Ortega ha tramado un plan para no volver nunca más al poder y la represión continuará, dice exdiputado





Sergio Ramírez, de 78 años, conoce bien a Daniel Ortega. Escritor y exmiembro del Frente Sandinista de Liberación Nacional, responsable del derrocamiento del régimen autocrático de Anastasio Somoza en la década de 1970, fue vicepresidente del país entre 1985 y 1990 y, por tanto, número dos bajo el actual dictador de Nicaragua.





Posteriormente, por desacuerdos con Ortega, fundó un partido disidente, el Movimento Renovador Sandinista (MRS), por el que fue el candidato presidencial derrotado en las elecciones de 1996. En autócrata.

«Ortega ha elaborado un plan para no dejar nunca el poder. La represión seguirá, no hay sanción internacional que lo atemorice», dice. Desde Estados Unidos, donde espera quedarse «hasta que las cosas se calmen», ya que el régimen ha arrestado a cinco candidatos presidenciales en las últimas tres semanas, Ramírez habló por videoconferencia.

¿Cuál es el motivo de la escalada de Ortega para perseguir a los opositores? Desde que Ortega regresó a la presidencia en 2006, se ha jurado a sí mismo que nunca dejará el poder. Consideró un error haber aceptado los resultados electorales de 1990, cuando fue elegida Violeta Chamorro, una ex aliada del sandinismo que había venido a abogar por una línea más central. Al regresar al poder, comenzó a hacer un plan para permanecer en él para siempre. Una de las acciones fue aprobar la reelección indefinida. En algunos momentos de su administración, al país le fue bien. La economía estaba mejor, la oposición estaba dividida, era aliado de los empresarios. Así que la última elección fue un paseo para él. Ganador proclamado con más del 70% de los votos [72,5%] y logró una abrumadora mayoría en la Asamblea Nacional.

¿La imagen es diferente ahora? Sí. Aunque no lo parezca a los forasteros, hay una situación complicada para él. La economía se está deteriorando y el surgimiento de un candidato opositor más fuerte dificultaría la promoción de un fraude que escondería una derrota. Entonces comenzó a tratar de dividir a la oposición y comenzó a intrigar y cambiar las leyes para que las ventajas fueran para él.

Renovó el Consejo Electoral con siete magistrados fieles nombrados por él, sin pasar por el Parlamento. Hoy tiene el control total del aparato electoral. Aun así, el surgimiento de una figura fuerte de la oposición podría hacerle un trabajo inmenso. Y esto comenzaba a pasar con Cristiana Chamorro [uma das cinco pré-candidatas presidenciais presas]. Ella es una mujer carismática y el carisma es algo que le falta. Entonces su posible candidatura lo asustó mucho.





Hay rencor entre familias, ¿no es así? Los chamorros eran aliados del sandinismo. Además de Violeta, la madre de Cristiana, está Carlos, quien fue simpatizante y ahora maneja el principal vehículo independiente del país. Sin duda. Y la figura de Pedro Joaquín Chamorro [pai de Cristiana e Carlos, marido de Violeta e mártir do sandinismo] Todavía persigue a Ortega, porque representó el periodismo opositor y heroico contra Somoza. Sin duda, hay un impulso de Ortega para reescribir la historia de la Revolución Sandinista y minimizar la participación del Chamorro. Hay rencor contra la familia al mismo tiempo que les ha unido la historia. La esposa de Ortega, la también poderosa Rosario Murillo, ahora vicepresidenta, también trabajó en el [jornal] La Prensa, con Pedro Joaquín Chamorro. Hay agravios históricos en esta disputa.

¿Qué cambió después de 2018, cuando hubo una gran ola de protestas reprimidas brutalmente? Es el año en que el ánimo hacia Ortega empezó a cambiar. La gente salió a la calle, hubo mucha violencia, el régimen demostró que tenía una fuerza paramilitar y más de 300 personas murieron. La opinión pública se volvió contra él y comenzó su desgaste popular. Por otro lado, sabe que ahora es grande el miedo a salir a la calle a protestar contra el gobierno, pero que la población puede expresar su descontento a través del voto. De ahí la preocupación por las elecciones.

¿Cómo quiere dibujar Ortega estas elecciones? De momento, con cinco precandidatos fuera de juego, el único oponente serio es Medardo Mairena, un líder campesino que lideró la lucha contra la construcción de un canal. [que Ortega negociou com uma empresa chinesa, mas que nunca foi adiante] similar al Canal de Panamá. Creo que podría ser arrestado o neutralizado en cualquier momento. Entonces Ortega intentará montar un circo con una oposición títere, alineada con él, y volverá a ganar las elecciones.

¿Es un método que toma prestado del chavismo? Sí, pero las diferencias entre los dos países significan que este método puede no funcionar en Nicaragua. En Venezuela funciona porque hay mucho dinero ahí. El régimen está involucrado en diversas acciones ilegales, contrabando, minería de oro, narcotráfico, hay mucho dinero para financiar ese aparato. Con Nicaragua el tema es diferente. Es un país cuya economía se articula con el comercio estadounidense. Más del 60% de lo que exporta Nicaragua va al mercado norteamericano. Nicaragua no tiene más recursos naturales que el oro, e incluso el oro se extrae a través de empresas canadienses y estadounidenses. En otras palabras, este discurso antinorteamericano, antiimperialista del chavismo no se puede aplicar en Nicaragua.

El reciente informe de la ONG Human Rights Watch pide sanciones a Ortega, Murillo y otros altos miembros del régimen. ¿Puede ser de alguna utilidad? No creo. Casi todo el gobierno de Ortega recibió sanciones: sus hijos, su esposa, los ministros clave, el jefe del ejército, la policía. No creo que tenga ningún efecto real contener a Ortega. No le tiene miedo. E incluso el Senado de los Estados Unidos parece que presentará un proyecto de ley de sanciones en estos días contra Ortega.

¿Qué sigue entonces? Ortega intensificará la represión. Va a seguir deteniendo, va a seguir empujando al «establecimiento» – empresarios, banqueros, periodistas – hacia fuera. Por no hablar de los disidentes del sandinismo.

Eras su vicepresidente. Hoy, ¿lo reconoce como presidente? De ninguna manera. Estamos en otro tiempo. Fueron momentos heroicos. La gente cambia, se transforma. También creo que, en 1980, no podía haberse convertido en caudillo, porque éramos un gobierno más colectivo, había una junta, con varias tendencias. Y era necesario encontrar un equilibrio para no poner en riesgo nuestra victoria. La deriva autoritaria de Ortega llega después. Cuando, en la década de 1990, hubo disidencias como la nuestra, se sintió herido y aferrado a este proyecto.


Rayo X

Sergio Ramírez, 78

Formó parte de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, creada tras el triunfo de la Revolución Sandinista, en 1979, y fue vicepresidente de Daniel Ortega (1985-1990). Rompió con su antiguo aliado en 1996 y se postuló a la presidencia del Movimiento Renovador Sandinista. Como escritor, ha publicado obras como «La Fugitiva» y «Está Linda la Mar» y ganó el premio Cervantes (el más importante en lengua española) en 2017. Es creador y organizador del festival Centroamérica Cuenta, que lanza nuevos autores centroamericanos.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nací en Cuba pero resido en España desde muy pequeñito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interesé por el periodismo y la información digital, campos a los que me he dedicado íntegramente durante los últimos 7 años. Encargado de información política y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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