Seguramente, no estamos tan seguros





La semana pasada, adem√°s de la aprobaci√≥n de un ¬ęrev√©s civilizatorio¬Ľ que nos une a las democracias m√°s saludables del mundo, varios episodios de diferentes formas de violencia en este rinc√≥n pac√≠fico nuestro, donde, como dijo el otro, ¬ęla gente est√° serena ¬ę.





Una estad√≠stica que utilizan con frecuencia los portugueses (y, sobre todo, la clase pol√≠tica) es que Portugal es el tercer pa√≠s m√°s seguro del mundo. ¬°Guau, en el podio de un indicador estad√≠stico, y aquellos en los que lo deseable es, de hecho, estar en primer lugar! Vale la pena se√Īalar. Pero, y no queriendo ser un feliz profeta de calamidad, ¬Ņesta clasificaci√≥n se corresponde tanto con la realidad? ¬ŅPodemos decir que Portugal es un pa√≠s m√°s seguro que, por ejemplo, Jap√≥n o Eslovenia?

El primer caso de la semana (y ciertamente el más popular) fue el de los insultos racistas a Marega. Con la excepción de media docena de populistas oportunistas, la sociedad se apresuró a condenar la actitud de los adeptos / criminales que se manifestaron de esa manera lamentable en Guimarães, repitiendo los llamados, por un lado, a la tolerancia y, por el otro, a más uso efectivo y eficiente de las autoridades en este tipo de situación.

Hay un m√©rito innegable en la actitud de Marega: trajo a la esfera p√ļblica el debate sobre el racismo en Portugal, un tema que todav√≠a es algo tab√ļ en nuestro pa√≠s. Desde este episodio, los medios recordaron otras situaciones de racismo en el f√ļtbol (los casos de Renato Sanches en Vila do Conde y N√©lson Semedo en Guimar√£es), las redes sociales desenterraron un excelente objetivo de justicia po√©tica y un joven de 18 a√Īos que abandon√≥ un juego de AF Porto despu√©s de ser llamado ¬ęmono¬Ľ.

Curiosamente, en el √ļltimo caso, es la segunda vez que Pat√™ Djob, el atleta en cuesti√≥n, abandona el campo esta temporada por insultos racistas. El hecho de que, esta vez, el caso fue noticia, ya demuestra el impacto que la actitud de Moussa tuvo en Guimar√£es.

Pero otra parte igualmente relevante del tema nos ha eludido: la legitimaci√≥n de la violencia en el deporte. Si la violencia verbal no puede ser aceptable, tampoco la f√≠sica y el deporte en Portugal son ricos en ambos. Es suficiente ver que el hecho de que Marega fue golpeado en el c√©sped con sillas fue dejado de lado por completo ante las palabras y los gru√Īidos repugnantes a los que fue sometido.

En Portugal (y, especialmente, en algunos estadios m√°s ¬ęfervientes¬Ľ), es normal volar sillas al campo. Es normal golpear el centro despu√©s de un gol o cargos policiales en las porristas, o no √©ramos el pa√≠s en el que se comete el crimen de terrorismo en nombre del f√ļtbol. Pero la violencia no est√° en el f√ļtbol. No menos importante en las filas profesionales.





Los juegos de niveles inferiores, con menos medidas de seguridad y espíritus más exaltados por las relaciones familiares entre jugadores y espectadores, son ricos en episodios de violencia; las modalidades de pabellón transforman los recintos en ollas a presión, con agresión contra líderes (e hijas más jóvenes); e incluso deportes supuestamente más respetuosos, como el rugby, ven el deslizamiento ocasional en violencia. Todos lo hemos visto, todos lo sabemos.

Otros dos episodios que circulaban en la boca, o mejor dicho, en las pantallas, de muchos lisboetas nos llegaron en forma de videos de aficionados: en uno, una pelea a la deriva por puro vandalismo en la entrada de Bica, en Baixa; en el otro, lo que parece ser un altercado entre dos mujeres en el Carnaval de Cais do Sodré termina con una intervención policial muscular. Dos situaciones más recurrentes que, con la llegada de los teléfonos con cámara, comenzaron a compartirse en Internet, pero que, incluso antes de la tecnología, fueron presenciadas todas las noches.

En Portugal, tomar una copa puede caer f√°cilmente en violencia. Los niveles excesivamente altos de alcohol en la sangre y testosterona combinados con niveles exageradamente bajos de autocontrol y sentido com√ļn conducen a situaciones de pelea demasiado frecuentes que, adem√°s de eso, no terminan cuando uno de los jugadores cae: no, en Portugal a menudo terminan con patadas en la cabeza de un pobre hombre inanimado en el suelo, o en una botella para devolver un golpe. Todos lo hemos visto.

Finalmente, algunos j√≥venes que vinieron de una raza ilegal murieron en una pantalla impresionante en la 2da Circular. A pesar de la tr√°gica p√©rdida de tres vidas, podr√≠a haber sido peor, ya que colapsaron un p√≥rtico y un poste de iluminaci√≥n, que cay√≥ sobre un autob√ļs Rede Expresso. Unos minutos antes, los j√≥venes hab√≠an publicado videos en su Instagram que mostraban que alcanzaron los 300 km / h en el puente Vasco da Gama. Para completar el c√≠rculo de irresponsabilidad, sus amigos y familiares sintieron que ten√≠an derecho a cortar el camino donde, 48 horas antes, los j√≥venes hab√≠an perdido la vida, sin ninguna autorizaci√≥n o consentimiento de las autoridades.

La seguridad vial, como su nombre lo indica, es parte (o deber√≠a ser) parte de las consideraciones de protecci√≥n ciudadana. Tener varias docenas de autom√≥viles que alcanzan velocidades de F√≥rmula 1 en una v√≠a p√ļblica cada semana no es muy seguro, ni permite que la arteria principal de una capital europea se corte al m√°ximo y quemaduras.

El subintendente Virg√≠lio S√°, de la Divisi√≥n de Tr√°fico de PSP, dice que la polic√≠a ¬ęact√ļa r√≠o arriba¬Ľ. Querida, estos j√≥venes se han estado reuniendo en el mismo lugar, el mismo d√≠a de la semana, durante a√Īos. Si yo, un ciudadano com√ļn, lo s√©, me sorprende que la polic√≠a no lo sepa. No parece una gran acci√≥n aguas arriba.

El √ćndice de Paz Global (IPG), el indicado ranking que coloca a Portugal como el tercer pa√≠s m√°s seguro del mundo, se centra principalmente en cuestiones de seguridad nacional. De hecho, Portugal no ha tenido un conflicto armado en su territorio durante muchos, muchos a√Īos; las relaciones con nuestro vecino geogr√°fico son pac√≠ficas y cordiales; Las instituciones pol√≠ticas, aunque deficientes en muchos aspectos, est√°n formalmente constituidas y en un sistema saludable, con baja probabilidad de golpes de estado o conflictos internos sectarios.

S√≠, esto es principalmente lo que eval√ļa el GPI. Las peleas callejeras y el golpe que conduce a la salida del estadio o discoteca, la violencia dom√©stica y de citas y los insultos en los estadios no se ajustan a este criterio. Especialmente porque, en la abrumadora mayor√≠a de los casos, ni siquiera se informan. Por lo tanto, tengamos un debate serio sobre la violencia sist√©mica y cultural en Portugal, antes de que una gran parte caiga en conversaciones populistas de chivos expiatorios y apele a sociedades musculosas. Porque eso, seguramente, nadie quiere decente.

El autor escribe seg√ļn la antigua ortograf√≠a.

Ana Gomez

Ana G√≥mez. Naci√≥ en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios a√Īos. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. Tambi√©n me considero una Geek, amante de la tecnolog√≠a los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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