Rese√Īa de ¬ęEl juicio de los 7 de Chicago¬Ľ: una serie de actuaciones fant√°sticas elevan el drama de la sala de justicia pol√≠tica de Aaron Sorkin





Prueba de la revisión de Chicago 7





El juicio de los 7 de Chicago no es más que un escaparate de grandes actuaciones. Guionista-director Aaron Sorkin tiene sus defectos, algunos de los cuales se muestran aquí, pero una cosa que hace muy bien es crear el tipo de diálogo impactante, ágil y de rat-a-tat en el que a los buenos actores les encanta hundir sus dientes. Es posible que parte de ese diálogo no siempre suene natural; de hecho, a menudo roza el discurso. Pero el estilo de Sorkin con las palabras y el talento de un buen actor para pronunciar esas palabras suelen marcar la diferencia.

Se hablar√° mucho sobre c√≥mo El juicio de los 7 de Chicago es una pel√≠cula ¬ęactual¬Ľ. Y lo es, se trata de manifestantes que son el blanco de un sistema de justicia corrupto, algo que sigue siendo un problema grave en los Estados Unidos. Y parte de esa puntualidad est√° incorporada en la pel√≠cula; en algunos casos, incluso dificulta las cosas. Sorkin simplemente no puede resistirse a deletrear cosas que pueden leerse como un comentario tanto del pasado como del presente: alguien sostiene un cartel que dice CERRARLOS; ¬ę¬°La polic√≠a no inicia disturbios!¬Ľ un personaje pro-polic√≠a gru√Īe airadamente; ¬ęEl presidente no es un cliente del fiscal general¬Ľ, afirma claramente otro personaje; y hay una escena completa en la que todo se detiene para que los personajes puedan sopesar los pros y los contras de votar, incluso si el candidato en cuesti√≥n no es particularmente popular.

Estos momentos no suenan falsos, per se, pero se sienten como el tipo de escenas que Sorkin subray√≥ con l√°piz rojo varias veces en su copia del gui√≥n; escenas que pr√°cticamente gritan ¬ę¬°ESTA ES UNA PEL√ćCULA SOBRE TEMAS QUE TODAV√ćA SON IMPORTANTES HOY!¬Ľ A√ļn as√≠, ¬°qu√© escaparate de actor es este! Sorkin ha reunido un elenco asesino, todos los cuales est√°n realmente luchando por las vallas. Algunos tienen m√°s √©xito que otros, pero en general, todos aportan todo lo que tienen a la mesa. Sorkin tambi√©n es lo suficientemente inteligente como para darles a todos sus actores sus propios momentos individuales para brillar, lo cual no es una haza√Īa f√°cil ya que hay tanta gente a la que hay que seguir la pista aqu√≠.

Estamos en 1969. Los sesenta, una d√©cada turbulenta que Sorkin recapitula con una intro extra√Īamente alegre con m√ļsica alegre fuera de lugar, han llegado a su fin, y algunas de las figuras m√°s importantes de la contracultura de esa d√©cada han sido juzgadas. En 1968, estas personas se reunieron para la Convenci√≥n Nacional Dem√≥crata para protestar contra Hubert Humphrey, el candidato dem√≥crata que muchos consideraban que no era mejor que el candidato republicano Richard Nixon, especialmente cuando se trat√≥ del tema de la guerra de Vietnam. Los manifestantes fueron a Chicago con la esperanza de una protesta, pero las cosas estallaron en violencia.

Ahora, ocho personas est√°n siendo juzgadas por esa violencia. El juicio de los 7 de Chicago Se desprende del salto que este juicio es teatro pol√≠tico. Nixon gan√≥ la Casa Blanca, obviamente, y su nuevo Fiscal General John Mitchell (John Doman) quiere que se traigan dibujos animados a pesar de que el predecesor de Mitchell, Ramsey Clark (Michael Keaton), y su Departamento de Justicia determin√≥ que los disturbios fueron iniciados por la polic√≠a de Chicago y no por los manifestantes. A Mitchell no le importa eso, √©l es el que dice que los polic√≠as no inician disturbios. Y tambi√©n est√° resentido porque Clark se neg√≥ a renunciar a su puesto hasta el √ļltimo minuto posible. En la mente de Mitchell, esta es su manera de vengarse de Clark y la administraci√≥n de Lyndon B. Johnson.





El joven abogado del Departamento de Justicia Richard Schultz (Joseph Gordon-Levitt) es llevado a enjuiciamiento, y aunque no siente amor por los manifestantes, tampoco cree que haya mucho caso. Pero sigue adelante de todos modos, porque hace lo que le dicen. Y así los llamados 7 de Chicago van a juicio. Ellos son: Yippies floridos Abbie Hoffman (Sacha Baron Cohen) y Jerry Rubin (Jeremy Strong); el más directo Tom Hayden (Eddie Redmayne) y David Dellinger (John Carroll Lynch); el algo neblinoso Rennie Davis (Alex Sharp); John Froines (Daniel Flaherty) y Lee Weiner (Noah Robbins), que parecen completamente fuera de lugar entre el resto del grupo; y el cofundador de Black Panther, Bobby Seale (Yahya Abdul-Mateen II).

Si est√° contando, notar√° que hay ocho hombres en la lista anterior, no siete. Eso se debe a que el abogado de Seale termin√≥ en el hospital antes del juicio, y Seale no quer√≠a ser representado por los abogados que representaban a los otros siete hombres, principalmente porque no ten√≠a absolutamente nada que ver con ellos: se fue de Chicago antes de que comenzaran los disturbios. Sin embargo, a pesar de no tener una representaci√≥n adecuada, se permiti√≥ que el juicio contra Seale continuara, hasta que el gobierno finalmente parpade√≥ y pidi√≥ que se anulara el juicio para desestimar su caso. Abdul-Mateen II est√° al mando aqu√≠, y aunque en √ļltima instancia tiene menos tiempo en pantalla que los dem√°s (est√° fuera de la pel√≠cula a la mitad), hace que cada escena que tiene cuente, interpretando a Seale como alguien hirviendo de ira justa por c√≥mo lo est√°n enga√Īando. Llega a un punto cr√≠tico en un momento horrible en el que Seale es sacado de la sala del tribunal despu√©s de expresar fuertes objeciones, abusado f√≠sicamente y luego atado y amordazado. Es un momento de pesadilla, y el hecho de que realmente le sucediera a Seale en un tribunal de justicia de los Estados Unidos de Am√©rica no es m√°s que espantoso. La pel√≠cula incluso hace hincapi√© en que el fiscal Schultz exprese sus objeciones.

Pero eso viene despu√©s. Primero, el juicio comienza en un terreno incre√≠blemente inestable, ya que se hace evidente de inmediato que el juez que supervisa el caso, el juez Julius Hoffman (Frank Langella) est√° descaradamente predispuesto contra los acusados ‚Äč‚Äčy quiz√°s incluso incompetente. Langella es perfectamente exasperante aqu√≠, interpretando al personaje no como siniestro sino como alguien que conf√≠a completamente en sus propias habilidades y rectitud, aunque es dolorosamente obvio para todos los dem√°s que √©l es todo menos eso.

Todo esto es tan frustrante para William Kunstler, el abogado que defiende el 7, interpretado a la perfección por Mark Rylance. En una película con grandes actuaciones de pared a pared, Rylance es la mejor, principalmente porque logra hacer que su trabajo aquí parezca tan natural. Los otros actores están haciendo cosas memorables, pero nunca hay un solo momento en ninguna de las otras actuaciones en el que no sepamos que estos tipos están interino. Rylance, por el contrario, se siente menos como si estuviera dando una actuación y más como si estuviera encarnando a un personaje. Interpreta a Kunstler como un hombre que cree en la ley y que, al principio, se niega a aceptar que este juicio tenga motivaciones políticas. Pero a medida que el juez desestima una objeción sólida tras otra, Kunstler tiene muy claro que estaba equivocado y que esto es un error. muy juicio político, nos guste o no. Es magnífico ver a Rylance sopesar estos contrastes en la mente de su personaje; podemos sentir su angustia cuando poco a poco se da cuenta de la ley que jura al ser explotado tan descaradamente para obtener beneficios políticos.

En cuanto a los acusados, todos tienen sus propios momentos en el centro de atenci√≥n, a excepci√≥n de Froines y Weiner, que son tratados como poco m√°s que un escenario. Cohen obtiene la actuaci√≥n m√°s llamativa como el animado Hoffman, y mientras el acento del actor sigue desliz√°ndose por todos lados, se entrega con un trabajo fuerte, particularmente en los momentos en los que deja de bromear y tiene que ponerse serio. Strong’s Rubin es tratado casi como su compa√Īero, y el actor, desafortunadamente, decide adoptar una voz que lo hace sonar. exactamente como Tommy Chong (el verdadero Rubin no sonaba as√≠ seg√ļn las entrevistas que he visto). Dejando a un lado la extra√Īa elecci√≥n de voz, Strong se r√≠e mucho, y tambi√©n Cohen, principalmente porque el gui√≥n de Sorkin suele ser bastante divertido a pesar de los temas pesados ‚Äč‚Äčen el trabajo.

Tom Hayden de Redmayne eventualmente se posiciona para ser una especie de personaje principal a medida que avanza la pel√≠cula, y el trabajo de Redmayne es s√≥lido, si no llamativo. Lynch, como David Dellinger, demuestra una vez m√°s que si lo pones en tu pel√≠cula, tu pel√≠cula mejorar√° instant√°neamente cada vez que est√© en la pantalla. √Čl tampoco tiene mucho que hacer, pero un momento en el que finalmente pierde la calma en la corte es electrizante.

Y justo cuando nos acostumbramos a todas estas actuaciones despu√©s de pasar escena tras escena con estas personas, Sorkin da una gran sacudida a m√°s de la mitad al traer a Ramsey Clark de Michael Keaton. Keaton est√° solo en dos escenas de la pel√≠cula, pero Dios los toma, se los coloca debajo del brazo y se va corriendo con ellos. Clark es muy consciente de lo inventado que es el juicio, pero como ex Fiscal General, tiene muy poco poder. A√ļn as√≠, eso no impide que Sorkin le d√© a Keaton dos momentos magn√≠ficos en los que muestra el intelecto de su personaje.

Sorkin es m√°s conocido por sus di√°logos que por su direcci√≥n, y despu√©s de su segundo trabajo como director de largometrajes, no veo que eso cambie pronto. Sigue siendo un maestro de las l√≠neas √°giles, pero su destreza cinematogr√°fica sigue dejando mucho que desear. Entiende claramente que no necesita que la pel√≠cula sea visualmente llamativa ya que los verdaderos fuegos artificiales provienen de las actuaciones, pero su enfoque m√°s bien peatonal contin√ļa obstaculiz√°ndolo. La mayor√≠a de las tomas aqu√≠ son asuntos medianos, al nivel de los ojos, y para una pel√≠cula con Tantos personajes, Sorkin a menudo parece tener miedo de que todos compartan el mismo marco. Esto a menudo corre el riesgo de hacer Chicago 7 parece inerte, un estado de √°nimo que afortunadamente no se afianza, gracias a la fuerza de todas esas actuaciones. Y para una pel√≠cula con un mensaje tan poderoso y oportuno, hay largos per√≠odos en los que Chicago 7 es demasiado est√©ril; muy fr√≠o. El cine necesita urgentemente el mismo tipo de fuego y pasi√≥n inherentes a las actuaciones.

El lenguaje es el poder de Sorkin, y es f√°cil ver lo que lo atrajo a este proyecto: el lenguaje es lo que tambi√©n le da a los personajes su poder. Y aunque hay momentos en los que suena como si Sorkin estuviera predicando al coro, hay un gran √©nfasis en las palabras que usan los personajes y en c√≥mo esas palabras los meten en problemas o, en √ļltima instancia, les dan fuerza. Desde una perspectiva cinematogr√°fica, El juicio de los 7 de Chicago es robusto pero no particularmente revelador. Pero como sistema de entrega para grandes int√©rpretes que recitan un gran di√°logo, es casi imbatible.

/ Clasificación de película: 7.5 sobre 10

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Manuel Rivas

Fernando Rivas. Compagino mis estudios superiores en ingeniería informática con colaboraciones en distintos medios digitales. Me encanta la el periodismo de investigación y disfruto elaborando contenidos de actualidad enfocados en mantener la atención del lector. Colabora con Noticias RTV de manera regular desde hace varios meses. Profesional incansable encargado de cubrir la actualidad social y de noticias del mundo. Si quieres seguirme este es mi... Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/manuel.rivasgonzalez.14 Email de contacto: fernando.rivas@noticiasrtv.com

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