Santo Tirso e Reguengos





Tengo una perrita que amo, comparte la casa con nosotros, es extraordinariamente leal, nos da una alegr√≠a inmensa, la extra√Īamos de vacaciones, la cuidamos con la mayor atenci√≥n y cari√Īo y es parte importante de nuestra vida familiar, por las mejores razones .





Hay una gran diferencia entre mi perro y los perros que ten√≠amos en casa de mi abuela. Con el traslado masivo de las casas a los apartamentos, la relaci√≥n entre las mascotas y sus due√Īos ha cambiado radicalmente; el perro y el gato dejaron de reinar en el patio y empezaron a compartir la habitaci√≥n con sus due√Īos, con todo lo que ello conlleva.

El incendio de Santo Tirso expuso una realidad que todos queríamos ignorar, nadie pregunta realmente por los perros callejeros que desaparecieron de nuestras calles. Cuando los vimos en vivo, víctimas de evidentes malos tratos, quemados por el fuego, hubo una conmoción generalizada. Entiendo completamente esta conmoción. Entiendo que la gente está indignada y se pronuncia en contra del innegable abuso de los animales domésticos. Entiendo que las autoridades se pronuncian en contra de la obvia falta de atención a estos animales.

Algo ha ido muy mal, algo ha fallado abiertamente en el deber de una sociedad evolucionada de tratar a los animales domésticos. No soy un defensor de los derechos de los animales, porque solo el hombre tiene derechos, pero soy un estricto defensor de las obligaciones del hombre hacia los animales.

La cantidad de personas mayores que han muerto en hogares con Covid-19 desde el inicio de la pandemia es abrumadora. El caso absolutamente dramático de Reguengos de Monsaraz es más que impactante, es la consumación de una fractura abierta entre el país y sus ancianos. Es el certificado de una gravísima falla del Estado, donde simplemente no podía fallar. No hay una sola excusa que pueda mitigar esta tragedia.

La sociedad ha cambiado mucho y rápidamente, en su mayor parte, para mejor. Vivimos vidas más largas, hay una democratización de los niveles básicos de comodidad, tenemos la educación obligatoria y la democracia adquirida. Esta evolución se ha realizado a costa del compromiso y sacrificio de los mayores de hoy. Como mencioné anteriormente, hubo un traslado masivo de las casas a los departamentos, pero mientras llevábamos al perro del patio a la sala de estar, trasladamos a la abuela de la sala a la casa. Mientras el perro se convirtió en parte de la familia, los abuelos se convirtieron en una molestia. No por el perro, obviamente, sino exclusivamente por nosotros.

En una sociedad de consumo sumamente materialista, vivimos mal fuera de los estándares impuestos por la mayoría y vivimos particularmente mal con la idea del envejecimiento. En un vértigo utilitario, el anciano pasó de pilares de la sabiduría, de la experiencia, de personas con un legado respetable, a una carga difícil de manejar. El Estado nos absorbe como contribuyentes activos y nos barre bajo la alfombra en el momento de la consideración. La familia, avergonzada y desarraigada, silba a un lado.





S√≠, es obvio que existen excelentes asilos de ancianos. S√≠, hay innumerables casos en los que el hogar es la √ļnica o mejor soluci√≥n. Las casas de hoy no tienen nada que ver con las antiguas. Los hogares son una respuesta social indudablemente muy importante. Algo diferente, es la verdadera contenedorizaci√≥n de los ancianos, la asunci√≥n generalizada de la negaci√≥n a los ancianos de su lugar en la familia. Otra cosa es el desprecio del Estado por los programas serios de envejecimiento activo, por la valorizaci√≥n de las personas mayores en la sociedad.

Si el Estado hace pedagogía animal, pedagogía ambiental, pedagogía social, sería el momento de invertir en pedagogía intergeneracional.

Reguengos es la imagen de una sociedad deshumanizada. La ausencia de ministros tutelares al momento de exponer la quiebra del estado es la caricatura más oscura de este Gobierno. La disparidad en la intensidad de la reacción entre Reguengos y Santo Tirso nos habla claramente de las prioridades y la absurda inversión de valores en la que viven quienes nos gobiernan. Mirar este panorama, además de exigir responsabilidades políticas evidentes, debería hacernos mirarnos a nosotros mismos como sociedad.

No tengo ning√ļn familiar en una casa, pero ciertamente no recibir√≠a los comentarios que a veces recibo por dejar a mi perro en un hotel canino de lujo durante la quincena de vacaciones de agosto: ‚Äú¬°No s√© c√≥mo eres capaz!‚ÄĚ. Nunca escuch√© un comentario semejante a quienes tienen familiares mayores en sus hogares, a menudo sin visitas o llamadas telef√≥nicas. No es miedo, algo que queremos fingir que no existe.

Esta inversión ideológica y de comportamiento pertenece a las corrientes más humanistas de la sociedad. Urge rehumanizar y revalorizar la vida de principio a fin, con la dignidad inalienable que la subyace en todas sus fases. La izquierda responde a la vejez con abandono y eutanasia, la derecha humanista tiene la obligación de responder con el retorno urgente de la dignidad perdida.

El abuelo ciertamente tiene algunos trucos geniales para ense√Īarle al perro en casa y, lo m√°s importante, algunas historias edificantes para contarle a sus nietos.

El autor escribe seg√ļn la ortograf√≠a antigua.

Ana Gomez

Ana G√≥mez. Naci√≥ en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios a√Īos. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. Tambi√©n me considero una Geek, amante de la tecnolog√≠a los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *