Romper el círculo vicioso del bajo crecimiento

En mi artículo de hoy – en un ambiente de post-celebraciones del 25 de abril – pretendo tocar ligeramente dos temas importantes. El primero tiene que ver con los grandes avances que se lograron en dominios estructurantes clave en el régimen democrático posterior al 25 de abril de 1974 y el segundo reitera el grado de lentitud que muestra nuestra economía en cuanto al ansiado crecimiento económico.

Me ayudo a abordar el primer tema de los últimos datos difundidos por Pordata, que muestran que en este casi medio siglo de democracia, el país ha dado saltos cualitativos y civilizatorios muy relevantes, como por ejemplo en la tasa de mortalidad infantil, en la esperanza media de vida, en la brusca caída del analfabetismo, en el acceso a la educación superior y en la triplicación del empleo femenino.

Todo esto nos confronta con una mejora básica en el desarrollo socioeconómico, es decir, en las condiciones generales de vida. Sin embargo, el análisis de Pordata apunta a “retrocesos” en este largo período que tienen que ver principalmente con la situación demográfica, ya que mueren más personas de las que nacen y, en consecuencia, asistimos a un envejecimiento peligroso, incluso crítico, de la población.

No cabe duda que el tema demográfico asume ser un verdadero objetivo nacional, lo que requerirá la adopción de un conjunto de políticas integrales, debidamente consensuadas.

Pasando ahora al segundo tema, es decir, el lento crecimiento de nuestra economía. De hecho, y a pesar de la elevada cuantía de las ayudas comunitarias, la economía portuguesa se ha caracterizado por una cierta anemia desde que fue uno de los países pioneros en incorporarse al euro en 1999.

Según datos y estimaciones del FMI para el período 1999-2028 (30 años) Portugal lleva varios años de lento crecimiento y fue una de las economías más castigadas durante la crisis de la deuda soberana de 2008-11, cuando tuvo que someterse a los dictados de la troika En estos mismos datos y estimaciones (recuerdo para el período de treinta años 1999-2028) el perfil de crecimiento acumulado del PIB portugués apunta al 42,7% (¡comparar con el de Irlanda que en el mismo período se traduce en el 370%!), lo que equivale a una tasa de crecimiento anual promedio de solo 1.2%.

En la Unión Europea (UE), solo dos países se encuentran en el período bajo análisis con un peor desempeño: Italia (17,3%) y Grecia (24,3%). Cabe señalar que a nivel mundial, entre los PIB con un crecimiento más lento que Portugal, se encuentran países que han enfrentado o enfrentan situaciones de guerra o conflicto armado.

Sin embargo, las estimaciones del FMI para 2023-2028 parecen más pesimistas que las publicadas para el mismo período por el gobierno portugués. De hecho, para el año en curso de 2023, el FMI apunta a un crecimiento del PIB nacional a valores de solo el 1%, pero una estimación reciente del gobierno portugués -en el marco de la revisión de la Estabilidad y el Crecimiento- Plan – relanza la economía a un nivel de crecimiento del 1,8% (aún más irrisorio que el revelado en octubre, en la presentación de los Presupuestos Generales del Estado 2023), centrado probablemente en un aumento de las exportaciones y, en particular, de los flujos turísticos.

Por tanto -y al contrario de lo que refiere el FMI- Portugal huiría de la zona de las diez economías de la UE que crecerán por debajo del 1,2% en 2023, acabando por reforzar el ritmo de crecimiento respecto a la media de la UE, que se situará en 2023 en el del orden del 0,7%, como consecuencia de la contracción del 0,1% en el motor que es Alemania y del débil crecimiento de las economías más desarrolladas, como Francia (0,7%) e Italia (también 0,7%).

A pesar de este mayor optimismo por parte del Gobierno, las tasas de crecimiento anual del PIB rondarán el 2% anual en los próximos años, hecho que confirmará la tendencia de superación por parte de los llamados países de la cohesión, siempre preocupante, en particular cuando nos enfrentamos a mayores tasas de crecimiento en países como Croacia, Rumanía, Bulgaria y la propia Grecia.

Ahora bien, con este modesto nivel de crecimiento económico, y sabiendo que las importantes conquistas sociales siempre se ven desafiadas por el devenir del tiempo (que trae nuevas demandas y enfoques, por lo que la consolidación de un Estado social requiere la creación de más riqueza), uno no puede aspirar a altos vuelos. Esto se debe a que –y hasta ahora todo bien– se ha adoptado una política prudente para contener la deuda pública, que se estima se mantenga por debajo del 100% del PIB para el año 2025.

Estamos, por tanto, en un rumbo de estabilidad (al margen de los desbarajustes, claro), en un estilo llamado “pequeñito”, fuertemente expectantes ante los resultados de la ejecución del modernizador PRR hasta 2026, y destacando que el turismo sigue siendo considerado uno de los “motores” de nuestra economía.

Los principios de una economía de mercado están bien asentados en nuestra gobernanza, pero basados ​​en un Estado que redistribuye y mitiga las desigualdades sociales. Sin embargo, también será cuestionable la necesidad de que tengamos un nivel de crecimiento económico mucho mayor, aun sin descuidar el necesario equilibrio presupuestario.

Tenemos, en mi opinión, que ser “empujados” por quienes efectivamente crean riqueza (y empleo), es decir, por una iniciativa privada vigorosa y competitiva a la que el Estado no le crea demasiados costos de contexto, empezando por el exceso de burocracia y por una alta carga fiscal. En otras palabras, tendremos un Estado que, en la medida de lo posible, maneje menos de la torta de la riqueza nacional y fortalezca en particular a la clase media, manteniendo un nivel adecuado de preocupación social.

Pero atención, para ello urge – so pena de ineficacia – la consolidación de una clase empresarial que se redimensiona, relanza nuevos motores de innovación y productividad, y asume como pilar una adecuada capitalización y, también, una actitud de cooperación. entre empresas a nivel nacional e internacional. ¡Ya veremos!

El autor escribe según la ortografía antigua.

Ana Gomez

Ana Gómez. Nació en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios años. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. También me considero una Geek, amante de la tecnología los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebookhttps://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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