Los desechos de Notre-Dame evocan la frágil situación de Occidente





Publicadas el lunes por la noche, las primeras fotografías del interior de la catedral Notre-Dame en París provocan una mezcla de desesperación y esperanza. El suelo está repleto de cenizas, escombros y agua.





El techo perdió su integridad, pero, como por un milagro, está allí por lo menos a pedazos. Lo que sabemos con certeza que fue perdido es la estructura de la cubierta, edificada entre 1220 y 1240. Con ella, suman irreparablemente los indicios de un modo de construir predominante a lo largo de la Edad Media.

La estructura de madera del tejado no puede ser reconstruida de su forma original, ya que era fruto de un modo de edificar previo al dise√Īo utilizado como gu√≠a para la construcci√≥n.

Es decir, no había un proyecto arquitectónico tal como hoy conocemos. No existía esa noción de anteponer (en otras palabras, dibujar) una forma para el edificio junto a un razonamiento de cómo sería construido. En el medievo, no había sistema de representación apriorístico -la geometría no aparecía en precisos esbozos en el papel, sino directo en el sitio de obras.

Los historiadores suponen que, de inicio, se lanz√≥ el formato de la planta en el terreno en tama√Īo real. A partir de aquella primera delimitaci√≥n, comenzaban a levantar el edificio en partes por una o m√°s corporaciones de oficios.

Por ser obras que trascendían un siglo, pasaban por ellas diferentes generaciones de contratistas, con lo que las distintas partes del templo ganaban características un tanto dispares.

Al final, las catedrales medievales son fruto del conocimiento práctico. No se aprendía a concebir un edificio en la universidad, sino en el oficio. No había arquitecto o ingeniero del modo en que hoy conocemos la figura autoral que piensa previamente la edificación como un todo.





Esta acepci√≥n de proyecto s√≥lo resurgir√° en el Renacimiento, m√°s espec√≠ficamente con la c√ļpula de Santa Mar√≠a del Fiore, en Florencia, de Filippo Brunelleschi, casi un siglo despu√©s del t√©rmino de Notre-Dame.

El techo de la catedral parisiense era representativo del estadio de la humanidad hasta el siglo 14, pues en √©l se ve√≠an imprecisiones de la estructura. Era magn√≠fico por el tama√Īo, pero con ligeras y perceptibles inconstancias en las l√≠neas verticales, horizontales y diagonal de las piezas de madera. Era un sistema estructural complejo y rizo que existi√≥ por casi ocho siglos y desapareci√≥ en pocas horas. Eso es lo que hemos perdido y no hay como ser reconstruido de la misma manera.

Es obvio que la imagen de la ca√≠da de la magn√≠fica flecha -el pin√°culo- de Viollet-le-Duc, arquitecto precursor de las restauraciones del siglo 19, tambi√©n nos asombrar√° por un largo tiempo. Sin embargo, recuerdo la fotograf√≠a hecha en la noche de la tragedia, en la que vemos la cruz dorada del altar a√ļn resplandeciente en medio de los restos -remete visualmente a la idea de resurrecci√≥n celebrada en la Pascua.

Esto porque el trabajo de los bomberos parisinos mantuvo √≠ntegra la elevada c√°scara de alba√Īiler√≠a y piedra del techo interior, lo que protegi√≥ la nave central.

Las llamas en las primeras horas del incendio parecían capaces de consumir todo, pero no desfiguraron completamente la vista majestuosa que tenemos al pasar la puerta y adentrar Notre-Dame.

Las inmensas columnas de piedra están de pie. Al otro lado del río Sena, en la Rive Gauche, todavía podemos admirar las decenas de arcobotantes y contrafuertes de los laterales y fondos de la catedral. La fachada de dos torres sigue magníficamente al centro de la Île de la Cité.

Notre-Dame está parcialmente a salvo, pero ciertamente nunca será la misma. El debate entre expertos de cómo se construirá la nueva cobertura será extenso y no tiene respuesta previa. Cierto es que su reconstrucción es necesaria, sobre todo, por lo que Notre-Dame simboliza.

Para aquellos que tuvieron la suerte de tener París como dirección una vez en la vida, no era necesario entrar en Notre-Dame para tener su imagen en la cabeza. Caminar por la capital francesa nos hace tener la catedral como constante punto de referencia al desplazarse por la ciudad. Parecía eterna e indestructible, ella siempre estuvo allí. Es imperativo un esfuerzo global para que ella resista.

A ra√≠z de la inmensa tragedia, es emblem√°tico que la magn√≠fica Ros√°cea del Mediod√≠a, como es conocido el vitral de la fachada, haya resistido al fuego. Su aspecto en la ma√Īana del martes es una met√°fora precisa de la humanidad europea -o Occidente- en los d√≠as actuales -fr√°gil, desprotegido, rodeado de escombros, pero de pie. Lofty.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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