Magdalena de Putin





Al principio pareció una especie de broma. Pero ahora, después de las primeras evaluaciones de las agencias internacionales, la vacuna rusa, pomposamente llamada Sputnik V, está a punto de convertirse en una realidad.





Millones de brasile√Īos deben estar preparados para recibir una inyecci√≥n desarrollada por un gobierno disfrazado y en bancarrota conocido por envenenar a quienes lo critican. Y, por incre√≠ble que parezca, puede estar bien.

Desde la peste hasta el tifus y la tuberculosis, Rusia tiene una larga historia de lucha contra las epidemias.

Terrible durante el imperio zarista, la salud p√ļblica experiment√≥ una mejora notable despu√©s de la revoluci√≥n de 1917. El proyecto para ampliar la atenci√≥n primaria y las campa√Īas de vacunaci√≥n tuvo √©xito.

En 1965, la Unión Soviética contaba con un promedio de 23 médicos por cada 10,000 habitantes, más alto que el de Brasil en 2019.

Un avance sorprendente pero fr√°gil. El tratamiento de las enfermedades no transmisibles fue desastroso y la infraestructura fuera de las zonas industriales era inexistente.

Como el resto del aparato estatal, el sector de la salud se derrumbó en la década de 1980 y, después del infierno de la década de 1990, terminó bajo el control de Vladimir Putin, sus compinches de la antigua KGB de San Petersburgo y un contingente de oligarcas advenedizos.





A pesar de toda esta desgracia, es perfectamente plausible que un grupo de expertos financiado por el Kremlin consiguiera rebuscar entre las ruinas soviéticas y rescatar la memoria institucional para desarrollar una vacuna sencilla, barata y eficaz.

Este elixir llegar√≠a en un momento decisivo para Vladimir Putin, que acaba de extender su estancia en la cima del estado mediante un peque√Īo golpe a su estilo.

Angela Merkel, bajo la presión de los movimientos de derechos humanos, amenaza con retirar el apoyo de Alemania a la construcción del gasoducto Nord Stream 2, el eje central de la política energética de Rusia.

El levantamiento popular en Bielorrusia no tiene una solución fácil. Atrás quedaron los días en que Putin podía poner orden en los países vecinos enviando un pelotón de soldados.

Incluso los gobernantes del Reino Unido, fieles aliados de los oligarcas rusos, están abandonando el barco después de ver sus relaciones promiscuas expuestas en periódicos y libros de investigación.

Con el petróleo en mínimos históricos, solo quedan los restos del aparato de seguridad y una vaga ambición geopolítica. Desde manipular a personas mayores del interior de Estados Unidos en las redes sociales hasta articular milicias en el desierto de Libia, los mercenarios rusos deambulan por el mundo para eliminar amenazas reales o imaginarias.

En este marasmo, Sputnik V se ve como una magdalena de Proust que ofrece a los pacientes un viaje hacia un pasado idealizado.

Una ilusi√≥n que permitir√° a Putin poder competir con Xi Jinping por el puesto de organizador de la salud p√ļblica mundial, mientras Estados Unidos supera sus problemas del tercer mundo.

La vacuna puede incluso ser un actor importante en la lucha contra el coronavirus. Pero realmente no importa. Lo que cuenta para Putin es la breve sensación de poder que proporciona.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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