siempre que una sea más manual y la otra, cognitiva. Aun así, es posible que no haga ambas cosas con la misma excelencia o eficiencia. Puede que esté lavando los platos y hablando contigo, pero es posible que el plato esté mal lavado. Imagínese haciendo varias tareas cognitivas al mismo tiempo. Imagíneme hablando con usted aquí y desviando mi atención para responder un correo electrónico. Me perderé en el razonamiento. Hemos estado alimentando esta ilusión de que podemos contestar e-mails, hablar por teléfono y hacer otras cosas simultáneamente y es evidente que habrá un resultado equilibrado. Pierdes energía, tiempo y salud en el proceso.

El psiquiatra Daniel de Barros, a quien entrevisté para el libro, usa la analogía de una habitación oscura con una linterna en un rincón. Este faro puede llevar una luz a una pieza, pero no iluminará todos los rincones. Así es con nuestra atención. Y eso me lleva al concepto de delirio mencionado por Monja Coen, que es creer en algo aunque sea una ilusión.

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¿De qué manera la pandemia y el aislamiento han afectado aún más nuestra relación con el tiempo?

Solo el tiempo traerá respuestas más consolidadas, pero las observaciones, la investigación y las cifras actuales ya apuntan a algunas cosas. Covid valida, desafortunadamente, por supuesto, esa noción en la que trabajo a lo largo del libro: que necesitamos tomarnos descansos. Por el momento, necesitamos tomar un descanso voluntario dentro de un descanso involuntario. O aprieto el freno cuando lo necesito o tendré una multa o un accidente más tarde.

En la pandemia, las personas que se tomaron un descanso voluntario, revisaron su agenda y sus hábitos y se organizaron, están en mejor situación de aislamiento. Quienes no lo hicieron lo hacen peor, con ansiedad y depresión, como ya indican los estudios. Covid vino para demostrar que a veces tenemos que tomarnos un descanso independientemente de lo que esté sucediendo afuera. Y es irónico pensar que muchas personas empezaron a quejarse de algo que siempre pidieron: más tiempo en casa y en familia.

Con el control de la pandemia, necesitaremos tomar más descansos voluntarios para evitar descansos involuntarios, como una posible enfermedad. Si no se detiene a prestar atención a los síntomas y advertencias de su cuerpo, no sirve de nada quejarse después. Me pasó en el agotamiento.

¿Quién ignora estos signos y las pausas que requiere el organismo enfermarán el cuerpo o la mente?

No sé quién separó la salud física de la salud mental. Una cosa no se puede separar de la otra. Pero sí, abusar de este límite, poner más compromisos en la agenda de los que podemos soportar, tiene un costo llamado problema de salud. De mi historia y la de tantas personas que han pasado por mi vida desde entonces, está claro que el cuerpo está dando señales hasta una hora que el cerebro habla: ¡ahora sí!

Y el sueño es un buen parámetro aquí. Mucha gente todavía cree que dormir es una pérdida de tiempo. El sueño es lo primero que se resta para maximizar la agenda. Es cierto que hay personas que necesitan dormir menos para tomar el transporte público y llegar al trabajo. Sí, también tenemos realidades crueles. Pero el peor de los casos es que la persona que duerme menos piensa en producir más. Aquellos que duermen menos de seis horas por noche tienen mayor riesgo de padecer decenas de enfermedades, de morir antes …

En el libro le das varias connotaciones a «tomar un descanso». Puede que sea más tiempo para ti, para estar con las personas que amas, para dedicarte a algo placentero, para no hacer nada … ¿Cuál es el sentido más urgente hoy?

Yo diría que se necesita tiempo para respirar, estar en silencio y no hacer nada. Cuando entrevisté al psiquiatra forense Guido Palomba sobre el agotamiento, le pregunté: ¿qué hacemos para preservar la salud? Él respondió: «no hace nada». ¿Como asi? Sí, necesitamos tener pequeños momentos en el día para no hacer nada y, los fines de semana, grandes momentos sin hacer nada. Solo hoy hemos desaprendido a no hacer nada.

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Esto tiene que ver con ese aforismo atribuido a Benjamin Franklin: «el tiempo es dinero». Pero necesitamos desarrollar sabiduría para definir cuándo el tiempo es, de hecho, dinero. Necesitamos pensar en un punto de equilibrio en la rutina, en la llamada productividad sostenible. No sirve de nada ser el empleado del mes hoy y ser despedido el mes que viene.

Mi recomendación es que se detenga, aunque sea por un minuto, para no hacer nada. Guarda silencio y presta atención solo a tu respiración. No hay teléfono celular alrededor. No estoy hablando de meditación, que puede parecer una tarea más por hacer.

El tiempo es el intervalo entre la inhalación y la exhalación. Si corres demasiado, te quedas sin aliento y atraviesas el tiempo más rápido. Entonces lo que te propongo es: detente a pensar si lo que haces con el tiempo tiene sentido para ti. Trae más satisfacción que insatisfacción. Hablar de tiempo también es hablar de opciones.

Después de todo este viaje, ¿aprendiste a tomar un descanso?

Hoy puedo reconocer mis límites. No renuncio a mis horas de sueño, a menos que sea por algo extraordinario, como un programa de Tina Turner. Y aprendí que si superaba hoy, tendré que relevarlo mañana. La misma lógica de la pizza el fin de semana se aplica a las citas, al trabajo … El psiquiatra Orestes Forlenza, especialista en Alzheimer, dice en el libro que la percepción de que el tiempo pasa más rápido tiene que ver con pausas que no hacemos.

También aprendí mucho a decir «no». Hay un «no entrenamiento» que traigo en el libro. A veces, tenemos que decir: «Me encantó la invitación, pero es para la próxima». El «no» puede ser muy positivo y preventivo.

Ana Gomez

Ana Gómez. Nació en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios años. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. También me considero una Geek, amante de la tecnología los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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