Ningún proyecto regional avanza sin un diálogo fluido entre Brasilia y Buenos Aires.





Hace treinta años, José Sarney y Raúl Alfonsín comenzaron un proceso que transformaría la vieja rivalidad entre Brasil y Argentina en una relación marcada por la cooperación, el respeto mutuo y la amistad.





Hoy, sin embargo, la relación enfrenta su peor crisis desde entonces. Jair Bolsonaro y Alberto Fernández intercambiaron comentarios durante la campaña presidencial argentina y, después de la victoria de su colega, el presidente brasileño se negó a felicitarlo, en una postura sin precedentes desde la redemocratización.

La semana pasada, los dos retiros ensayados de esta hostilidad. Bolsonaro optó por una retórica menos agresiva, y Fernández mostró un sentido práctico al nombrar a Felipe Solá como ministro de Relaciones Exteriores y a Daniel Scioli como embajador argentino en Brasilia, ambos políticos experimentados con grandes habilidades de diálogo.

Aun así, los desacuerdos entre los dos presidentes continuarán y deberían dificultar las relaciones bilaterales en los próximos años.

Bolsonaro quiere reducir el Arancel Externo Común del Mercosur y tiene la intención de firmar nuevos acuerdos comerciales. Fernández es más reticente con respecto a la apertura.

Ambos tienen diferentes puntos de vista sobre cómo resolver el problema de Venezuela, una herida abierta en la geopolítica latinoamericana.

Sin embargo, el anuncio de Solá de que su gobierno no abandonará el Grupo de Lima, un grupo de países que coordina una respuesta regional a la crisis venezolana, es otra señal de que Buenos Aires no tiene la intención de iniciar un conflicto con Brasilia.





Finalmente, las frustraciones en el intento de Bolsonaro de establecer una alianza con Donald Trump y su acercamiento al líder chino, Xi Jinping, sugieren que puede haber espacio para que Brasil y Argentina piensen conjuntamente sobre cómo lidiar con las crecientes tensiones entre Washington y Beijing.

En ausencia de un diálogo funcional entre los dos representantes, Brasil y Argentina tienen tres opciones: apostar por el fracaso del otro, ignorarse o intentar ejercer la antigua cooperación, aunque de manera limitada y centrada en la reducción de daños.

La primera opción causaría daños irreversibles a la relación bilateral, además de aumentar el riesgo de tensiones en la región.

El segundo puede sonar atractivo para ambos gobiernos, pero extiende la incertidumbre sobre el futuro de la relación bilateral.

Lo que estas dos opciones no tienen en cuenta es que ningún proyecto regional está avanzando sin un diálogo fluido entre Brasilia y Buenos Aires.

Además, los lazos económicos entre los dos países significan que una eventual recuperación argentina beneficiará a Brasil, y viceversa.

La tercera opción controla parte del daño que inevitablemente ocurrirá en la relación bilateral y permitiría a los países aprovechar algunas sinergias importantes, ya sea cooperando para enfrentar la crisis en Bolivia, en la que Brasilia y Buenos Aires tienen intereses comunes, o cambiando El Mercosur gobierna sin causar interrupciones.

Sin embargo, esta tercera vía dependería del protagonismo sin precedentes de las fuerzas moderadas de ambos lados.

Del lado argentino, Sola y Scioli enfrentarán el enorme desafío de establecer un canal de diálogo con Brasilia y desarrollar una diplomacia pública que involucre a la sociedad, el mercado y los medios de comunicación de ambos países, lo que demuestra el interés de Argentina en continuar en el camino de la cooperación.

Del lado brasileño, la visita del Presidente de la Cámara de Representantes Rodrigo Maia a Buenos Aires, donde se reunió con Fernández, fue una señal importante.

Para Bolsonaro, el cambio pragmático en las relaciones con China puede servir como modelo para una postura más moderada hacia el vecino.

En ese momento, el vicepresidente Hamilton Mourão y el ministro de Agricultura, Tereza Cristina, lideraron el proceso de contención de daños.

En el caso argentino, también será necesario que al menos un miembro del gobierno de Bolsonaro sirva como puente entre Buenos Aires y Brasilia.

Sin embargo, muchos otros actores, en política, en el sector privado y en la sociedad civil, tendrán que movilizarse para preservar la alianza más importante del continente.

Federico Merke es profesor de relaciones internacionales en la Universidad San Andrés de Buenos Aires. Oliver Stuenkel es profesor de relaciones internacionales en la Fundación Getulio Vargas (FGV) en São Paulo.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nací en Cuba pero resido en España desde muy pequeñito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interesé por el periodismo y la información digital, campos a los que me he dedicado íntegramente durante los últimos 7 años. Encargado de información política y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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