¬ŅTe comes tus emociones?





La función principal de los alimentos es nutrir, es decir, proporcionar al cuerpo los nutrientes que necesita para funcionar bien. Pero, además, el acto de comer implica valores sociales y ritualistas. Y, como cualquier hábito, se aprende la conducta alimentaria. Ahora bien, si estuviéramos acostumbrados a comer desde una edad temprana solo por la necesidad de energía y nutrientes, no tendríamos tantos problemas con el peso.





Incluso en la ni√Īez nos ense√Īaron que, cuando estamos tristes, un chocolate nos hace sentir bien, o que ‚Äúmerecemos‚ÄĚ una hamburguesa al final de un d√≠a dif√≠cil. Por eso, a menudo comemos para aliviar una mala emoci√≥n.

La cuesti√≥n es que los sentimientos de ansiedad, tristeza, estr√©s, ira o culpa no desaparecen despu√©s de comer. Incluso podemos sentir alivio al comer, pero luego viene la frustraci√≥n y una sensaci√≥n de fracaso. Aun as√≠, el cerebro puede ¬ęprogramar¬Ľ asociar la comida con el alivio inmediato de los problemas emocionales.

Identificar qué desencadena el deseo de comer, además del motivo fisiológico, la necesidad orgánica, e investigar la relación con la comida son los primeros pasos para hacer las paces con la comida y nuestras emociones.

Al final, la salud también está protegida. Después de todo, los estudios asocian la comida por razones emocionales con la comida no controlada. Y quienes comen con emoción son más propensos al exceso de peso y grasa corporal, además de una mayor tendencia a elegir alimentos ricos en carbohidratos. Este fue incluso uno de los resultados de mi estudio de maestría en la Universidad de São Paulo (USP), que evaluó patrones de conducta alimentaria, estado nutricional y consumo de alimentos.

Identificar el hambre emocional y el hambre fisiológica

LA hambre emocional aparece de repente. Por lo general, cuando comemos por emoci√≥n, buscamos un tipo espec√≠fico de comida, que es ese ¬ęreconfortante¬Ľ. Esta necesidad es urgente y, por tanto, la mayor√≠a de las veces estamos ansiosos por comer. Y dif√≠cilmente podemos detenernos, incluso si estamos satisfechos.

Esta hambre suele desaparecer cuando nos distraemos con alguna otra actividad. Pero, en la secuencia, experimentamos sensaciones negativas, como culpa y frustración, por haber comido en exceso e innecesariamente.





los hambre fisiológica aparece gradualmente. Para estar satisfechos, necesitamos una comida (o merienda) completa y variada. A medida que el apetito aparece gradualmente, es posible aguantar un cierto tiempo hasta comer. Y en la mayoría de los casos, paramos cuando estamos satisfechos. El hambre no desaparece si intentamos distraernos con otras actividades. Después de comer, tenemos sentimientos positivos, como placer y bienestar.

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Si notas que, en algunas ocasiones, comes por emociones, y no por necesidad org√°nica, vale la pena perfilar algunas estrategias y prepararte para que ya no suceda.

Sobre todo porque el alivio y el placer que aporta la comida en respuesta a una emoci√≥n negativa culmina, posteriormente, en malas sensaciones, que pueden generar m√°s estr√©s y sentimientos da√Īinos. Esto alimenta un c√≠rculo vicioso, que siempre termina en m√°s comida.

Como salir de esto

Es importante intentar identificar cuándo llega el impulso de comer y por qué. Haga un registro de su comida y sus emociones. Marque lo que comió y lo que sintió antes y después. Este hábito ayuda a encontrar los desencadenantes de los alimentos no controlados y a comprender lo que le hizo a su cuerpo y mente.

El registro se puede hacer a la hora de comer o incluso invertido, al final del día. En este caso, tendrás una mayor percepción de las desagradables consecuencias que ha provocado la falta de control alimentario, y entonces entenderás por qué sucedió.

Otro buen pedido es hacer un reportaje escrito por la noche, de manera no sentenciosa y en tercera persona (como si fuera periodístico), sobre los hechos del día relacionados con los sentimientos y la comida. Todas estas notas nos hacen mirar un poco más hacia adentro, aumentando enormemente el nivel de conciencia.

Después de reconocer los impulsos, es posible utilizar estrategias de relajación, como la respiración profunda, la meditación o incluso algunos ejercicios físicos, para practicar cuando surja el hambre emocional.

Otra alternativa es escribir una lista de actividades que despierten sentimientos de bienestar y placer, pero que no tengan relaci√≥n con la comida. Para ello, piensa: ¬Ņqu√© te ha ayudado ya en un momento delicado? Cada persona encontrar√° sus respuestas, que van desde tomar un ba√Īo caliente y pasear al perro hasta hablar con un amigo, leer un libro, entre otros. En el momento en que surgen las ganas de comer, lo ideal es intentar hacer una de estas cosas.

Pero comprenda que es normal intentar compensar una mala emoción. ¡Esta todo bien! Lo importante es evitar cualquier tipo de autocrítica y, sobre todo, buscar formas de hacer tus necesidades sin causar un problema para nuestra salud física o mental.

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Ana Gomez

Ana G√≥mez. Naci√≥ en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios a√Īos. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. Tambi√©n me considero una Geek, amante de la tecnolog√≠a los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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