Los días de la pérdida





√öltimamente, el mundo parece estar siendo sacudido por las noticias constantes de p√©rdida. P√©rdida de vidas y de territorios, como en el caso del cicl√≥n que dej√≥ tras de s√≠ un rastro de destrucci√≥n en √Āfrica Oriental y muy especialmente en Mozambique, pa√≠s con el que mantenemos una relaci√≥n hist√≥rica profunda. P√©rdida de patrimonio, como ocurri√≥ con el incendio de Notre-Dame, en Par√≠s. P√©rdida de memoria, cuando se evocan los saudosos l√≠deres nacionalistas que casi destruyeron Europa. P√©rdida de sentido com√ļn, siempre que se intenta tratar la grave crisis humanitaria generada por la inmigraci√≥n ilegal masiva como un fen√≥meno aislado, aunque √©ste es sobre todo el fruto de las condiciones internas y de las condicionantes externas de los territorios de origen de estas poblaciones.





La p√©rdida tiene un efecto emocional en el ser humano que necesita cierta estabilidad para posicionarse y enfrentar el miedo. Sin embargo, la p√©rdida es algo que nos acompa√Īa desde nuestro nacimiento. Perdimos amigos a lo largo de la vida, porque seguimos caminos diferentes, perdimos nuestra escuela de referencia, porque transitamos de ciclo, perdimos nuestro lugar de origen, porque cambiamos de residencia. Sin embargo, estas p√©rdidas se vuelven soportadas, porque se dan en contextos de sustituci√≥n: dejamos una escuela, pero vamos a otra, dejamos unos amigos, pero vamos a encontrar otras.

Por eso, podemos pensar que los seres humanos sólo están preparados para perder lo que tiene sustitución, o sea, todo lo que no causa la sensación de pérdida irreparable. Como las pérdidas individuales, las pérdidas colectivas tienen esa misma característica, esa necesidad de saber que existirá algo que vendrá a sustituir el elemento perdido y siempre con el atributo de ser idéntico al que se ha perdido o significar para nosotros el mismo.

Sin embargo, la experiencia más reciente que hemos experimentado como comunidades y sociedades es la pérdida de algo conocido para de ahí venir algo completamente nuevo y eso genera el miedo entre las personas. Así como la conmoción es mayor por la proximidad y por el impacto que recibimos de la pérdida, también la sensación de pérdida es mayor si logramos prever un escenario de previsibilidad y de restablecimiento de lo que creemos que es la normalidad. La universalización de los medios de comunicación social y de las redes sociales ha permitido la simultaneidad entre acontecimientos y su comunicación. Conforme la ampliación de la información en estos medios de comunicación masiva, y no su dimensión en la realidad, los recetores sentirán el evento que se relata. No porque así fue, sino porque así se contó y compartió.

Proximidad y relevancia

Para nosotros son relevantes los acontecimientos que nos afectan como seres individuales o sociales. Es la proximidad que determina nuestra participación, que puede ser ampliada o disminuida, dependiendo de la intensidad con que estamos expuestos a esos eventos. Así, nos vemos de lágrimas en los ojos ante acontecimientos como el incendio de la Catedral de Notre-Dame, en París, lamentando aquella pérdida patrimonial como una pérdida de identidad y memoria histórica que se colectiviza y extravasa las fronteras francesas. A pesar de la distancia geográfica, la proximidad de la narrativa y las imágenes en tiempo real facilitan que se participe en el propio acontecimiento. En ese sentido, éste toma parte de nuestras vidas y esa pérdida patrimonial gana un significado propio, ampliado por el impacto y las emociones que logra generar.

Sin embargo, no todos los acontecimientos nos llegan con la misma amplitud, a pesar de su dimensi√≥n real. En el cicl√≥n Idai, que afect√≥ a Mozambique, Zimbabwe y Malawi, el impacto de la noticia fue retrasado y mayoritariamente, por no decir √ļnicamente, centrado en Mozambique. La proximidad hist√≥rica y cultural a este pa√≠s justifica que nos identifiquemos m√°s con este territorio que con cualquier otro.





El envío de equipos de reportaje al lugar y el reanudación de las conexiones de internet permitieron la difusión en los canales tradicionales de comunicación social y el reparto en las redes sociales de los efectos de esta catástrofe natural. La concentración de la atención en el efecto ciclón portugués Idai en Mozambique demostrar lo cerca que es un factor determinante, pero la divulgación tardía de lo que estaba ocurriendo oculta la dimensión trágica de ese evento. Simplemente, la Beira y Zambézia en Mozambique estaban demasiado lejos de la difusión mediática para permitir una conmoción inmediata.

Cuando se comparan estos dos eventos, percibimos que existen dos p√©rdidas muy distintas: en un caso, un patrimonio en un pa√≠s desarrollado que se vuelve simb√≥lico y corresponde a toda la cultura "occidental"; en el otro caso, las vidas humanas, infraestructura y todo un ecosistema que tardar√° d√©cadas en recuperarse en un pa√≠s en desarrollo, que son ignorados patrimonio y la memoria com√ļn a Portugal y Mozambique.

El drama se centra en las v√≠ctimas, como actores desligados de nuestro patrimonio cultural o de nuestra memoria colectiva, a pesar de que la destrucci√≥n ha afectado el patrimonio que result√≥ de ese camino com√ļn, sesgado por las relaciones coloniales, pero que no puede dejar de ser un testimonio de un pasado en juntos. Los portugueses fueron de apoyo, pero el cicl√≥n se ha desconectado de su continuidad en el espacio. Se convirti√≥ en un asunto sobre Mozambique, justificado por un pasado com√ļn, dejando fuera a los otros pa√≠ses afectados. Pero, parad√≥jicamente y al mismo tiempo, se mantuvo la cuesti√≥n de la p√©rdida patrimonial fuera de las tem√°ticas abordadas. La historia de esos espacios, ahora destruidos, parece haber sido puesta de lado, como si se tratase de espacios sin historia o con poca historia para contar, lo que no es verdad.

La proximidad se genera, entonces, por la emoción con que recibimos el evento y por el impacto que pensamos que éste causa en nuestras vidas. Así, la empatía es originada por identificarnos con algo, lo que depende de la emoción y del impacto. En estos términos, es fácil percibir que la repetición de las narrativas sobre eventos nos lleve a tener más empatía con unos acontecimientos que con otros. De este modo, medimos las pérdidas de forma diferenciada, no por su valor absoluto, sino por el modo en que éstas se nos dan a sentir.

Memoria y sentido com√ļn

A la par de las p√©rdidas de vidas humanas y de patrimonio, en los √ļltimos tiempos, tambi√©n, hemos observado la p√©rdida de memoria, en que discursos del pasado son transmitidos de forma inflamada a la opini√≥n p√ļblica como si se tratase de algo nuevo. Y, a pesar de las conexiones que estos discursos tienen al pasado, es dif√≠cil reavivar la memoria, porque las tem√°ticas que tratan parecen de las m√°s actuales que puedan existir. Entonces, parece existir un proceso de erosi√≥n de la memoria que hace olvidar que las necesidades de los individuos y de las comunidades humanas permanecen bastante similares, aunque ha existido todo un recorrido tecnol√≥gico y cultural que diferencia a los humanos de hoy de los humanos del pasado.

La p√©rdida de memoria est√° asociada a una p√©rdida de narrativas de referencia que permitan reconstruir el pasado com√ļn, pareciendo que el tiempo en que determinados hechos ocurrieron es m√°s lejano de lo que en realidad es. Para cada uno de nosotros, el tiempo de nuestra vida media nuestra memoria construida por hechos, la otra memoria que viene de antes o de tiempos en que no somos cognoscentes se edifica a trav√©s de discursos sobre el pasado. La ausencia de discursos del pasado con puentes para el presente, justifican la incomprensi√≥n sobre los mecanismos de repetici√≥n presentes en hechos del presente como, por ejemplo, estos llamamientos al nacionalismo, basados ‚Äč‚Äčen miedos muy propios de las √©pocas de inestabilidad y desaf√≠o de los statu quo internos y externos.

El miedo y la p√©rdida de la memoria tambi√©n llevan a la p√©rdida del sentido com√ļn que permite evaluar en profundidad las cuestiones que causan erosi√≥n social, pol√≠tica y econ√≥mica. Actualmente, Europa se ha visto confrontada con una inmigraci√≥n de poblaciones procedentes de pa√≠ses destruidos.

Como no existe una narrativa presente en la vida cotidiana de las sociedades europeas sobre el estado en que se encuentran estos países y cómo su patrimonio, sus vidas y su memoria han sido destruidos, es difícil percibir la urgencia de las poblaciones que abandonan sus territorios, su cultura, su historia, sus países. Rechazamos a veces percibir que sus pérdidas pueden ser irreparables y difícilmente sustituibles. Al hacerlo, deshumanizamos a quien llega, nos distanciamos de sus pérdidas y no resolvemos el verdadero problema que se enfrenta. En realidad, estamos frente a las personas con miedo de quedarse en su país, tal como muchos de nosotros temen su llegada.

Como las narraciones de pérdida o de destrucción están ausentes de nuestros medios de comunicación social y de nuestras redes sociales, miramos con descrédito para quien llega. Porque sólo conocemos una parte de los hechos: la partida y llegada. Pero nunca lo que hizo salir o llegar. Nos olvidamos del patrimonio destruido en guerras como Libia o Siria para lamentar un incendio que lleva un monumento europeo. Ignoramos la devastación masiva de un ciclón, como si fuera sólo la destrucción de la naturaleza y de parte de una población. Sin embargo, solamente es un todo: es un territorio que queda destruido, sin personas, sin naturaleza y sin patrimonio. Lo que era desaparecido y sólo la resiliencia de quien quedó podrá crear un espacio de sustitución. La pérdida sólo no será irreparable si la voluntad y persistencia de lo que queda de las comunidades locales vencer.

Nuestras pérdidas son, por tanto, relativas. Vale la pena preguntarse sobre los días de pérdida y de la solidaridad humana que le conseguimos dedicar. Y tratar de comparar entre el valor absoluto de una pérdida y el valor que la narrativa mediática le concede.

Ana Gomez

Ana G√≥mez. Naci√≥ en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios a√Īos. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. Tambi√©n me considero una Geek, amante de la tecnolog√≠a los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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