¿Qué es lo que estamos festejando hoy?





Hoy celebramos un gran misterio que no puede ser disociado de otros misterios tan grandes o más grandes que la Encarnación, todos ellos bastante indeseables en el sentido más convencional de la palabra misterio. Misterio, por lo demás, significa pozo sin fondo, una realidad tan rica que, cuanto más profundizamos, más nos escapa.





Ya es difícil explicar el nacimiento de Jesús, hijo de una Virgen llamada María a quien apareció un ángel, pero todo se vuelve aún más complejo cuando usamos la terminología del verbo que se hizo carne.

Para cualquier mortal, incluso creyente, las dudas que estos grandes misterios levantan son torrenciales y legítimas, pero ayuda a percibir que la fe cohabitará siempre con la duda. Si hay duda, es señal de que es fe, dice Vasco Pinto de Magallanes, sacerdote jesuíta y un gran sabio, habituado a dar pistas a quien pide ayuda para intentar percibir o, al menos, conseguir acoger realidades más inaccesibles.

¿Qué es esto del verbo que se hace carne? ¿Y de qué estamos hablando cuando hablamos de encarnación? Es extraño, todo muy extraño, a la luz de nuestros días …

Cuando decimos que el verbo encarnó, eso significa que la palabra de Dios, su mensaje y la expresión de su amor han ganado cuerpo. Se materializó en un ser humano de carne y hueso. En realidad, nunca aplicamos la terminología del verbo a nosotros mismos, pero si lo hiciéramos, más fácilmente la comprenderíamos. ¿Qué es el verbo de cada uno de nosotros? ¿Qué es mi verbo? ¡Es la expresión de mi vida! Se nota que mi verbo no es sólo mi palabra, también es mi gesto, mi mirada, mi acción y toda la expresión de mí mismo. Todo lo que sale de mí y, hoy en día, llamamos marca individual. Eso es mi verbo, mi expresión activa.

En el caso de Jesús, nace para ser la voz de Dios, la identidad del Padre, su marca en el mundo, su expresión activa. En los gestos y en las miradas, no sólo en las palabras, note! Jesús revela siempre, y en todo, el amor de Dios. La actitud de Jesús, su manera de oír sin juzgar, de acoger, de conversar, de tener tiempo para cada uno, de perdonar y apuntar caminos de perdón y superación, muestra quién es Dios. Todo en el Hijo ilustra las palabras del Padre, y es en este sentido que se habla de encarnación, del verbo que se hace carne.

El verbo encarnar no es fácil de usar y, menos aún, integrar, pero quizás tenga más sentido a la luz de esta explicación. Confieso que me ayudó mucho. Como también me ayudaron otras palabras de Vasco Pinto Magalhães, que usa siempre tan bien su verbo para iluminarnos en estos caminos de la fe, especialmente en alturas como la que vivimos, en que se dispone a dar catequesis a adultos que no quieren quedarse en la 4ª. clase de la fe.





Una vez desencriptado el sentido de las palabras, vale la pena perder tiempo con el gran misterio del día de hoy, la Encarnación: ¿cómo es posible Dios ser humano?

Para responder a esta cuestión teológica continua con Vasco Pinto Magalhães, que siempre tiene el cuidado de todo enmarcado, para subrayar que la Teología es una ciencia, siempre en proceso de descodificar el mensaje bíblico, para permitirnos acceder y percibir lo que pasa a través de aquel lenguaje de tantos géneros literarios, de tantas circunstancias, tantos contextos que nos van revelando quién es Dios.

Siendo la Teología la descodificación de la Escritura y siendo éste un trabajo muy exigente, permanentemente en curso y nunca terminado, que permite profundizar lo que nos está diciendo por tantos autores, tantas sensibilidades y tantos lenguajes, tiene sentido la perspicacia de que Dios viene a nuestro encuentro si nos abrimos al encuentro con Él. Como dice el Libro del Apocalipsis, "he aquí que estoy a la puerta y el bato. Si te abren … "

Este "abrirse" es la condición de la Iglesia, es el desafío que tenemos para ser cristianos. El cristiano es aquel que abre el corazón a Dios para entrar porque Él, con todo el respeto que tiene por cada ser humano, sólo entra si le abren la puerta. Y este es otro gran misterio: el cuidado y el amor de Dios por cada uno de nosotros. Nunca se impone, sólo propone.

Hoy festejamos el amor, la cercanía, este venir al encuentro. El amor es y será siempre ir al encuentro del otro. Tan simple como esto.

El momento de la Encarnación, la Navidad que festejamos el 25 de diciembre es, como sabemos, una fecha escogida. Escogida porque en el Imperio Romano se celebraba la victoria del Sol, la fiesta Invictus que marca la fecha en que los días empiezan a crecer. La fiesta de Navidad viene ya después del siglo IV, después de los primeros concilios de la Iglesia, convocados para discutir grandes problemas de la teología, empezando por la encarnación.

¿Cómo es posible Dios y tres personas? Los concilios de Nicea y Constantinopla anduvieron por ahí en esta discusión, dice Vasco Pinto de Magallanes. Verdaderamente es un solo Dios en tres personas, pero es realmente un gran misterio! Ante este gran misterio de la Encarnación y más tarde, ya en el Concilio de Calcedonia, en el año 451, después de grandes tensiones, salió una definición: el verbo encarnado es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre.

¿Cómo es posible? Insistimos en las preguntas y en esta duda metódica que atraviesa tanto los que tienen fe como los que no la tienen. Imposible! Incluso a nosotros, los cristianos, muchas veces esto nos parece imposible. Y, por eso, fue una 'cosa' siempre muy discutida, este misterio de la Encarnación: un Dios que se hace verdaderamente uno de nosotros y es realidad, no una ficción.

En aquel tiempo esperaban un Mesías, pero nunca esto. El Mesías, se sabía, era un profeta muy particular que se convertiría en rey de Israel, pero no era Dios. Podría ser un Juan Bautista o cualquier otro que hubiera recibido la Misión al nacer y tuviera esa vocación. La idea de Mesías no incluía esta idea aterrorizante (humanamente aterrorizada) que salió muy cara a Jesús porque comenzó a hablar de Dios como Padre, a tratarlo por ti y decir: quien me ve, ve al Padre.

En un día como el de hoy y en una conversación sobre lo que estamos festejando, no se puede pasar al lado de esto. Y el impacto del verbo de Jesús (de su acción y no sólo de las palabras!) Fue tan fuerte que fue por causa de que lo mataron. La razón para llevar a Jesús a la muerte fue ser herético y blasfemo, hacerse Dios, armar en Dios, tratar a Dios por Padre y por ti, cosa que un judío no podía hacer.

En el Antiguo Testamento, Dios como Padre o como Madre, en el sentido de quien genera y quien crea, aparece apenas 14 veces. En el Nuevo Testamento, aparece más de 100 veces, esto tomando sólo los Evangelios. Y esa es una de las grandes novedades, poder tratar a Dios como Padre. Y decir que somos hijos, todos hijos de Dios. Esta novedad viene de la revelación con que Jesús se presenta. A cierta altura Él tiene esa conciencia: Él ya no es un profeta que apunta a Dios. Él es verdaderamente el Hijo de Dios. No sólo como todos nosotros somos. Él nos desafía, presentándose como aquello que nos cuesta creer que es.

Entonces Él es Dios? Más una pregunta, en esta sucesión de interrogantes. San Pablo y los primeros Padres dicen que "así como Él se hizo hombre, nosotros por la gracia de Dios estamos haciendo dioses, llamados a ejercer la divinidad". El problema es que tenemos de Dios ideas extrañas y distorsionadas, o poco claras. ¿Qué es la divinidad? ¡Es el amor! El amor crea, el amor salva, el amor integra, el amor comunica, el amor da sentido.

La gran revelación, tras la Encarnación que hoy celebramos, es Jesús nacer para decirnos quién es Dios y quiénes somos nosotros.

Nosotros somos humanos aún muy inhumanos, pero Él apunta el camino que nos puede hacer verdaderamente humanos: la divinidad, el amor. Somos tanto más humanos, cuanto más participantes de la divinidad, cuanto más cerca esté de Dios, en relación con Él, y en comunión con los demás. Abiertos a los demás, capaces de ir al encuentro de los que andan frágiles a nuestro alrededor.

Por todo esto, lo que nos parece ser una contradicción: Dios y Hombre (y, en nuestras categorías humanas, ser hombre es ser esta cosa que viene del polvo y al polvo ha de hacer, como si no fuese a ningún lado), no es nada contradictorio. Cuanto más humanos sea, más divinos nos convertimos. ¿Cómo? Nos trascender! ¿Y qué nos hace trascender, salir de nosotros mismos? ¡El amor, siempre el amor! El divino nos humaniza. Para ser de Dios tengo que dejar lo humano? No, sólo tengo que saber que lo divino me humaniza.

Muchas veces decimos sobre alguien y sus defectos: eso es muy humano. En verdad, ser bruto, agresivo, desconfiado o manipulador no es humano, es hasta bastante inhumano! Y la cuestión es la misma: porque todavía somos poco humanos, hacemos guerras, andamos al golpe, vengan, matamos, mentimos, idolatramos y corrompimos. Todo esto es profundamente inhumano.

Entonces, a la luz de estas explicaciones, aquello que comienza por parecer una cosa extrañísima, después de todo es posible y no encierra ninguna contradicción: Jesús nace y es verdadero Dios y verdadero hombre. Jesús, por cierto, es el único verdadero Hombre, con H grande. Sólo somos humanos en construcción.

Esta humanidad y divinidad de Jesús no es una unión, no es una suma, no hay separación. Calcedonia dijo: una persona, dos naturalezas. Un solo sujeto de relación.

¡Tanto más humano, cuanto más divino, más lleno de amor! Y el amor es Dios.

No estamos hablando de amor como hablamos de la pasión por éste o aquella, o del amor que tengo a mi familia oa mi ciudad. Amar es dar la vida, querer el bien del otro, poner su centro de gravedad en el otro, de forma inteligente. El problema es que también empezamos a llamar amor a la buena voluntad, a la paciencia, a la bondad, a la ternura, a la compasión y tantas otras sensaciones y afectos, acabamos por perder la noción de lo que es verdaderamente el amor.

En fin, volviendo al principio, no conseguimos hablar del misterio de la Encarnación sin juntar con otros misterios pues no hay resurrección sin encarnación, no hay encarnación sin creación y viceversa. A veces separamos todo y quedamos afligidos. En realidad, unos explican a los demás, sin de alguna manera explicarlo todo.

Jesús nació y creció, continuando encarnando de forma concreta, en su vida cotidiana, con su familia y sus amigos. Inculturada sí mismos. Aprendió a ser un judío de su tiempo, leyó las Escrituras y se enteró todo sobre su historia, sus raíces, su cultura. Se tardó treinta años en aprender a ser uno de nosotros. No tuvo esa prisa de que habla el Papa Francisco, alertando para un pecado moderno grave, en la medida en que el "rapidismo" nos hace querer todo para ayer y nos impide respetar nuestro tiempo y nuestro ritmo, haciéndonos fácilmente insoportables unos con otros. Del rapidismo viene la impaciencia; de la impaciencia viene la irritación; de la irritación viene la ofensa; de la ofensa viene el orgullo; del orgullo viene la agresión y por ahí adelante, en una espiral siempre negativa, dañina. Jesús aprendió a vivir ya ser humano, a vivir en paz ya ser pacificador. Es el Príncipe de la Paz.

Verdaderamente libre y siempre ligado al Padre, "Jesucristo, que no sabía nada de finanzas ni consta que tuviera biblioteca", como escribió Pessoa en su poema Libertad. Seguramente también nunca aprendió Inglés o llegaron a Portugal o Europa, pero aprendieron y enseñaron a siempre que no es el poder que viene la sabiduría, sino de amor.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nací en Cuba pero resido en España desde muy pequeñito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interesé por el periodismo y la información digital, campos a los que me he dedicado íntegramente durante los últimos 7 años. Encargado de información política y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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