¬ŅPara qui√©n es la revoluci√≥n cultural en curso?









Por un lado, es el padre Vieira, tal vez porque su estatua no est√° en un pedestal y es m√°s f√°cil de alcanzar; por otro lado, J. K. Rowling, ¬ęcancelado¬Ľ por su creencia en la mujer biol√≥gica. Es muy f√°cil enojarse y pensar que esta es la batalla final entre la civilizaci√≥n y la ¬ęlocura¬Ľ. Tambi√©n es muy f√°cil encogerse de hombros y re√≠rse de la ignorancia de los activistas. O sea filos√≥fico y reflexione que no hay iconoclasia m√°s severa que la del tiempo que, como en el poema, tomar√° al due√Īo del estanco, el letrero de la tienda, la calle y el idioma en el que se escriben los versos. S√≠, podemos estar enojados, re√≠rnos o hacer filosof√≠a. Pero solo ser√≠an modos de ingenuidad. La revoluci√≥n cultural en curso no es la erupci√≥n de ninguna lava subterr√°nea subversiva. Es otro juego apocal√≠ptico a trav√©s del cual las oligarqu√≠as pol√≠ticas occidentales han estado luchando por el poder.

Hace unos meses, las manifestaciones se debieron al ¬ęcalentamiento global¬Ľ. Hace unos a√Īos, estaban en contra del ¬ęcapital financiero¬Ľ. Ahora, est√°n en contra del ¬ęracismo¬Ľ. Todos ten√≠an dos cosas en com√ļn. Por un lado, se basaban en el mismo activismo callejero y de redes sociales que la vieja extrema izquierda, ya que ahora se exhibe en la ¬ęzona aut√≥noma¬Ľ de Seattle (una ¬ęcomuna¬Ľ en el estilo parisino del siglo XIX). Por otro lado, solo ten√≠an la dimensi√≥n que ten√≠an porque fueron apoyados y expandidos por los medios de comunicaci√≥n, por las celebridades del espect√°culo y por una gran parte de la oligarqu√≠a pol√≠tica y empresarial, comenzando por aquellos que disfrutan de sus reformas en la ONU y otras ONG. Los temas variaron, pero el m√©todo siempre fue el mismo: denunciar la democracia, atacar la econom√≠a de mercado y lamentar la influencia occidental en el mundo, como si todo (democracia, mercado, influencia occidental) fueran mecanismos simples de discriminaci√≥n racial, destrucci√≥n ecol√≥gica, o desigualdad social.

S√≠, estos movimientos a veces conllevan preocupaciones genuinas y propuestas leg√≠timas. El legado de la segregaci√≥n en los Estados Unidos, por ejemplo, todav√≠a persigue muchas relaciones. Pero para los activistas, el ¬ęproblema¬Ľ, cualquiera que sea, importa menos que su utilidad para atacar el ¬ęcapitalismo¬Ľ. Observe la indiferencia total hacia los negros asesinados por otros negros, o los blancos asesinados por la polic√≠a, como Tony Timpa, asfixiado en 2016 de la misma manera que George Floyd. La brutalidad policial o la muerte de los negros no los perturba, al igual que la contaminaci√≥n, si no pueden usarse para definir el ¬ęsistema¬Ľ como ¬ęracista¬Ľ. Ni siquiera un ¬ęnegro¬Ľ es, para ellos, necesariamente un ¬ęnegro¬Ľ. Para el secretario de BLM en Nueva York, Hawk Newsome, un hombre negro que es polic√≠a ya no es negro. El candidato dem√≥crata Joe Biden tiene la misma opini√≥n: un hombre negro que vota por Trump tampoco es un hombre negro. Es solo cuando renuncian a la condici√≥n de individuos aut√≥nomos, para diluirse en una masa sin su propia voluntad de ¬ęv√≠ctimas¬Ľ bajo la tutela de los activistas, que los negros son negros. Si esto no es racismo, ¬Ņqu√© es el racismo?

El objetivo de la campa√Īa no es mejorar la condici√≥n de la poblaci√≥n afroamericana. Es explotar los sentimientos de culpa de la mayor√≠a blanca. Lo est√° tomando, como en las religiones donde es necesario negar ¬ęel mundo¬Ľ para salvar el alma, rechazar la historia, los valores y las instituciones que son los cimientos de la vida libre en Occidente, con el pretexto de que todo est√° contaminado. por ¬ęracismo¬Ľ. Por ahora, el resultado del movimiento es el miedo: miedo instalado en las universidades, los medios de comunicaci√≥n, las grandes empresas, donde cualquier empleado vive aterrorizado ante la idea de ser acusado de ser ¬ęracista¬Ľ y perder todo. La comparaci√≥n con la revoluci√≥n cultural mao√≠sta de 1966 tiene sentido, pero no solo se debe al vandalismo y las pr√°cticas violentas. Tambi√©n se debe a la forma en que la oligarqu√≠a pol√≠tica fomenta y utiliza c√≠nicamente la agitaci√≥n. En 1966, en China, Mao manipul√≥ a los ¬ęguardias rojos¬Ľ para destruir al gobierno y volver al poder. En 2020, en Estados Unidos, los dem√≥cratas intentan hacer lo mismo con su versi√≥n de los ¬ęguardias rojos¬Ľ.

No, la izquierda radical no va a tomar el poder, rehacer la sociedad o revisar la historia. La izquierda radical ha fallado. En los Estados Unidos, el candidato dem√≥crata es Biden, no Sanders. Pero el entorno que la izquierda radical ha creado en las universidades, en la industria cultural, en las redes sociales y en las calles sirve a los juegos de poder de la oligarqu√≠a. En los Estados Unidos, es muy claro. El movimiento actual, como los anteriores, nunca habr√≠a alcanzado su dimensi√≥n actual sin la cobertura que le dio el liderazgo del Partido Dem√≥crata, que incluso se fotografi√≥ de rodillas en el Capitolio. La izquierda radical solo cuenta porque hay una izquierda que dice ¬ęmoderada¬Ľ, pero que la usa para rodear e intimidar a sus oponentes.

A veces alguien de la bien pensada oligarqu√≠a, como J.K. Rowling, es salpicado. Luego da una idea de que la ¬ęlocura¬Ľ afecta a todos. No lo hace. Tome el caso de ¬ęMeToo¬Ľ. Contra Brett Kavanaugh, el juez designado por Trump, todo sali√≥ bien. Pero he aqu√≠, las acusaciones de acoso sexual golpearon a Joe Biden, el candidato dem√≥crata. Ese d√≠a, MeToo muri√≥. Por m√°s justificadas que est√©n, las protestas solo tienen ox√≠geno cuando pueden servir a la √©lite dem√≥crata en su guerra contra Trump. Insatisfechos con los resultados de las elecciones de 2016, los dem√≥cratas recurrieron a todo para desmontar al presidente: investigaciones judiciales, procesos legislativos. Ahora, los radicales son musulmanes en la calle. Es una especie de chantaje: se trata de hacer sentir a los estadounidenses, a trav√©s de la polarizaci√≥n y la confrontaci√≥n violenta, que no habr√° paz ni civilizaci√≥n hasta que los dem√≥cratas vuelvan al poder. Solo lee el New York Times o ver el CNN, para darse cuenta de que si necesitan incendiar la casa, lo har√°n.





No, no estamos enfrentando una marea en la historia. Estamos ante especulaciones pol√≠ticas, que creen que, una vez que se hayan alcanzado los objetivos, ser√° f√°cil volver a colocar al tigre en la jaula. Hace alg√ļn tiempo, Jo√£o Miguel Tavares pregunt√≥ a la derecha: mira a Trump: ¬Ņvali√≥ la pena votar por √©l solo para sacar la lengua de lo pol√≠ticamente correcto? Es hora de preguntar tambi√©n a la izquierda: mire el anti-Trumpismo: ¬Ņvali√≥ la pena destruir el espacio p√ļblico de las democracias, solo para dificultar la reelecci√≥n de Trump? ¬ŅNi siquiera se te ocurri√≥ que podr√≠a ayudar a Trump?

Manuel Rivas

Fernando Rivas. Compagino mis estudios superiores en ingeniería informática con colaboraciones en distintos medios digitales. Me encanta la el periodismo de investigación y disfruto elaborando contenidos de actualidad enfocados en mantener la atención del lector. Colabora con Noticias RTV de manera regular desde hace varios meses. Profesional incansable encargado de cubrir la actualidad social y de noticias del mundo. Si quieres seguirme este es mi... Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/manuel.rivasgonzalez.14 Email de contacto: fernando.rivas@noticiasrtv.com

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