Sadeq Hedayat y la ceguera de la soledad.





Titulo: ¬ęEl b√ļho ciego¬Ľ
Autor: Sadeq Hedayat
Editor: E-Primatur
P√°ginas: 140
Precio: ‚ā¨ 13,90





El b√ļho ciego, una de las obras m√°s famosas de la literatura iran√≠, cuenta la historia de un hombre melanc√≥lico y solitario, obsesionado con la idea de la muerte, que entra en una espiral de alucinaciones y locuras, lo que lo lleva a la alienaci√≥n m√°s completa. Quiz√°s es por eso que, casi desde su publicaci√≥n, el trabajo de Sadeq Hedayat fue considerado da√Īino para la juventud, habiendo conducido supuestamente a una ola de impulsos suicidas entre sus lectores, como tambi√©n sucedi√≥, por ejemplo, con Esperando en centeno o Werther.

Sin embargo, m√°s que comprender este supuesto fen√≥meno social en todo el libro, quiz√°s sea importante analizar la visi√≥n del mundo que encontramos en √©l, una visi√≥n contaminada por una especie de cuarentena social, que se encierra en un mundo visto como vac√≠o, enfermo y, finalmente indigno del inter√©s del protagonista. El b√ļho ciego es, entonces, la historia del ¬ęabismo aterrador entre m√≠ y los dem√°s¬Ľ (p.8), la historia de alguien que, encerrado en s√≠ mismo, lee todo lo que lo rodea como compuesto por una chusma despreciable, visto no como estando compuesto por personas f√≠sicas, a imagen del protagonista, sino m√°s bien como ¬ęuna boca enorme que condujo a un mont√≥n de entra√Īas y termin√≥ en un √≥rgano sexual¬Ľ (p. 82). Un sentimiento tan fuerte que lleva al protagonista a confesar que tiene miedo de una idea:

[‚Ķ] Que las part√≠culas en mi cuerpo podr√≠an mezclarse con las de la escoria, una idea que no pod√≠a soportar. A veces, me gustar√≠a tener manos largas y dedos largos y sensibles para poder recoger cuidadosamente las part√≠culas de mi cuerpo y evitar que se mezclen con las de la escoria ‚ÄĚ(p. 109).

Esta visi√≥n del mundo es, adem√°s, perfectamente comprensible en la expresi√≥n que el protagonista siempre usa para referirse a su esposa: ‘esa perra’, siendo el determinante tan relevante como el sustantivo, ya que ilustra la distancia a la que incluso la mayor√≠a luego el protagonista se ha encontrado.

Sadeq Hedayat es, por razones comprensibles, a menudo comparado con Poe y Kafka, autores que el escritor iran√≠ admiraba mucho, pero quiz√°s el nombre que m√°s se nos ocurre al leer El b√ļho ciego ya sea de un mis√°ntropo como Bukowski, quien, como el protagonista de esta novela, siempre parec√≠a ver a todos los que se diferenciaban de √©l como una pandilla despreciable.

Al enfrentar a su vecindario de esta manera, el protagonista naturalmente se deja atrapar en una reiteraci√≥n interminable de sus obsesiones que, por lo tanto, se vuelven √ļnicas y extraordinariamente importantes y no dejan de rodearlo y arrastrarlo hacia abajo, en un ejercicio solipsista que no requiere un de acuerdo con la comprensi√≥n de los dem√°s. El protagonista se ver√° inmerso r√°pidamente en una alucinaci√≥n cuyos personajes son simult√°neamente, parad√≥jicos como parece, siempre iguales y eternamente cambiables, lo que convierte al libro en una interpretaci√≥n infinita de un sue√Īo en el que el protagonista entra y sale y donde, a la larga, todos su angustia, exagerada por la soledad.





Incluso los momentos en los que el lector se siente confundido, incapaz de comprender lo que est√° sucediendo, despu√©s de todo, ser√° visto como un triunfo por el narrador, que sobre todo tiene la intenci√≥n de proteger sus alucinaciones de la contaminaci√≥n del despreciable mundo exterior (¬ęno ser Un humano com√ļn y corriente, nadie m√°s que yo, pod√≠a mirar su cuerpo. Ella vino a mi habitaci√≥n y me entreg√≥ su cuerpo fr√≠o y su sombra, para evitar que otros la vieran, para no desanimarse por las miradas. de extra√Īos ¬ę(p. 35)).

Finalmente, la extra√Īeza causada por la historia de ¬ęEl b√ļho ciego est√° aumentada para los lectores occidentales, ya sea por las historias ex√≥ticas que encontramos all√≠, como lo demuestra la extraordinaria escena del juicio de la serpiente Naga, o por el tipo de met√°foras que se le ocurren a Hedayat, afortunadamente inconcebibles para los lectores occidentales, modernos y cosmopolitas como nosotros. A este respecto, citemos, por ejemplo, la imagen que Sadeq Hedayat usa para describir las patas de un caballo:

Las patas delanteras, delgadas como las manos de un ladr√≥n que se cort√≥ los dedos y se sumergi√≥ en aceite caliente, de acuerdo con la ley, golpearon el suelo suavemente y en silencio ‚ÄĚ(p. 38).

Tal vez leer El b√ļho ciego en d√≠as dif√≠ciles como estos, entonces, ay√ļdanos m√°s que caminar con consternaci√≥n hacia alg√ļn extra√Īo, para encontrar en la cuarentena que ahora estamos obligados a una pausa que nos permite tener en otros una soluci√≥n a la soledad, una forma de hacer el m√°s peque√Īo, despu√©s de todo, tan pocas ansiedades.

joaopvala@gmail.com

Manuel Rivas

Fernando Rivas. Compagino mis estudios superiores en ingeniería informática con colaboraciones en distintos medios digitales. Me encanta la el periodismo de investigación y disfruto elaborando contenidos de actualidad enfocados en mantener la atención del lector. Colabora con Noticias RTV de manera regular desde hace varios meses. Profesional incansable encargado de cubrir la actualidad social y de noticias del mundo. Si quieres seguirme este es mi... Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/manuel.rivasgonzalez.14 Email de contacto: fernando.rivas@noticiasrtv.com

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