Lo mucho que nos falta, Prudentia





En una monumental obra titulada "La Ciudad de Dios" (De Civitate Dei, escrita entre 413-414 y 426-427 (siglo V), Agust√≠n de Hipona explica el declive y ca√≠da del Imperio Romano en funci√≥n de la degradaci√≥n progresiva del sentido de justicia y consecuente erupci√≥n de los ego√≠smos. La furia de las guerras, la pasi√≥n y la concupiscencia por el poder y el dinero, la discordia, la corrupci√≥n, la codicia, la envidia, la arbitrariedad, el capricho, la avidez de la alabanza y la gloria hicieron perecer la justicia (II, 18), acentuando insensiblemente una distorsi√≥n entre justicia y derecho (III, 17). El peor ejemplo fue dado por la indiferencia de muchos a los que asistieron sin llamar importancia, siempre y cuando su mundo no fuera tocado. Tirano se hab√≠a convertido en todo aquel que, gozando de impunidad, se sirvi√≥ del poder para hacer e imponer el derecho a la medida de sus intereses. De la m√°s bella y virtuosa rep√ļblica, Roma se hab√≠a transformado en la peor y m√°s corrompida.





As√≠ comienza la descalificaci√≥n y desvalorizaci√≥n del pol√≠tico, al mismo tiempo que se firmar√° la convicci√≥n de que la verdad no es s√≥lo te√≥rica. Independientemente de la soluci√≥n propuesta por Agust√≠n (caridad), se daba la se√Īal: removida la justicia, los Estados no pasan de una "cuadrilla de ladrones" (IV, 4). La erosi√≥n c√≠vica es un factor de implosi√≥n pol√≠tica.

Este es un tiempo, es cierto, de pol√≠tica avant la lettre pero no, por supuesto, de ausencia del respeto referente. La palabra pol√≠tica en el Occidente latino poco despu√©s (siglo V-VI). El significado, sin embargo, no ir m√°s all√° de la letra de la ley. En los siglos siguientes se aplicar√° una equivalencia sem√°ntica entre pol√≠tica y derecho (scientia legislativa o legispositiva, seg√ļn se establece en el C√≥digo de Justiniano (529) y en el Digesto (533). Los propios juristas se designar√°n a s√≠ mismos "pol√≠ticos" (politici). Llegados, sin embargo, a la Baja Edad Media ocurre una especie de 'revoluci√≥n' y el encuadramiento mental pol√≠tico se alterar√° progresivamente. Entre finales del siglo XII y por todo el siglo XIII, gracias a la acci√≥n de m√ļltiples traductores, revisores y comentaristas, el mundo latino pudo conocer directamente el ideario pol√≠tico de Arist√≥teles. Un contraste se vuelve notorio. Abran Magno, Rog√©rio Bacon y Egidio Romano, por ejemplo, apelar a los juristas de simples "mec√°nicos" o "idiotas pol√≠ticos", dada la ignorancia de virtudarspol√≠tica.

prudentia (En portugu√©s 'prudencia') fue el nombre entonces encontr√≥ para que coincida con el significado de fr√≥nesis, concepto nuclear de uno de los grandes libros de siempre, √Čtica a Nic√≥maco, y una de las obras que componen los saberes pr√°cticos en la perspectiva de Arist√≥teles, de los cuales la pol√≠tica es pensamiento matricial. Las traducciones actuales de referencia, nacionales y extranjeros, que van desde el uso de "prudencia", "sabidur√≠a pr√°ctica", "sabidur√≠a" y "racionalidad pr√°ctica". Pero el mensaje inherente es simple: urge pensar, antes y despu√©s de nuestras acciones.

Si hay √©pocas portadoras de modernidad, el siglo XIII es sin duda una de ellas, y quiz√°s de las m√°s significativas. He aqu√≠ c√≥mo se plantea la cuesti√≥n de la prudencia: "Si estoy entre personas depravadas y perversas, ¬Ņc√≥mo puedo proceder bien si no sabe lo que debo hacer?". La pregunta es hecha precisamente por Alberto Magno, uno de los grandes pensadores "pol√≠ticos" en la transici√≥n de la Baja Edad Media a la Proto-Modernidad, en un peque√Īo gran libro denominado "Tratado sobre la Prudencia"De Prudentia). En √©l, da voz al diagn√≥stico de Agust√≠n de Hipona, al mismo tiempo que hace la temida tradicional del t√©rmino, al que a√Īade ahora un significado inherentemente pol√≠tico. Estaba as√≠ abierto el camino para reconfigurar el "arte prudencial" de la decisi√≥n pol√≠tica en la sociedad europea

¬ŅQu√© es, entonces, la "prudencia"? Primero digamos lo que no es.

Pero no es indiferencia, pasividad, horror al pensamiento y al trabajo, astucia (solidez), la falta de sentido de oportunidad y de visi√≥n prospectiva. Y tampoco significa cautela y precauci√≥n, asociadas a situaciones de timidez, debilidad, cobard√≠a o simple necedad. De aqu√≠ se infiere lo opuesto: arrojo, coraje, rapidez en la decisi√≥n, generosidad, sabidur√≠a, bondad, cordialidad … No basta conocer el bien, es necesario saber practicarlo.





No es casual que el célebre político romano Gaius Laelius (siglo II aC) se denomina en su tiempo "el Sabio", equivalente de sapiens (Sophos) o prudens (phronimos).

El t√©rmino latino ha sido acu√Īado por Cicer√≥n, siendo tratado por innumerables autores, cristianos y no cristianos (S√©neca, Macrobio, Atanasio, Gregorio Magno …). Pero el rumbo del concepto se mantendr√≠a definido, significando el correcto discernimiento de lo que se debe hacer u omitir.

Ser prudente consiste en la conciencia de la capacidad de discernir entre el bien y el mal ("el bien, el mal y el indiferente") y de actuar en consecuencia, afirmando el valor de este juicio Р"discernimiento" Рen la conducción coherente de la vida, sabiendo , claro, que estamos sujetos a las contingencias del vivir, vientos favorables o desfavorables, suerte e infortunio. En efecto, siempre estará un trabajo de selección, la emisión de un juicio de relevancia que hace significativos elementos de la situación en contra de otros, llevando consecuentemente a una toma de posición. La prudencia es así la "virtud" de la "razón práctica", el pensamiento-acción, describiendo la forma en que la racionalidad debe actuar aplicada al ordenamiento del actuar. Es "la ciencia de las acciones que hay que hacer". En ella, convergen "memoria, inteligencia y providencia", ya que todos nuestros actos involucra siempre el pasado, el presente y el futuro. Por la memoria, nos dirigimos a las cosas presentes y futuras a partir de las pasadas y no al revés. Por la inteligencia, usamos el conocimiento de las cosas presentes, en la medida en que las cosas conocidas llevan a conocer ya juzgar otras. Y por la providencia (o "previsión) hacemos lo que debemos considerar los posibles acontecimientos futuros (visión prospectiva).

Es claro que todo esto s√≥lo es posible entre personas ya trav√©s de las instituciones de la vida colectiva. Significa que el Bien Com√ļn siempre tendr√° que soportarse en la contenci√≥n del individualismo, del ego√≠smo y de todas las r√©plicas narc√≠sicas. Significa tambi√©n que, adem√°s de una aceptaci√≥n moral y jur√≠dica, la prudencia reviste tambi√©n un significado propiamente pol√≠tico. Las siguientes son las virtudes de la prudencia: la erudici√≥n, que ense√Īa la civilidad, la sagacidad, que nos defiende contra los enga√Īos de la vida, la ciencia, que es otro nombre de la virtud ("ciencia pr√°ctica" o "sensatez"), la disciplina que es el freno de todos nuestros vicios, y el gobierno, que consiste en la recta ordenaci√≥n y productividad de todas las virtudes. La prudencia no puede ser s√≥lo parte de los "gobiernos" y de las "asociaciones pol√≠ticas", sino que son los gobiernos y las asociaciones pol√≠ticas que son parte de la prudencia. En otras palabras, donde hay prudencia, hay ejemplaridad. Si hay erosi√≥n de la prudencia, habr√° erosi√≥n social, habiendo erosi√≥n social, habr√° erosi√≥n pol√≠tica.

Desde entonces se ha vuelto imposible pensar la prudencia fuera del campo de los saberes pr√°cticos, a no ser negativamente, as√≠ como pensar la praxis pol√≠tica sin referencia a la prudencia a no ser negativamente. En una √©poca en que todo se tiende a raser, empezando por lo adquirido, en que se toman todas las diferencias como igualdades, todos los criterios como opiniones, en que se fomenta la l√≥gica del transitorio y del segmentario, toda opacidad es pervasiva y todo parece leg√≠timo. Ante estas nuevas formas de "absolutismo", van creciendo sin medida la indeterminaci√≥n, la ambig√ľedad, la perplejidad, junto a sentimientos de desencanto, orfandad, desvalor. Es claro que la ley no puede ser la √ļltima expresi√≥n de la justicia. Ninguna actividad humana dispensa la pr√°ctica de la verdad y la responsabilidad inherente. Ense√Īa el pasado que es inapagable; los paralelismos y las oportunidades de con √©l aprender no faltan. Este hecho es tambi√©n se√Īalado, casi en t√©rminos prof√©ticos, por Morris Berman ("The Twilight of American Culture", 2001). Podemos vivir en la √©poca de muchos "post", pero la prudencia no tiene sustitutos √ļtiles. La lecci√≥n m√°s lineal es quiz√°s la de que todos los "cesarismos" son perniciosos, corroen y matan.

Investigador, Filosofía

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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