Nuestra política no cumple con la Constitución.









1 Sí, querido lector, este artículo proviene principalmente del desarrollo de mis dos artículos anteriores (este y este). Si te cansaste de estos dos, entonces no leas más. Pero el tema es central y central en nuestra vida política; y ha sido olvidado, ya sea por partes o por opinión publicada. Estas fuertes razones, creo que pueden justificar mi insistencia.

2 La pol√≠tica portuguesa no cumple con la Constituci√≥n en lo que respecta al principio constitucional fundamental de subsidiariedad estatal, consagrado en el art. 6to Una "reforma estatal" indispensable y urgente en Portugal, por lo tanto, consiste en iniciar efectivamente el cumplimiento del principio de subsidiariedad, al cual el Estado est√° sujeto en virtud de ese art√≠culo, que establece: 'El Estado es unitario y respeta , en su organizaci√≥n y funcionamiento, el r√©gimen aut√≥nomo insular y los principios de subsidiariedad, autonom√≠a de las autoridades locales y descentralizaci√≥n democr√°tica de la administraci√≥n p√ļblica.

3 Crucemos inmediatamente aqu√≠ una definici√≥n del principio de subsidiariedad, que generalmente se considera paradigm√°tico, y que figura en la enc√≠clica social del Papa P√≠o XI Quadragesimo Anno, significativamente en el a√Īo 1931, cuando el Papa quer√≠a presentar una clara oposici√≥n al mundo. doctrina centrista, liberal-social, cuando las terribles ideolog√≠as totalitarias del comunismo, el fascismo y el nazismo amenazaban (ya en un alto grado a nivel internacional). De esta definici√≥n se transcribe lo siguiente.

"Sin embargo, ese principio solemne de la filosof√≠a social permanece sin cambios: as√≠ como es injusto restar a los individuos lo que pueden lograr con su propia iniciativa y habilidad, confiarlo a la comunidad, tambi√©n es una injusticia, un da√Īo grave, un disturbio de la sociedad". buen orden social, para pasar a una sociedad m√°s grande y m√°s alta lo que pueden lograr las sociedades m√°s peque√Īas y m√°s bajas. El fin natural de la sociedad y la acci√≥n social es subsidiar a sus miembros, no destruirlos ni absorberlos. (…) Todos los que gobiernan est√°n persuadidos: cuanto m√°s perfecto sea el orden jer√°rquico entre las diversas instituciones (civiles y pol√≠ticas), de acuerdo con este principio de subsidiariedad de las autoridades p√ļblicas, cuanta m√°s influencia y autoridad tengan, m√°s feliz y plana ser√°. el estado de la naci√≥n ¬Ľ.

En continuidad, los Papas posteriores siempre han confirmado la defensa de este principio. Juan Pablo II, en la enc√≠clica "Centesimus Annus", escribi√≥: "Al intervenir directamente, y cuando es irresponsable con la sociedad, el estado de bienestar provoca la p√©rdida de energ√≠as humanas y el aumento exagerado del sector estatal, dominado m√°s por l√≥gicas burocr√°ticas que por la preocupaci√≥n de servir a los ciudadanos y con un enorme aumento de los gastos ". M√°s recientemente, en el D√≠a Mundial de la Paz el 1 de enero de este a√Īo (2019), el Papa Francisco declar√≥:" No creemos que la pol√≠tica est√© reservada solo para los gobernantes: todos somos responsable de la vida de la "ciudad", del bien com√ļn; La pol√≠tica es buena ya que cada uno hace su parte al servicio de la paz.

La redacción actual del mencionado art. El sexto resultado de la revisión constitucional de 1997, preparada por un acuerdo entre partidos, liderado por Marcelo Rebelo de Sousa, como líder del PSD, y António Vitorino, en representación del PS, que agregó precisamente el "principio de subsidiariedad".

4 4 En breves comentarios sobre esta definici√≥n, diremos que en los pa√≠ses (como Alemania e Italia) de los m√°s avanzados en la teor√≠a y praxis del neoconstitucionalismo, la importancia atribuida al principio de subsidiariedad, derivado inmediatamente del principio de dignidad preeminente, est√° creciendo. la persona humana, que exige no solo la garant√≠a de sus derechos fundamentales, sino tambi√©n la garant√≠a (de la libertad de realizaci√≥n personal) de sus deberes fundamentales, que, en principio, un estado democr√°tico debe subsidiar en lugar de reemplazar. Y es en esta evoluci√≥n que el principio de subsidiariedad se considera cada vez m√°s como un principio verdaderamente (re) constituyente de las sociedades democr√°ticas, a pesar de que no est√° expresamente escrito en las respectivas Constituciones Pol√≠ticas. Este principio tiene dos implicaciones: una, en las relaciones entre entidades pol√≠ticas territoriales y entre niveles de administraci√≥n p√ļblica (llam√©moslo el principio de descentralizaci√≥n pol√≠tica y administrativa). Se llama com√ļnmente subsidiariedad vertical. Otro impacto, mucho m√°s importante, est√° en las relaciones entre el estado (entidades p√ļblicas territoriales y administrativas), por un lado, y la autonom√≠a personal y asociativa de los ciudadanos, por el otro, si preferimos, en un lenguaje m√°s com√ļn, centrarnos en Las relaciones entre el Estado y la sociedad civil. Esto se llama subsidiariedad horizontal. Es f√°cil ver que estas dos disminuciones del principio de subsidiariedad, vertical y horizontal, est√°n claramente incluidas en la definici√≥n anterior.





5to La redacción actual del mencionado art. 6 fue el resultado de la revisión constitucional de 1997, que tenía la característica especial (entonces muy comentada) de haber sido preparada decisivamente por un acuerdo entre partidos, liderado por Marcelo Rebelo de Sousa, como líder del PSD, y António Vitorino, en representación del PS y el Gobierno de António Guterres. Además de esto (lo que no importa aquí), esta revisión consistió en agregar dos elementos a la redacción anterior del art. Sexto, uno fue precisamente la adición del "principio de subsidiariedad" a los otros dos principios ya contenidos en el texto anterior (autonomía de los municipios y descentralización administrativa); y segundo, que el nuevo principio de subsidiariedad no solo concierne a la 'organización' del estado, sino que se aplica (también) al 'funcionamiento' del estado.

6to De hecho, sin esta extensi√≥n del alcance del art√≠culo al funcionamiento del estado, la adici√≥n del principio de subsidiariedad no habr√≠a tenido ning√ļn sentido; Si la subsidiariedad fuera solo para la organizaci√≥n del estado, esto ya era el resultado de los dos principios anteriores (autonom√≠a de los municipios y descentralizaci√≥n administrativa). Por esta raz√≥n, tambi√©n, debe interpretarse que la adici√≥n (a los dos principios ya contenidos en el art√≠culo 6) del principio de subsidiariedad ten√≠a como objetivo su impacto principalmente en las relaciones entre el Estado y la sociedad civil: la llamada subsidiariedad horizontal.

7mo Además, en el sistema constitucional, el art. 6 se inserta en la primera sección de la Constitución, que abre el texto jus-constitucional y fue encabezado significativamente por el título "Principios fundamentales", que precede y presenta la Parte Uno de la Constitución, dedicada a los derechos y deberes fundamentales. Este sistema fue aprobado intencionalmente en la Asamblea Constituyente, en contra de otra propuesta que no puso tales principios en la base de la Constitución. Por lo tanto, el principio de subsidiariedad estatal (en el art. 6) es un principio fundamental / fundamental, junto con los otros principios establecidos en esta sección sobre los "Principios Fundamentales". En particular: el principio de la dignidad de la persona humana (art. 1); el principio de los derechos y deberes fundamentales de los ciudadanos; el principio del estado de derecho democrático; el principio del pluralismo democrático; y el principio de democracia participativa (art. 2).

8vo Indudablemente, por lo tanto, en su nueva redacción, el principio de subsidiariedad no puede considerarse limitado al campo de la organización estatal y no a su funcionamiento. Y decir que el funcionamiento del estado es lo mismo que decir "función del estado", porque funcionar es ejercer la función. Sin embargo, como principio esencial del constitucionalismo democrático, la función del estado se refiere a los ciudadanos y la sociedad civil, y más específicamente a la dignidad de la persona humana, a los derechos y deberes constitucionales fundamentales (no a sí mismo ni a su propia estructura administrativa). ) Incluye las 'tareas del estado' que se enumeran en el artículo 9, que incluso deberían conocerse de memoria.

Noveno Como es bien sabido, el principio de subsidiariedad fue, desde el principio, consagrado en la formaci√≥n de la Comunidad Europea, y hoy est√° en el Tratado de la Uni√≥n Europea (TUE), que es su Constituci√≥n Pol√≠tica. La referencia a este principio que encontramos all√≠ en los considerandos doctrinales dice as√≠: "Deseando asegurar que las decisiones se tomen lo m√°s cerca posible de los ciudadanos de la Uni√≥n …".

En este considerando, la idea de subsidiariedad no se define como un principio organizativo restringido a las relaciones entre la Unión y los Estados miembros; ya que esta idea se define en la proximidad de los ciudadanos, por lo tanto, dentro de los estados miembros. Su razón de ser se basa en el valor eminente de la autonomía / soberanía de los ciudadanos (de los estados, pero también de la Unión), y no simplemente de la soberanía "monárquica" de los estados miembros.

10 Por lo tanto, es en este sentido personalista fundamental (de la dignidad de la persona humana) que, en resumen, uno puede y debe hoy fundamentar y defender, en la democracia participativa del neoconstitucionalismo, la observancia del principio de subsidiariedad del Estado, que est√° contenido en la Constituci√≥n portuguesa. Seg√ļn √©l, la funci√≥n de la pol√≠tica y el estado es "favorecer el desarrollo de la sociedad, no organizar y dirigir el proceso social", como se√Īal√≥ recientemente el presidente de la Rep√ļblica, Marcelo Rebelo de Sousa, quien tambi√©n recomend√≥ "… mayor atenci√≥n de los actores pol√≠ticos a la reforma del estado; (porque) el estado no puede ser el motor de la econom√≠a y la sociedad "(en una entrevista televisiva con TVI, 11-03-2019, con nuestra palabra" por qu√© ", entre corchetes).

11 Creemos que Portugal fue el primer país del mundo en consagrar expresamente el principio de subsidiariedad en su Constitución. Italia lo hizo solo en 2001. Y (al menos hasta donde sabemos), en Alemania y Chile, se acepta en la jurisprudencia que este principio constitucional se expresa en consecuencias normativas constitucionales, incluso cuando no está expresamente consagrado en el texto constitucional.

Comenzando por el estado central y terminando por los municipios, todas las instituciones pol√≠ticas de la Rep√ļblica deben respetar el principio de subsidiariedad (vertical y horizontal), favoreciendo la iniciativa de los ciudadanos y los organismos de la sociedad civil.

El texto constitucional italiano dice lo siguiente: ¬ę Las funciones administrativas se confieren a los municipios (Comuni) a menos que, para garantizar su ejercicio unitario, se confieran a las provincias, ciudades metropolitanas, regiones y estado, sobre la base de los principios de subsidiariedad, diferenciaci√≥n y adecuaci√≥n. ¬Ľ(Art. 118, ¬ß 1). Es claramente una subsidiariedad vertical. La "subsidiariedad horizontal" se expresa en los siguientes t√©rminos: "Estado, regiones, ciudades metropolitanas, provincias y municipios favorecen la iniciativa aut√≥noma de los ciudadanos, las personas y los asociados, para el desarrollo de actividades de inter√©s general, sobre la base del principio de subsidiariedad" ( Art√≠culo 118, ¬ß 4). Es decir: comenzando por el estado central y terminando por los municipios, todas las instituciones pol√≠ticas de la Rep√ļblica deben respetar el principio de subsidiariedad (vertical y horizontal), favoreciendo la iniciativa de los ciudadanos y los organismos de la sociedad civil.

12 Es al menos parad√≥jico que, en Portugal, donde en 1997, con base en una amplia coalici√≥n de partidos, hubo pioneros internacionales en la introducci√≥n expresa del principio de subsidiariedad estatal en la Constituci√≥n, hubo un tremendo silencio sobre este principio constitucional fundamental entre los fundamentos. . Curiosamente, poco despu√©s de la revisi√≥n constitucional portuguesa en 2000, la respetable voz del Papa Juan Pablo II dijo en un discurso ante la Academia Pontificia de Ciencias Sociales: ‚ÄúLa opini√≥n p√ļblica debe ser informada de la importancia del principio de subsidiariedad para la supervivencia. sociedad verdaderamente democr√°tica ".

13 Finalmente, recordemos que en nuestra Constituci√≥n hay una "norma" muy importante, que dice lo siguiente: "Las normas que contravienen las disposiciones de la Constituci√≥n o los principios consagrados en ella" son inconstitucionales (art√≠culo 277). Repita: "o los principios encarnados en √©l". De esta manera, nuestra Constituci√≥n rechaza las interpretaciones positivistas que rechazan los llamados principios constitucionales de car√°cter jus-normativo. Seg√ļn la opini√≥n en el constitucionalismo actual, que (entre normas legales) distingue entre normas est√°ndar y normas normativas, los principios constitucionales son constitucionalmente normativos, aunque en t√©rminos prudenciales espec√≠ficos en relaci√≥n con el cumplimiento de las normas. En palabras del constitucionalista italiano Antonio D'Atena, los principios constitucionales son "estructuras prescriptivas" con contenido de√≥ntico que, por lo tanto, deben cumplirse. Como ha confirmado la jurisprudencia de nuestro Tribunal, mediante la invocaci√≥n frecuente y la aplicaci√≥n "normativa" de los principios constitucionales en sus sentencias, incluidos los principios no expresados ‚Äč‚Äčen la Constituci√≥n. En articulaci√≥n con el mencionado art. 277, ser√≠a relevante agregar que, en la Constituci√≥n portuguesa, se permite la verificaci√≥n (por el Tribunal Constitucional) de la llamada inconstitucionalidad por omisi√≥n (art. 283).

14to Lo que se ha dicho brevemente sobre la necesidad de una reforma estatal mediante el cumplimiento del principio de subsidiariedad no quiere ser entendido como un asunto fácil. Debido a que el principio de subsidiariedad es mucho más estricto, hasta ahora (desde la revolución liberal histórica de finales del siglo XVIII) ha evolucionado la doctrina de la democracia con una raíz social-liberal. Mayor demanda, por así decirlo, de la extinción de los restos del "principio monárquico", que indudablemente todavía existe en las prácticas bien conocidas de las actuales democracias representativas: lo cual no será fácil, ya que el progreso de la democracia nunca ha sido fácil.

Pero tales dificultades no pueden negar el fundamento normativo o el innegable significado democrático del principio de subsidiariedad. Cuyo cumplimiento no prescinde de la necesidad de una intervención legislativa que tendrá que enfrentar dificultades en la consideración y el procedimiento, como lo han hecho todos los buenos principios democráticos en el pasado, y cuanto más difíciles sean, más fundamentales serán. Pero es un camino innegable: el camino de la "democratización de la democracia".

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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