Merecen o no y techos de cristal





En Portugal, las temperaturas no son muy extremas, son m√°s tierra adentro y menos en la costa. En Lisboa, la capital administrativa, pol√≠tica y efectiva del pa√≠s, el clima es moderado y agradable la mayor parte del a√Īo. Ni demasiado calor (siempre hay una brisa por ah√≠, con muy raras excepciones) ni demasiado fr√≠o.





El país parece tener extremos, pero en realidad no lo es. Protestamos mucho, todos los días, pero eso es todo. Decimos que el país está lleno de gente corrupta, pero luego siempre pedimos un camino cuando nos conviene. Tenemos esta plasticidad muy humana. Bueno, estamos bien en ese equilibrio que nos hace, aunque contradictorios, pero en general somos como las temperaturas y el clima: templado. O al menos nos gusta creer que lo es.

De hecho, no nos gustan los gritos y la gente que va directo al grano. En Lisboa, mucho menos. Alguien que es más duro, todos piensan que es gracioso, si es demasiado belicoso, no es bueno, es demasiado y todos están nerviosos e incómodos.

Quizás por eso, cuando alguien pone un dedo en la herida del racismo estructural y el sexismo, tanta gente se indigna mucho. Y luego, claro, están los que navegan en las aguas de esta indignación, pero sin gritar demasiado porque, obviamente, pasarán de bestia a bestia en un segundo.

La idea de tener igualdad de oportunidades es algo a lo que la poblaci√≥n suele responder positivamente. Por supuesto, viviendo en democracia, esta bandera parece tener una aceptaci√≥n generalizada. Sin embargo, cuando miramos las partes pr√°cticas de lo que se entiende por ‚Äúigualdad de oportunidades‚ÄĚ, las cosas ya no son m√°s o menos consensuadas. Por lo general, esto significa que ciertos principios se van por el desag√ľe cuando nos consideramos m√°s merecedores que otros.

Esto no tendrá mucho problema si nosotros y otros hemos tenido idénticas oportunidades de vida: vivimos en buenas condiciones físicas, estamos sanos y bien alimentados, tenemos acceso al conocimiento y hemos estudiado en buenas instituciones, pero no solo y el país es profundamente desigual. Si te mereces o no una determinada cosa, es un poco más difícil evaluar si, y solo estoy mencionando algunas condiciones, hay una gran variación de persona a persona.

Por ejemplo, un excelente estudiante que no puede seguir estudiando porque tuvo que ir a trabajar a los 18 a√Īos para ayudar a su familia. Una mujer que qued√≥ embarazada temprano y pronto no pudo progresar en su carrera. Un ni√Īo que naci√≥ en una familia rota o sin alguien que lo gu√≠e hacia una carrera futura. Y puedo bajar all√≠, puedo subir tambi√©n. Mi punto es que siempre somos el resultado de muchas dimensiones, y para bien o para mal eso tambi√©n nos define.





Como dir√≠a Ortega y Gasset: ‚ÄúYo soy yo y mi circunstancia‚ÄĚ. ¬ŅSignifica esto que no hay quienes tienen muy buenas condiciones de vida y la vida les sale mal? No. ¬ŅY significa que aquellos que tienen condiciones de vida muy malas nunca tendr√°n una vida digna? No. Pero s√≠ significa que las probabilidades de que suceda una cosa u otra son muy, muy bajas. Esto es como condiciones preexistentes en nuestra salud: est√°n ah√≠ y generalmente definen todo lo que sigue.

Nuestras concepciones de la vida no siempre nos hacen mirar cu√°l es el punto de partida de cada uno de nosotros y muchas veces preferimos creer que el m√©rito domina nuestra vida. Ese √©xito en la vida de las personas, y tambi√©n el fracaso, estar√° enteramente en sus manos. Rara vez se piensa que, y especialmente cuando los recursos son escasos, nadie querr√° saber de la Justicia sino de su justicia. Esta es una de las dimensiones de la meritocracia, no la √ļnica (las hay pol√≠ticas e ideol√≥gicas, pero no voy a hablar de ellas hoy).

La dimensi√≥n pr√°ctica de que merecemos lo que tenemos porque tenemos m√©rito, y qui√©n no, ciertamente ser√° dem√©rito. Este tema ha sido muy debatido √ļltimamente con, pero no √ļnicamente, trabajos publicados en los √ļltimos a√Īos como Lani Guinier y The Tyranny of the Meritocracy o Daniel Markovits and The Meritocracy Trap, solo por nombrar algunos ejemplos.

La mayor√≠a de las personas, especialmente las de ‚Äúgran m√©rito‚ÄĚ, tienden a creer que fue su trabajo lo que defini√≥ sus vidas, su capacidad para triunfar, su determinaci√≥n, su √©tica, etc. Quiz√°s estos sean ciertos, quiz√°s no. Parece que en estos d√≠as nos olvidamos de que los movimientos aleatorios de la vida tambi√©n nos definen, pero el ego suele ser ciego.

Ana Gomez

Ana G√≥mez. Naci√≥ en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios a√Īos. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. Tambi√©n me considero una Geek, amante de la tecnolog√≠a los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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