Monstruos, escapar a la luna, paz con el ex: los sue√Īos revelan el efecto de la pandemia en la mente humana





Monstruos invisibles, un agujero lleno de cuerpos enfermos, tratando de llegar a casa y fallando. La angustia de experimentar una pandemia de virus poco conocida puede seguir persigui√©ndonos cuando dormimos, por lo que muchas personas informan que est√°n teniendo sue√Īos perturbadores como los descritos anteriormente.





Si lo que so√Īamos refleja lo que sucede en nuestra mente en particular, analizar los sue√Īos colectivamente puede traer elementos reveladores sobre un per√≠odo hist√≥rico. Al menos desde el siglo pasado, las colecciones de sue√Īos han ayudado a los investigadores a dibujar una imagen del efecto de los eventos cr√≠ticos en el inconsciente colectivo.

Un caso emblem√°tico es el diario realizado por la ensayista alemana Charlotte Beradt con sue√Īos reportados por sus vecinos entre 1922 y 1939, la √©poca del surgimiento del nazismo y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Los informes, considerados clave para analizar los efectos de un r√©gimen totalitario en la psique de los ciudadanos de ese pa√≠s, estuvieron ocultos durante mucho tiempo, hasta que se publicaron, en 1968, en el libro ¬ęSonhos do Terceiro Reich¬Ľ (publicado en Brasil por Tr√™s Estrelas )

En 1940, un soldado brit√°nico capturado por los nazis observ√≥ los sue√Īos de sus colegas en un campo de prisioneros en Alemania, con la intenci√≥n de estudiarlos en el futuro. Kenneth Davies Hopkins muri√≥ en el acto antes de cumplir su objetivo, pero su cuaderno fue encontrado y estudiado m√°s tarde.

Durante esta pandemia, expertos de todo el mundo tambi√©n est√°n haciendo sus colecciones so√Īadas. Uno de ellos es el psic√≥logo estadounidense Deirdre Barrett. Profesor en la Universidad de Harvard, ex presidente de la Asociaci√≥n Internacional para el Estudio de los Sue√Īos y autor de varios libros sobre el tema, Barrett ha recopilado alrededor de 8,000 informes de 3,610 personas, la mitad de ellos en los Estados Unidos y la otra mitad en otros pa√≠ses, especialmente en Canad√°, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda.

Seg√ļn ella, en los escritos aparec√≠an desde sue√Īos literales, de ser golpeado por el virus, hasta aquellos m√°s metaf√≥ricos, como sentirse amenazado por nubes de insectos venenosos, un hurac√°n, un incendio u hordas de bandidos. Tambi√©n est√°n aquellos relacionados con las recomendaciones de la distancia social: irse y darse cuenta de que olvid√≥ su m√°scara o que alguien est√° tosiendo sobre usted, o con la soledad del aislamiento, que se encuentra abandonado en una isla desierta. Algunos, agrega, son positivos, con la persona recuper√°ndose de la enfermedad o encontrando una cura para toda la humanidad.

En com√ļn, dice, estos sue√Īos conllevan una carga de ansiedad mucho mayor que en ¬ęper√≠odos m√°s normales¬Ľ. Pero no son realmente pesadillas terribles, excepto en el caso de los profesionales de la salud que tratan con pacientes en Covid-19. ¬ęEstas est√°n teniendo pesadillas mucho m√°s traum√°ticas, que son recreaciones literales de sus desaf√≠os diarios: sue√Īan con pacientes con ventiladores que intentan salvar sin √©xito¬Ľ.





Seg√ļn Barrett, es posible decir que la pandemia es un trauma para estos profesionales, para pacientes con Covid-19 y para personas que han perdido seres queridos a causa de la enfermedad. Para otros, es un ¬ęestresante¬Ľ que ha generado muchos ¬ęsue√Īos ansiosos¬Ľ, no necesariamente traum√°ticos.

El experto observa similitudes en los informes de todo el mundo, pero se√Īala una diferencia en relaci√≥n con los sue√Īos sobre presidentes, primeros ministros, alcaldes y gobernadores, que, por cierto, ahora son mucho m√°s frecuentes que en otros tiempos: ¬ęLos estadounidenses y los asi√°ticos en general ponen a este l√≠der en un papel negativo, mientras que los europeos sue√Īan con que estos pol√≠ticos sean √ļtiles ‚ÄĚ, explica. Sin embargo, su muestra en Am√©rica Latina y √Āfrica no es suficiente para hacer una evaluaci√≥n en estas regiones.

Barrett busc√≥ colecciones de sue√Īos de otras pandemias, como la gripe espa√Īola de 1918, pero no las encontr√≥. Lo que not√≥ es que hay similitudes en el per√≠odo actual para los informes recopilados por Hopkins en el campo de prisioneros alem√°n, tal vez debido a la similitud de la experiencia de confinamiento, ya que las condiciones all√≠ no eran tan malas como en los campos de concentraci√≥n: los prisioneros estaban adecuadamente protegidos. y alimentado, pero ten√≠a restricciones en los movimientos y la interacci√≥n social.

‚ÄúUna diferencia son los muchos sue√Īos de ataques de insectos ahora, que no vemos en otras crisis. Los monstruos invisibles tambi√©n aparecen m√°s en los sue√Īos de pandemia ‚ÄĚ, agrega.

LA hoja Pidi√≥ a personas de todo el mundo que informaran sobre los sue√Īos que tuvieron durante la pandemia. Lea 14 de ellos a continuaci√≥n.

Escapar a la luna

¬ęYo, mi hermana y algunas otras personas est√°bamos a bordo de SpaceX para ir a vivir a la Luna y escapar del coronavirus. A mitad de camino, tuvimos que regresar a la Tierra, pero logramos volver a la Luna usando el Apolo 11. A lo bueno es que, en el segundo viaje, logramos llevar a mi madre tambi√©n. As√≠ que todos los pasajeros y la tripulaci√≥n viv√≠an en la luna para escapar de la pandemia ¬ę.

Magdalena Estrada, 25 a√Īos, dise√Īadora, Argentina

Ataque de ‘romulanos’

¬ęMis primos y mi t√≠a se mudaron de su peque√Īo pueblo lluvioso en Irlanda a Malta. Y mi familia y yo fuimos a visitarlos. Llegar all√≠ fue una prueba. Tom√© el tren equivocado y el avi√≥n equivocado, por error. Pas√© horas tratando de llegar all√≠. al aeropuerto. Era un sistema de metro muy desconocido, con trenes en zigzag por todo el lugar. Cuando finalmente llegu√© a Malta, est√°bamos cenando en un restaurante en un muelle rodeado de ventanas de cristal cuando fuimos atacados por ¬ęromulanos¬Ľ. [personagens de ‚ÄúStar Trek‚ÄĚ]. [O personagem] Jean-Luc Picard estaba all√≠ y me dio consejos sobre c√≥mo deshacerse de ellos. No quer√≠a volver a Londres porque el clima era bueno en Malta. Pero el pa√≠s era muy pobre, con caminos de tierra y edificios a medio terminar, as√≠ que ten√≠a dudas acerca de quedarme o regresar. Fui a un bar y conoc√≠ a un chico que acababa de hacer un doctorado a los 29 a√Īos, algo que me puso celoso porque estoy preocupado por mi carrera en este momento. As√≠ que tom√© el taxi equivocado y fui a la ciudad principal de Malta. Las condiciones de vida mejoraron un poco, pero a√ļn no eran deseables. Vi un [loja de departamento] Zara, creo ¬ę.

Stephen Kenney, 38, administrador de activos, Inglaterra

Agujero en el fin del mundo

¬ęEl mundo se estaba acabando y la gente estaba enferma. Los que murieron por contaminaci√≥n fueron arrojados por los soldados a un agujero, uno encima del otro. A trav√©s de los miembros de la familia y las personas conocidas en este pozo, fue aterrador. Los que sobrevivieron tuvieron que esconderse adentro. de un t√ļnel y segu√≠ huyendo del ej√©rcito para no ser arrojado tambi√©n. Tengo esta pesadilla todas las noches y estoy devastada, tanto que comenc√© la terapia. Siempre pienso que alguien me llevar√° a m√≠ y a mis hijos a alg√ļn lado ¬ę.

Dayciarys Reyes López, 31, gerente de alimentos, Venezuela

Carne con coronavirus

¬ęCovid-19 se extendi√≥ sobre la carne que la gente estaba comiendo, y estaba probando todo antes de que pudi√©ramos comer. Tambi√©n estaba tratando de evitar que la gente comiera carne cuando sab√≠a que estaba contaminada¬Ľ.

Kim Hames, 67, médico, Australia

El monstruo nos alcanzó

¬ęHab√≠a algunos monstruos, mis amigos y yo tuvimos que huir de ellos. Luego tomamos un autom√≥vil, que por cierto era bastante viejo, y luego salimos a la carretera. Ten√≠amos un sentimiento de felicidad por viajar, pero nos est√°bamos escapando de este monstruo¬Ľ. terminamos llegando a la ciudad donde vive mi madre, S√£o Roque (SP), y fuimos a un restaurante, pero el monstruo descubri√≥ que est√°bamos all√≠. Luego me despert√© con ansiedad y miedo ¬ę.

Juliana Ribeiro, 30, supervisora ‚Äč‚Äčde marketing, EE. UU.

Haciendo las paces con tu ex

¬ęSo√Ī√© que estaba hablando con mi ex novio sobre los problemas en nuestra relaci√≥n. Est√°bamos en un hotel en un pa√≠s extranjero y hablamos sobre restablecer la comunicaci√≥n o una amistad y superar el pasado. Fue bueno porque sentimos que era hora de lidiar con nuestro preguntas y seguir adelante. En esta cuarentena he estado so√Īando mucho con personas con las que no tengo una buena relaci√≥n. Creo que mi inconsciente me dice que es hora de hacer las paces con ellos. Esto es por lo que estamos pasando es una oportunidad para mirar dentro y estar bien con nosotros y con los dem√°s ¬ę.

Jean-Pierre Doumbeneny, 40 a√Īos, t√©cnico inform√°tico, Canad√°

Contaminé a mi familia

¬ęMe despert√© sinti√©ndome mal. Pens√© que podr√≠a estar cansado, pero los s√≠ntomas empeoraron y al d√≠a siguiente, mi hija, mi padre y mi madre tambi√©n estaban enfermos. Fuimos al hospital y nos diagnosticaron el coronavirus en todos. Me sent√≠ muy culpable. porque trabajo en un hospital y, por mucho que me cuide, estoy expuesto. Pens√© que era el √ļnico que podr√≠a haberles transmitido el virus. Me despert√© y lo primero que hice fue mirar a mi hija y ver que estaba est√° bien. Fue un alivio. Tengo esta preocupaci√≥n constante de contaminar a mi familia y no tengo una buena noche de sue√Īo ¬ę.

Suzete de Carvalho Alfredo, 33, asistente de finanzas en un hospital, Angola

No hay boleto de regreso

¬ęEstaba en R√≠o de Janeiro, donde iba a visitar amigos en una casa colectiva que era la mezcla del lugar donde viv√≠a en la juventud y un nuevo espacio. En el sue√Īo, era un visitante, pero al mismo tiempo un residente, y la gente era conocida y , al mismo tiempo, inc√≥gnitas. En cierto momento, estaba de camino a casa y me dirig√≠ al aeropuerto. Luego descubr√≠ que no ten√≠a el boleto: busqu√© y no pude encontrarlo. Me preguntaba: ¬Ņc√≥mo perd√≠ este boleto? Ten√≠a dinero para comprar otro. Necesitaba volver a Jap√≥n y entr√© en p√°nico ¬ę.

Roberto Maxwell, 45, consultor de viajes, Japón

Topless en la galería de arte

¬ęTuve un sue√Īo en el que visit√© galer√≠as en Chelsea, el distrito art√≠stico de Nueva York. Vi exposiciones con esculturas de vidrio de colores en los z√≥calos. Habl√© con algunos amigos, artistas y galeristas. Tuve una cita con alguien en una de las galer√≠as. Sab√≠an qui√©n era y todo era incre√≠blemente familiar, un espacio que hab√≠a cubierto en el pasado. Esperando a que apareciera el chico de mi cita, me di cuenta de que estaba haciendo ¬ętopless¬Ľ. Me sent√≠ c√≥moda hasta que me di cuenta. La galer√≠a vino a buscarme y dijo que nuestra reuni√≥n ser√≠a imposible, ya que estaba sin camisa. Ella lo dijo con amabilidad en sus ojos. Mi brazo izquierdo pas√≥ sobre mi pecho instintivamente. Despu√©s de no visitar ning√ļn museo o galer√≠a desde el comienzo de Marzo, extra√Īo asistir a exhibiciones de arte en persona ¬ę.

Katy Hamer, 43, crítica de arte, EE. UU.

Dificultad de interpretación

¬ęSiempre he sido un buen estudiante de matem√°ticas, pero desde el encierro he so√Īado al menos dos veces con lo siguiente: estoy en clases de la escuela y no puedo resolver los ejercicios de matem√°ticas que me piden resolver. Miro y no puedo interpretar nada Curioso o no, ayer fui a la p√°gina de mi escuela secundaria y en medio de fotos de extra√Īos, all√≠ estaba ella, mi maestra de matem√°ticas de los √ļltimos dos a√Īos antes de ingresar a la universidad. Ahora necesito encontrar un int√©rprete so√Īado para contarme de qu√© se trataba todo esto ¬ę.

Ricardo Silvestre, 41 a√Īos, banca, Portugal

Cambio de planes en la vida real.

¬ęSiempre quise conocer Brasil y llegu√© el 11 de marzo. Estaba en S√£o Paulo, esperando la conexi√≥n que me llevar√≠a al d√≠a siguiente a R√≠o, cuando tuve un sue√Īo que cambi√≥ todos mis planes. Sal√≠ a buscar un taxi al Aeropuerto de Guarulhos. Las calles estaban vac√≠as, el silencio era sepultura. Mi coraz√≥n se hundi√≥, me sub√≠ al primer taxi que apareci√≥. De repente sent√≠ la presencia de alguien a mi lado. No tuve el coraje de volver la cara para ver qui√©n era, cerr√© Solo quer√≠a entrar. En el aeropuerto, camino a la terminal, conoc√≠ a mi hermana. Casi no la reconozco, no ha estado en mis sue√Īos durante meses. Desde su partida hace dos a√Īos, esta es nuestra forma privilegiada de conocernos. No me habl√≥, solo sacudi√≥ la cabeza repetidamente en un gesto negativo. Entend√≠ el mensaje. Me despert√© y lo primero que hice fue cancelar mi viaje a R√≠o. La noticia fue alarmante, la pandemia nos estaba llegando. Encontr√© un vuelo humanitario para regresar Lima, la √ļnica antes que las puertas del pasado estaban cerradas ante el nuevo mundo que apareci√≥. No puedo expresar con palabras el alivio que sent√≠ cuando las puertas del avi√≥n se cerraron al final ¬ę.

Sara Castro Palacios, 34, terapeuta, comunicadora social y payaso humanitario, Per√ļ

La humanidad ha desaparecido

¬ęMi novio y yo est√°bamos acampando en el bosque, y cuando regresamos, no hab√≠a autos en la carretera y todos hab√≠an desaparecido por Covid-19. No sab√≠amos qu√© hab√≠a pasado, todo estaba desierto¬Ľ.

Tifanny Hames, 26, estudiante de enfermería, Australia

La pelirroja y el termómetro.

¬ęMe despert√© en una hermosa habitaci√≥n, toda arbolada. Aparentemente era parte de una familia muy rica en Espa√Īa, propietaria de la industria farmac√©utica m√°s famosa del pa√≠s. Apareci√≥ una elegante mujer con cabello rojo, ropa verde musgo y una sonrisa muy blanca, pero algo s√°dico. Ten√≠a miedo, pero la acompa√Ī√© a la f√°brica de medicamentos. All√≠, vi que entr√≥ en un pasillo oscuro y termin√≥ en un laboratorio secreto. Estaba probando medicamentos en personas adictas a los medicamentos. Era un gran cobertizo, lleno de contenedores llenos de tubos de ensayo usados. Entonces vi a una chica muy delgada y perdida buscando una salida. Estaba llorando suavemente y, cuando vio a la mujer pelirroja, se escondi√≥ en uno de los contenedores. Pero la mujer fue exactamente hacia ella. ella se midi√≥ la temperatura, se toc√≥ la frente e ir√≥nicamente dijo: ¬ęGuau, qu√© fr√≠o tienes, d√©jame ayudarte, voy a aumentar esa temperatura¬Ľ. Poco despu√©s de presionar un bot√≥n, el contenedor se desmont√≥ y arroj√≥ el cuerpo de la ni√Īa a re dentro de un horno industrial. Fue horrible, vi la temperatura exactamente 76¬ļC y la ni√Īa grit√≥ ¬ę¬°M√°m√°!¬Ľ [mam√£e] y pronto apareci√≥ la imagen de la f√°brica de concreto donde nadie pod√≠a escuchar los gritos ¬ę.

Amanda Urbaez, 27 a√Īos, bi√≥loga, B√©lgica.

Cada uno por si

¬ęEra un escenario post-apocal√≠ptico y parec√≠a que cada persona viv√≠a por su cuenta. Sin embargo, todos estaban muy euf√≥ricos porque acababan de descubrir una vacuna contra Covid-19 y se distribu√≠a de forma gratuita¬Ľ. salud para vacunar a todos, cada persona ten√≠a que obtener su kit de vacuna y aplicarlo solo. Hab√≠a dos jeringas con agujas cortas pero muy gruesas. Las instrucciones dec√≠an que con una de las agujas, tendr√≠amos que perforar el brazo o el cuello , y solo entonces apliqu√© la vacuna con la segunda jeringa. Lo apliqu√© en el brazo y fue muy doloroso. Luego comenzamos a cuestionar la efectividad de este m√©todo, porque muchas personas no le√≠an las instrucciones y no pod√≠an aplicarlo correctamente. El sue√Īo que comenz√≥ s√ļper feliz termin√≥ con un grave tono de preocupaci√≥n porque quiz√°s la vacuna no resolver√≠a el problema del coronavirus ¬ę.

Ot√°vio Manzano Kavakama, 31 a√Īos, m√ļsico, EE. UU.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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