Nochevieja en tiempos de pandemia y cuarentena





La idea de involucrar a las personas en un momento de reflexión sobre el ciclo que termina y para el nuevo momento que comienza tiene su fuerza en la palabra Año nuevo. Viene del verbo francés réveiller y significa «despertar» o «revivir». Así, la Nochevieja nos invita metafóricamente al despertar del nuevo año.





Este pasaje, visto como una oportunidad para empezar de nuevo, generalmente se celebra y brinda en el cambio de año, un período de alegría y unidad. Es un momento de promesas, diversión, celebración, expectativas y rituales, simbolizados en la canción: “Adiós año viejo, feliz año nuevo…”. Entre los espectáculos de fuegos artificiales de Londres, Sydney, Nueva York y Río de Janeiro, encontramos supersticiones y renovamos nuestras esperanzas.

Pero el cambio de 2020 a 2021 vendrá en una mezcla de inseguridad y fe, lo que nos obligará a repensar las promesas que se deben hacer, cumplir o restaurar.

Hasta hace unos meses, la celebración de fin de año parecía emerger con optimismo para las fiestas con familiares y amigos, aunque con todo el esmero que requiere la pandemia. Sin embargo, con el aumento de las tasas de infección por COVID-19 y discusiones en el ámbito público y privado, tuvimos que reajustar y cancelar algunos planes para el nuevo año.

Ante las señales de alerta de la Organización Mundial de la Salud (OMS), tendremos por delante la decisión de no tener o restringir las reuniones familiares y celebraciones en estos tiempos. Y en tales circunstancias, es inevitable aumentar el nivel de tolerancia para resistir la presión y las demandas que ha provocado la pandemia. Es natural para una mezcla de inseguridad, reactividad y necesidad de autoprotección.

Es común ver que muchas personas se debilitan y enferman cerca de las celebraciones navideñas. Asimismo, vemos a muchos pacientes buscando tratamiento psicoterapéutico precisamente porque no soportan la presión, interna y externa, que necesariamente apunta al logro de la felicidad, el éxito y los logros.

El cambio de año seguirá siendo particularmente difícil para aquellos que enfrentan conflictos familiares, pérdidas, rupturas, divorcios, soledad y problemas de salud física y mental.





Para un buen número de personas, el final de año estará marcado por la frustración en varias metas establecidas. Habitualmente es en este momento cuando repasamos cómo fueron los doce meses anteriores y, cuando se marcan fracasos y dificultades (en la vida personal, profesional o relacional), se da la sensación de sobrecarga, el impacto en el estado de ánimo y, en algunos casos, el depresión.

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O aislamiento sociall, necesaria con la pandemia, también se asocia con la depresión, especialmente a finales de año. Las personas que están solas o tienen sentimientos de desconexión a menudo evitan las interacciones sociales en este momento, lo que agrava las dificultades existentes. En el contexto actual, pueden presentarse síntomas no muy diferentes a los observados en el estrés postraumático, ya que la población se aísla para evitar el contagio. El miedo al virus, la frustración, el aburrimiento, las pérdidas económicas, el estigma y la desinformación son los factores más citados como causantes de la estrés.

Mantener los lazos sociales, a pesar de la distancia física, es fundamental. Cuando utilizamos la tecnología para permanecer conectados, debemos priorizar el mantenimiento de conexiones más profundas y significativas con los demás.

Para muchas personas, la temporada navideña será un doloroso recordatorio de lo que alguna vez fue. Esto es especialmente cierto para aquellos que han tenido una pérdida significativa y se sienten vacíos. Y si, a pesar de sus esfuerzos, se siente deprimido, ansioso, irritado o tiene síntomas como dificultad para dormir y opresión en el pecho, debe buscar ayuda experta.

Ante escenarios controvertidos, es posible pensar en algunas acciones humanitarias que reflejan sentimientos de optimismo en un año marcado por el impacto de un virus. Todo esto nos hace reflexionar sobre las lecciones que vendrán después de Covid-19 y la perspectiva de un salto cuántico hacia una nueva realidad global.

Entonces, con sensibilidad y resiliencia, podemos mantener un propósito que continuará durante el próximo año y nos ayudará a preservar la salud psicológica. Debemos pensar en la vida misma y tener claro el camino que hemos recorrido, dónde estamos y hacia dónde vamos.

Ese planificación es la clave para reconstruir la idea de la nueva normalidad y continuar con esperanza en los nuevos tiempos. La vida es un bien extremadamente valioso que debe planificarse cuidadosamente en busca de sueños, metas, deseos y nuevas perspectivas. Esta es la forma de construir palancas de apoyo emocional para el momento presente.

Y los efectos psíquicos negativos, especialmente los asociados con la pandemia, deben resolverse y elaborarse a medida que la persona «despierta y revive» simbólicamente para el final del año y el comienzo de un nuevo ciclo.

* Nádia Terezinha Zimmermann Wulf es psicóloga, especialista en psicología clínica y educación, y trabaja en Joinville (SC)

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Ana Gomez

Ana Gómez. Nació en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios años. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. También me considero una Geek, amante de la tecnología los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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