¬ŅQu√© pasa si miramos la pregunta primero?





Me doy cuenta de la tentaci√≥n de esperar a que la ciencia pol√≠tica responda una pregunta como esta: ¬ŅEs Chega un partido de extrema derecha o simplemente un partido de extrema derecha de la Nueva Derecha?





Pero, ahora que las respuestas ya se debaten: hay un nuevo libro del investigador Riccardo Marchi sobre el tema y con una posición, y hay al menos una revisión de un politólogo en el área (André Freire), en lugar de debatirlo, en este Daré prioridad a problematizar la pregunta misma. Y lo hago muy sucintamente desde tres ángulos diferentes: la naturaleza de los conceptos involucrados, la naturaleza de la relación entre el estudio y el objeto de estudio, y el poder de las ideas.

1) Los conceptos de la ciencia política a menudo no tienen un origen científico, sino que se vuelven científicos después, lo que no garantiza, sin embargo, que dejen de ser inherentemente discutibles, como ya lo fueron en su vida política. Por ejemplo, conceptos como libertad, igualdad, poder e incluso democracia son conceptos de límites borrosos y, a menudo, abiertos a interpretaciones divergentes. Este fenómeno ocurre con otras ciencias sociales y humanas, pero en menor medida; especialmente si no son conceptos políticamente disputados.

Obviamente, cuanto m√°s indefinido es un concepto, menos √ļtil ser√° en la ciencia. Por otro lado, todo se vuelve un poco m√°s dif√≠cil cuando la misma palabra sirve, simult√°neamente, usos pol√≠ticos y usos como un concepto de ciencia pol√≠tica. Un ejemplo: ¬ępopulismo¬Ľ, la palabra pol√≠tica que tambi√©n quiere ser un concepto pol√≠tico.

Se puede encontrar una reflexi√≥n sobre el tema en un buen manual de m√©todos de investigaci√≥n en ciencias pol√≠ticas, del cual traduzco las siguientes l√≠neas: ‚ÄúMuchos conceptos con los que se ocupan los polit√≥logos son abstractos y carecen de un significado compartido completamente preciso. Esto impide la comunicaci√≥n sobre la investigaci√≥n y crea incertidumbre sobre la medici√≥n del fen√≥meno ¬ę. (Janet Buttolph Johnson, H. T. Reynolds, Jason D. Mycoff, ¬ęM√©todos de investigaci√≥n en ciencias pol√≠ticas¬Ľ, p.122)

Esto no significa que no sea posible tener conceptos estables en la ciencia política. Significa que es un problema real y que se sentirá en mayor medida con algunos conceptos y en menor medida con otros. Ahora, pero precisamente con el concepto de derecho radical, el problema se ha notado en la bibliografía.

Por ejemplo, el investigador Kai Arzheimer, en un art√≠culo a√ļn reciente, titulado ¬ęLa confusi√≥n conceptual no siempre es algo malo: el curioso caso de los estudios europeos de derecho radical¬Ľ (La confusi√≥n conceptual no siempre es algo malo: el curioso caso de Derecha radical europea), as√≠ lo dice: ‚ÄúPara bien o para mal, los estudios sobre la derecha radical europea han prosperado en las √ļltimas tres d√©cadas, aunque, durante mucho tiempo, el subcampo ni siquiera estuvo de acuerdo con el nombre de su concepto principal. ¬Ľ Todo este problema, adem√°s, ya hab√≠a estado en la izquierda durante algunos a√Īos, reflejado, por ejemplo, en el libro de 2012, ¬ęLa izquierda radical en Portugal y en Europa¬Ľ, de Andr√© Freire y Luke March.





2) Al estudiar el presente, debemos confiar en una certeza: el objeto de estudio no muere el d√≠a en que se presenta el resultado del estudio y es necesariamente una parte interesada en ese resultado. Y, por supuesto, juega con √©l, ¬ęposando¬Ľ para la foto que m√°s le convenga.

Ver a trav√©s de este vidrio de din√°micas de inter√©s entre el objeto y su representaci√≥n no es algo por lo que los polit√≥logos est√°n o deber√≠an ser eliminados. Aunque se pueden hacer preguntas simples: por ejemplo, ¬Ņc√≥mo explica que una parte permanezca ejemplarmente dentro de los l√≠mites razonablemente reconocidos como los de la Nueva Derecha con respecto a su programa, pero en su p√°gina de Facebook, hace que un discurso sea f√°cilmente reconocible como extremo -¬ŅDerecha? ¬ŅO c√≥mo enmarcar, interpretar y analizar la declaraci√≥n del l√≠der del partido, publicada en este mismo peri√≥dico hace unos d√≠as, de que quiere ¬ęluchar por la supremac√≠a de la civilizaci√≥n europea en todo el mundo¬Ľ?

3) Cualquier investigador de un partido pol√≠tico sabe que su investigaci√≥n tambi√©n evoca la teor√≠a pol√≠tica y la historia de las ideas pol√≠ticas. Las categor√≠as aceptadas para distinguir ideol√≥gicamente a los partidos presuponen estas tres fuentes, si no m√°s. Pero admitir esto significa, o deber√≠a significar (perdonar el tono normativo) el reconocimiento de algo bastante banal para cualquier estudiante de ideas pol√≠ticas, a saber, lo que Isaiah Berlin llam√≥ ¬ęel poder de las ideas¬Ľ.

Las ideas políticas, ideas sobre el fenómeno político, son en sí mismas poderosas, en el sentido de que tienen un enorme poder para afectar la realidad social humana. La historia, particularmente la de las ideologías, está llena de evidencia sobre el alcance de este poder. Se diría que, a diferencia de las ideas sobre la naturaleza, que incluso pueden tener un gran poder predictivo, pero que de ninguna manera afectan los fenómenos sobre los que hacen predicciones, ideas políticas, que pueden no tener una gran capacidad para predecir el futuro, están impactando y transformando inmensamente la realidad. Las ideas políticas no son solo acerca de la realidad, sino que hacen realidad.

Ahora, si lo que se ha dicho anteriormente es razonable, es decir, primero, si los conceptos políticos en cuestión son particularmente discutibles, segundo, si el objeto de estudio al que se refieren estos conceptos es, además, una parte demasiado presente e indudablemente interesada del estudio, y tercero, si, finalmente, no perdemos de vista el poder peculiar de las ideas políticas, entonces hay razones sólidas para recomendar una epistemología defensiva, incluso una ultradefensa, cuando nos enfrentamos a preguntas como la que comienza este texto. No solo por respeto a la verdad que persigue la ciencia, sino también por los efectos que esta representación tiene en la realidad.

Sobre todo, existen preocupaciones sobre las consecuencias de una respuesta cient√≠fica cuando se convierte en una respuesta que llega a todo el espacio p√ļblico e induce confianza o desconfianza, adherencias o retiros, intenciones de voto en una direcci√≥n u otra. Con esto, no se profesa que no hay ciencia y no se intenta responder a la pregunta, sino que no se pierde de vista la epistemolog√≠a que este tipo de preguntas plantea y sus impactos extracient√≠ficos, es decir, pol√≠ticos.

El autor escribe seg√ļn la antigua ortograf√≠a.

Ana Gomez

Ana G√≥mez. Naci√≥ en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios a√Īos. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. Tambi√©n me considero una Geek, amante de la tecnolog√≠a los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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