Proteger el trabajo, proteger los ingresos … con RBI





Nos gustaría una desaceleración en el ritmo económico y en la vida en general en las sociedades contemporáneas, pero lo que estamos experimentando en este momento de emergencia es una parada repentina, no realmente una desaceleración. Por el contrario, esta parada es solo otra forma de acelerar, para guiar nuestros ritmos por la urgencia de la supervivencia.





En vista de esta parada repentina en muchos sectores econ√≥micos, no solo en la producci√≥n, con f√°bricas cerradas, sino tambi√©n en el consumo, con servicios y oportunidades cerrados, la destrucci√≥n de empleo no es una amenaza, pero ya es una realidad, que requiere la articulaci√≥n de respuestas. En estos tiempos, de manera similar a contener el contagio del virus, el esfuerzo pol√≠tico debe ser suavizar la curva de desempleo. Para contener esta curva, tambi√©n se necesitan pol√≠ticas p√ļblicas que apoyen la econom√≠a, con almohadas que absorban el impacto de la parada, con incentivos a las adaptaciones que eviten la parada, o incluso con la iniciativa econ√≥mica p√ļblica. No hay secretos El pensamiento que ocurre es el de un Plan Marshall.

Pero este frenado incontrolado de la economía es tal que requiere que se desagreguen los objetivos sociales. En nuestras sociedades, la protección del trabajo sigue siendo, sin duda, la principal forma de proteger los ingresos de las personas. Pero, además de esto, estos dos objetivos, proteger el trabajo y los ingresos, ya no deben estar condicionados entre sí. La situación de emergencia requiere este cambio de perspectiva: proteger tanto el trabajo como los ingresos, sin competencia entre ellos, será lo mejor para ambos.

Es posible proteger un nivel decente de los ingresos de las personas, independientemente del trabajo que puedan hacer, dándoles un ingreso básico incondicional (RBI) o ciudadanía; y es posible proteger el trabajo de las personas, que es un bien social al que todos tienen derecho, al distribuirlo de manera más equitativa, trabajando menos para que más personas puedan tener acceso al trabajo. Un ingreso básico puede aprovechar un día laboral con menos horas o una semana laboral con menos días. Los dos objetivos serán más alcanzables si se unen en lugar de competir entre sí.

Este cambio de perspectiva no valida un RBI a expensas de destruir el valor social del trabajo, al contrario de lo que piensan muchos que lo temen y luchan, especialmente en la izquierda, y que, por lo tanto, lo acusan como una medida de derecha, que no defiende intereses de los trabajadores El punto a subrayar es que el RBI puede y debe ser lo contrario, liberando lo que puede ser valioso en el trabajo, la vida activa que satisface a las personas individual y socialmente, de lo que lo convierte en solo un instrumento de dominación: la necesidad de un ingreso supervivencia

Las economías se basan cada vez menos en la producción laboral y el deseo de las sociedades de saber cómo aprovechar este cambio para proporcionar a las vidas más tiempo libre es un orden de razones que, en el futuro, deben presentarse. Simplemente, ahora, en el futuro que se ha precipitado y no en lo que nos espera, lo que está en juego no es reemplazar el trabajo por placer, sino el trabajo forzado, cualquiera, a cambio de un salario de supervivencia, por un trabajo más abundante, que suficiente para todos, y menos de lo que depender para sobrevivir.

Seg√ļn esta perspectiva, el RBI, un beneficio financiero atribuido a cada persona √ļnicamente en virtud de su ciudadan√≠a, independientemente de la formulaci√≥n que adopte en un marco de pol√≠ticas p√ļblicas, es un instrumento robusto para garantizar una concepci√≥n m√°s digna del trabajo, como un bien social. . Al hacer que un nivel de ingresos sea independiente del trabajo, el RBI tambi√©n est√° haciendo un nivel de trabajo independiente del mercado. Deseablemente, los bienes sociales m√°s b√°sicos deben ser des-mercantilizados. Esta es la teor√≠a para un RBI emancipatorio.





En estas semanas, las iniciativas y peticiones de ciudadanos y partidos, en Europa y Portugal, se suceden. Los debates y los callejones sin salida durante d√©cadas se resuelven. Por primera vez, se ve que los gobiernos nacionales est√°n de acuerdo, de manera integral, en la distribuci√≥n de dinero por parte de los ciudadanos justificada solo en su ciudadan√≠a. Espa√Īa est√° un paso m√°s cerca de eso. Qui√©n sabe, ¬ŅEuropa puede ser rescatada en torno a un programa com√ļn de RBI?

En el debate nacional, lo que para muchos fue una imposibilidad aritm√©tica se convierte en un horizonte significativo. La propuesta de desviar, dentro del marco europeo, el presupuesto de emergencia de 870 mil millones de euros a un subsidio para cada ciudadano de la UE dar√≠a un poco m√°s de cien euros al mes a cada europeo. En muchas familias en una situaci√≥n cr√≠tica de emergencia, multiplicar esa cifra por el n√ļmero de miembros del hogar podr√≠a ser un salvador. Entre eso y la entrega de la misma cantidad al sistema financiero, existe una cuesti√≥n pol√≠tica importante. La diferencia es que ahora se trata realmente, de una forma u otra, de afectar una gran cantidad. Hay una elecci√≥n que hacer.

El horizonte de la aritm√©tica imposible que releg√≥ la idea a utop√≠as poco realistas ha sido reemplazado por el del realismo de la necesidad. Y estas cuentas ni siquiera est√°n considerando otras formas de financiaci√≥n. M√°s individuales, como los impuestos ecol√≥gicos, obligan a la econom√≠a a soportar m√°s sus externalidades ambientales negativas. Otros que son m√°s estructurales, especialmente el que resultar√≠a de un cambio que eventualmente tendr√° que enfrentar: a medida que toda la econom√≠a paga impuestos sobre la renta, toda la econom√≠a debe esa contribuci√≥n social a ese mismo ingreso. Incluso cuando no emplea a un solo trabajador. Es com√ļn decir que la econom√≠a debe servir a las personas y no al rev√©s. Porque no debemos dejar de repetirlo.

Sin embargo, aquellos que defienden un RBI emancipatorio, y no la dominaci√≥n social (una distinci√≥n en la que muchos han insistido), no pueden ser enga√Īados por las victorias de Pirro. El RBI nunca es un fin en s√≠ mismo, es solo un instrumento, cuya bondad social depende de los fines a los que est√° dedicado. Es por eso que, incluso en esta situaci√≥n de emergencia en la que, de repente, el RBI se convierte en una idea ganadora, todo a√ļn no se ha ganado.

Si su prop√≥sito es solo hacer aceptable a una poblaci√≥n inactiva, o si se trata de colocar una provisi√≥n p√ļblica para financiar indirectamente los servicios privados al deshabilitar los servicios p√ļblicos, entonces el RBI solo est√° sirviendo a la supervivencia del paradigma de producci√≥n y consumo que precisamente debe ser cuestionado.

Es bueno entender que esta es una posibilidad tan real como un uso emancipatorio del RBI. Este es, de hecho, un tema político mucho más central que si es posible lograr un RBI generoso en su totalidad o solo una versión parcial. De hecho, es todo lo contrario: las estrategias impuras, fragmentarias o de compromiso, con miras a implementar un RBI, son la mejor garantía de mantenerlo en el campo del cambio de paradigma. Doy tres ejemplos.

1 / Un RBI puede estar parcialmente distribuido en bienes esenciales provistos por servicios p√ļblicos o, al menos, por servicios que no compiten con un servicio p√ļblico. Cierto techo El Estado puede garantizar cuotas mensuales de agua, electricidad, acceso a internet, transporte p√ļblico que tendr√≠an que pagarse. De esta manera, y de manera muy consistente, se elimina el riesgo de asignar un RBI para financiar servicios privados que compiten con los servicios p√ļblicos.

Cabe se√Īalar que, con esto, no se trata de obstaculizar la iniciativa privada, sino de hacer de RBI una nueva forma de b√ļsqueda de rentas el Estado, desviando recursos que carecen de sus propios servicios y desviando a los usuarios a una l√≥gica de clientes. Es esencial que el RBI no cumpla el prop√≥sito econ√≥mico liberal de minimizar el estado de bienestar y se concibe, por el contrario, como una extensi√≥n y profundizaci√≥n del estado de bienestar.

2 / Otra posibilidad a tener en cuenta ser√≠a promover, en lugar de un RBI fijo igual para todos los ciudadanos, un RBI con variaci√≥n seg√ļn un criterio de edad. Seguir√≠a siendo universal, igual para todos entre las mismas edades, pero variando seg√ļn las necesidades de mayor o menor edad. Por ejemplo, se estableci√≥ que hasta la edad de la mayor√≠a de los ciudadanos solo se beneficiar√≠a de una fracci√≥n del RBI. O establezca que desde la edad de jubilaci√≥n, el RBI debe ser absorbido si se excede el l√≠mite de jubilaci√≥n. Y al igual que estos dos ejemplos, se pueden implementar otros modelos para predecir una variaci√≥n de edad del RBI.

3 / Finalmente, el principio subyacente del RBI no se contradice si, bajo un s√≥lido consenso social, se decide que las grandes fortunas no necesitan recibir este beneficio. No porque sean menos ciudadanos, sino porque lograr√≠an, con el RBI, un beneficio residual. De hecho, esta ser√≠a la situaci√≥n sim√©trica de la actual, en la que el derecho al RSI y otros beneficios sociales deja la carga al ciudadano, que tiene que demostrar que carece (la ¬ęprueba de condici√≥n de los recursos¬Ľ de la Seguridad Social), con el precio de la estigmatizaci√≥n, o al menos el cobro de la deuda social para colgar sobre su vida. Por el contrario, la responsabilidad recaer√≠a en el Estado, que tendr√≠a que definir un criterio de grandes fortunas y luego identificarlos para abstenerse materialmente de disfrutar de un derecho que, en cualquier caso, disfrutan formalmente.

Estas y otras posibilidades deben combinarse, variando las geometr√≠as, bas√°ndose en un buen dominio de las pol√≠ticas sociales, pero maximizando la eficiencia con miras a poner en funcionamiento un RBI dise√Īado dentro de una matriz liberal-igualitaria, y capaz de responder al desaf√≠o crucial de profundizar de la socialdemocracia: revertir la tendencia al crecimiento de las desigualdades que se han registrado durante d√©cadas en la econom√≠a de mercado global, ya sea en las econom√≠as nacionales pobres o ricas, incluso en la OCDE, incluso en los escandinavos que m√°s nos gusta ejemplificar como modelo para seguir.

El autor escribe seg√ļn la antigua ortograf√≠a.

Ana Gomez

Ana G√≥mez. Naci√≥ en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios a√Īos. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. Tambi√©n me considero una Geek, amante de la tecnolog√≠a los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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