Los m√°rtires de Tibhirine





Entre 1994 y 1996, diecinueve religiosos cat√≥licos fueron asesinados en Argelia, por odio a la fe. Entre ellos, se destaca Pierre Claverie, obispo de Oran, que fue muerto, junto a su chofer argelino, en 1996, el mismo a√Īo en que fueron secuestrados y asesinados, tambi√©n por terroristas isl√°micos, los siete monjes trapistas del monasterio de Nossa Se√Īora del Atlas: su pasi√≥n y muerte fue el argumento de la pel√≠cula "De los hombres y de los dioses". Hoy, solemnidad de la Inmaculada Concepci√≥n de Nuestra Se√Īora, Reina y Patrona de Portugal, estos diecinueve m√°rtires se beatific√≥ en el santuario de Nuestra Se√Īora de Santa Cruz en Oran, Argelia.





Fue en la noche del 26 al 27 de marzo de 1996 que los siete monjes trapistas -muchos de una versi√≥n reformada de la Orden de Cister- fueron secuestrados por una milicia isl√°mica que invadi√≥ el monasterio de Nuestra Se√Īora del Atlas en Tibhirine en Argelia.

En octubre de 1993, un grupo terrorista mahometano hab√≠a hecho un ultim√°tum a todos los extranjeros residentes en Argelia, para que dejara el pa√≠s. El 14 de diciembre de ese a√Īo, doce croatas fueron asesinados en Tamesguida, no muy lejos de Tibhirine. Es la v√≠spera del d√≠a de Navidad de 1993 que miembros de este mismo grupo terrorista isl√°mico hacen una primera visita al monasterio de Nuestra Se√Īora del Atlas. All√≠ regresaron en la fat√≠dica noche del 26 de marzo de 1996, para llevar consigo a todos los religiosos que encontraron. Afortunadamente dos monjes, Amadeo y Juan Pedro, escaparon al secuestro de la restante comunidad.

Los sucesos posteriores son conocidos: el 18 de abril de ese a√Īo, un comunicado del grupo terrorista isl√°mico GIA reivindica el secuestro. Dos d√≠as despu√©s, los siete monjes graban un mensaje de audio, que se entrega en la embajada francesa en Argel. Un mes m√°s tarde, el 21 de mayo, un nuevo comunicado anuncia que los siete trapistas fueron ejecutados. El 30 de mayo, se encuentran los cuerpos mutilados de los siete religiosos del monasterio de Santa Mar√≠a del Atlas. Celebradas las respectivas exequias el 2 de junio, fueron sus restos mortales trasladados a Tibhirine el 4 de junio, donde recibieron sepultura. El 16 de julio de ese a√Īo, Djamel Zitouni, jefe del GIA, muere en una emboscada preparada por un grupo terrorista isl√°mico rival. El 1 de agosto, tambi√©n de 1996, el obispo de Oran, Pierre Claverie, que hoy es beatificado, fue asesinado, as√≠ como su conductor.

M√°s de veinte a√Īos han transcurrido desde la tragedia de Tibhirine. El mundo, generalmente tan justiciero cuando se trata de castigar a miembros del clero cat√≥lico, muy r√°pidamente olvid√≥ a los homicidas isl√°micos, as√≠ como a sus inocentes v√≠ctimas. En la actualidad, algunos cristianos de Pakist√°n, de China, de India, de la India, de la India, de la India, de la India, de la India, Indonesia, Sud√°n, Nigeria, Mozambique, √Āfrica del Norte, etc. No s√≥lo nada hacen por las actuales v√≠ctimas de la intolerancia religiosa, como hacen nuevas v√≠ctimas, de esta vez de su propia intolerancia antirreligiosa.

Los siete m√°rtires de Tibhirine no merec√≠an manifestaciones p√ļblicas de repudio por el odio contra la religi√≥n cat√≥lica y, en defensa de la libertad de pensamiento y de expresi√≥n, as√≠ como religiosa. Tambi√©n no consta que ning√ļn estadista haya desfilado por los Campos El√≠seos, en compa√Ī√≠a del presidente de la rep√ļblica francesa o de otros jefes de Estado europeos, en protesta por el sacrificio de las vidas de los siete ciudadanos de la comunidad europea, que murieron por amor a Dios y al pr√≥jimo. ¬ŅNo eran muchos ?! Las v√≠ctimas de Charlie Hebdo no eran m√°s … Ni ninguna bandera nacional se qued√≥, por este motivo, a media v√°stago.





Tal vez la poblaci√≥n de la peque√Īa aldea donde viv√≠an y donde eran por todos, musulmanes en su totalidad, tan queridos, todav√≠a recuerdan la presencia discreta de aquellos valerosos hombres de Dios que, aun sabiendo del riesgo que corr√≠an sus vidas, quisieron permanecer en aquella tierra, que no habr√≠an amado m√°s si fuera a su patria. Ahora son, para siempre, m√°rtires argelinos porque, si se es natural de donde se nace, fue en Argelia que nacieron para la eternidad. Los primeros cristianos designaban el d√≠a de la muerte como "dies navide√Īos", Es decir, la fecha del nacimiento para la verdadera vida.

Antes de Mahoma, el norte de √Āfrica era cristiano. De esa regi√≥n fueron originarios grandes obispos, como San Cipriano de Cartago y San Agust√≠n de Hipona, insigne doctor de la Iglesia. Despu√©s de la islamizaci√≥n de esos pa√≠ses, la presencia cristiana fue violentamente suprimida: los cristianos fueron muertos, forzados a abandonar su fe o, a continuaci√≥n, a emigrar. Las di√≥cesis cat√≥licas que ten√≠an su sede en esos pa√≠ses se extinguieron, aunque se mantuvieron los respectivos t√≠tulos que en la actualidad son usados ‚Äč‚Äčpor los obispos que no tienen jurisdicci√≥n propia, como los que ocupan cargos en la curia romana, los nuncios apost√≥licos, los obispos auxiliares , etc.

Fallaron todos los intentos de conquista, por la fuerza de las armas, el norte de √Āfrica, a pesar de Ceuta, que ha sido la corona portuguesa, y Melilla permanecen bajo la administraci√≥n espa√Īola. Alcazarquivir es la expresi√≥n m√°s dram√°tica de los esfuerzos militares portuguesas pa√≠ses recristianizar norte del Sahara.

M√°rtires de Marruecos, en los tiempos de San Antonio de Lisboa, eran tambi√©n, con el tiempo, el resultado tr√°gico de otro intento fallido, esta vez pac√≠fica, la evangelizaci√≥n en √Āfrica del Norte.

En el siglo XIX, m√°s precisamente en 1843, doce monjes de la abad√≠a cisterciense de Aiguebelle, en Francia, fundaron un monasterio en Staoueli, en Argelia, entonces colonia francesa, pero en 1904 se vieron obligados a abandonar ese convento, refugi√°ndose en Italia. Treinta a√Īos despu√©s, religiosos eslovenos se establecieron en el pa√≠s y, en 1938, el monasterio de Nuestra Se√Īora del Atlas fue fundado por la abad√≠a de Aiguebelle, que ya hab√≠a patrocinado la primera comunidad mon√°stica en el pa√≠s. Despu√©s de la tragedia de Tibhirine, el monasterio de Nuestra Se√Īora del Atlas, permaneciendo al pie de esa cadena monta√Īosa, se traslad√≥ a Midelt, en Marruecos, donde uno de los monjes sobrevivientes de Tibhirine y otros trapistas perseveran en su silencioso y orante testimonio de fe. Entre los religiosos que no adoran a Dios y servir a sus hermanos, es un portugu√©s, Nuno Hermano de San Jos√©, que hizo su profesi√≥n solemne el 31 de mayo pasado, fiesta de la Visitaci√≥n de la Virgen.

Ante la escalada de violencia anticristiana en los pa√≠ses √°rabes, los siete monjes m√°rtires de Tibhirine tuvieron la posibilidad de partir a otros monasterios e incluso de regresar a los pa√≠ses de donde eran naturales. Todos, sin embargo, entendieron que su presencia en aquel lugar y entre aquellos hombres y mujeres, creyentes en el mismo Dios √ļnico pero seg√ļn otra religi√≥n, era como una vocaci√≥n divina, una llamada de Dios que no pod√≠an rechazar. Ir a otro lugar habr√≠a sido para ellos una infidelidad, una deserci√≥n. La muerte los encontr√≥ en su puesto. Y la Iglesia ahora celebra su discreto hero√≠smo, como eminentes testigos de Cristo y del Evangelio.

En aquel d√≠a 26 de marzo de 1996, la comunidad religiosa del monasterio de Nuestra Se√Īora del Atlas se reuni√≥ en la capilla al final del d√≠a, como siempre hac√≠a, para cantar un himno mariano, la Salv√© Reina. Invocando, con ternura filial, a la que es "Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra", no olvidaron, ciertamente, el mundo hostil en que viv√≠an, el "valle de l√°grimas" a que esa oraci√≥n mariana, con gran realismo, se refiere. Ya no volver a rezar juntos en aquella capilla porque, pocas horas despu√©s, su monasterio fue violentamente invadido por una milicia isl√°mica que los secuestr√≥ y luego mat√≥.

Humanamente, aquella pac√≠fica experiencia de testimonio cristiano en tierras mahometanas redund√≥ en un terrible fracaso. Pero, seg√ļn la l√≥gica parad√≥jal del Evangelio, su historia fue un √©xito prometedor porque, si el grano de trigo, que cae en la tierra, no muere, queda infectado, pero si muere, da mucho fruto "(Jn 12, 24). -25). Aunque vilmente asesinados, cada uno de los siete m√°rtires de Tibhirine puede ahora decir, con Cristo, el divino crucificado: "Yo he vencido al mundo" (Jn 16, 33).

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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