Mi amigo chileno





Tan pronto como estall√≥ la crisis chilena, llam√© a un viejo amigo, profesor de la Universidad Adolfo Ib√°√Īez en Santiago. Asunto prudente, erudito de primer nivel y profundo conocimiento de la pol√≠tica chilena. Abatido por la crisis, sugiri√≥ algunas formas, pero reconoci√≥: "todo est√° muy convulsionado todav√≠a, no queda tiempo para poder detener el an√°lisis".





Horas después me di cuenta de que no tenía que preocuparme. El bullicio digital aquí en los trópicos ya lo había explicado todo. Debido a la rapidez del análisis, sospecho que todo se sabía incluso antes de las protestas.

A la derecha, referencias difusas al Foro de S√£o Paulo (siempre √©l) o a la no conformidad de la izquierda con la √ļltima derrota electoral; a la izquierda, la respuesta casi un√°nime: desigualdad. La llave que abre cualquier puerta en estos d√≠as. Algunos todav√≠a culparon al bienestar chileno. El chico tiene 18 a√Īos, siente que tendr√° un problema a los 60 y decide saquear el Walmart o ir a la calle con un c√≥ctel molotov para volar el metro de Santiago.

Las explicaciones de este tipo no valen mucho. Son los frijoles y el arroz de la guerra pol√≠tica cotidiana. El hecho es que no sabemos con precisi√≥n lo que est√° sucediendo, y no es la primera vez. ¬ŅAlguien sabe por qu√© las manifestaciones callejeras de 2013 en Brasil? Hay mucha especulaci√≥n, y es f√°cil narrar todos esos episodios, pero explicarlo es algo completamente diferente.

Parece claro que nos enfrentamos a un hecho nuevo, en las democracias, o al menos en una nueva escala, que es la explosi√≥n peri√≥dica y ca√≥tica de los movimientos callejeros, sin un comando organizado y sin una conexi√≥n necesaria con los indicadores sociales o econ√≥micos. En 2011, la muerte de un joven negro en Tottenham, Londres, provoc√≥ una ola de saqueos en Inglaterra; El movimiento de los chalecos amarillos en Francia sigue el mismo camino, y la misma guerra de interpretaciones in√ļtil.

¬ŅPuede la desigualdad ser la ra√≠z de la crisis chilena? Es posible. Chile tiene una alta concentraci√≥n de ingresos, aunque un √≠ndice de Gini relativamente bajo en la regi√≥n. Esto debe combinarse con otros aspectos. Estamos cansados ‚Äč‚Äčde leer sobre los buenos indicadores chilenos. Mejor IDH de la regi√≥n, mejor educaci√≥n b√°sica, econom√≠a en auge. Son ciertas y nos ayudan a trazar un escenario, pero en el fondo no explican mucho.

Sobre el tema de la desigualdad, hay un problema obvio: necesitamos demostrar la causalidad, no solo la correlaci√≥n. Y algo de regularidad. Algo as√≠ como: sociedades desde un punto de concentraci√≥n de ingresos x (¬Ņqu√© punto ser√≠a ese?) Tienden a rebelarse. Y luego las cosas se complican. No digo que no sea posible, pero es m√°s que imaginar que estas cosas son evidentes (siempre parecen estar en el mundo de la ideolog√≠a o la religi√≥n) o simplemente decir una mala palabra a los infieles.





Hace mucho tiempo escribí un artículo sobre el surgimiento de un quinto poder en las democracias. Difusas olas de opinión que se mueven, con alta o baja intensidad, en el espacio digital. Pero a menudo emergen en las calles en un estilo flash mob, a menudo en explosiones de violencia.

El soci√≥logo Manuel Castells ha mapeado m√°s de 80 pa√≠ses que han sido testigos de tales explosiones en contextos muy diferentes. Desde la Primavera √Ārabe hasta los movimientos estudiantiles de Chile en 2006 y 2011, pasando por el Indignado en Espa√Īa hasta el ic√≥nico Occupy Wall Street.

Estas son cosas muy diferentes, pero con caracter√≠sticas inc√≥modas en com√ļn. Como regla, surgen de un disparador (los 30 pesos en el caso chileno) y crean un efecto de contagio; son program√°ticamente difusos, reclamando al mismo tiempo todo y muy poco que se pueda negociar objetivamente. Su liderazgo est√° disperso (lo que a menudo lleva al sistema a no tener nada que ver con qui√©n negociar) y, en √ļltima instancia, todo tiende a ser ef√≠mero.

Castells tiene una visión algo romántica de los movimientos en red. Su violencia sería esencialmente reactiva y serían la fuente de nuevas formas de democracia. Esto no es lo que ves en las calles de Chile, donde la violencia está lejos de ser reactiva. Y es, por definición, la negación de la democracia.

Parece evidente que estamos viviendo en una era de inestabilidad, que Internet ha reducido brutalmente el costo de la organización política, que el individuo ha ganado poder frente a las instituciones, que las formas tradicionales de representación han envejecido y nadie sabe cómo acomodar el quinto poder dentro de los límites de la democracia representativa. y sus procedimientos.

De ahí un llamado a la humildad y la consideración, así que agradezco a mi colega chileno por pedir tiempo, por su sabia y gentil no explicación.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *