Lisboa, la capital





Estoy escribiendo esta columna desde una explanada en Granada, Espa√Īa, cerca de uno de los edificios m√°s hermosos hechos por el hombre, el conjunto monumental de la Alhambra.





Confieso que me perdí en divagaciones cruzadas, tratando de organizar ideas, entre el recuerdo del triste vigésimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre y la obra que tengo frente a mí, que es de inspiración islámica, en una ciudad que, en su totalidad , representa la convivencia de tres de las principales religiones.

Estaba m√°s perdido porque estaba tomando caf√© de una taza con el s√≠mbolo Delta, acompa√Īado de un paquete de az√ļcar de la misma marca y una ramita de canela.

Los pensamientos vagaron entre el √©xito de una marca, ejemplo del camino a seguir para las empresas portuguesas, y el papel que est√° jugando, como hicieron nuestros antepasados ‚Äč‚Äčhace unos cinco siglos, la canela, el caf√© y el az√ļcar para Europa.

De Lisboa, la capital cosmopolita, partieron y llegaron los barcos que iniciaron la globalizaci√≥n y rompieron el monopolio mameluco, √°rabe y veneciano de estos productos en Europa. Al comienzo de este per√≠odo, la taifa de Granada cay√≥ en manos de los reyes cat√≥licos de lo que se convertir√≠a en Espa√Īa.

En cierto modo, Portugal se convirti√≥ en un pa√≠s y una potencia no solo contra Espa√Īa, sino contra el mundo musulm√°n.

Disfrutar de un caf√© Delta acompa√Īado de una rama de canela, en Granada, Espa√Īa, en plena Alhambra, me pareci√≥ un s√≠mbolo del esp√≠ritu de reconciliaci√≥n entre los pueblos. Y la belleza del conjunto que compone la Alhambra, as√≠ como el esp√≠ritu abierto del √ļltimo soberano musulm√°n de Granada, me record√≥ las cosas buenas que nos dejaron los musulmanes, tambi√©n en Portugal, y me hizo olvidar aquel fat√≠dico d√≠a veinte a√Īos. Hace, al otro lado del Atl√°ntico





Mis pensamientos fueron repentinamente interrumpidos por una advertencia de mi teléfono y el significado de esta columna que ahora escribo cambió diametralmente.

Una noticia de √ļltima hora, de un medio portugu√©s, inform√≥ de la muerte a tiros de un ciudadano en Cais do Sodr√©, en el coraz√≥n de Lisboa. Agreg√≥ que la PSP no logr√≥ localizar al agresor o agresores y que el caso fue entregado a la Polic√≠a Judicial.

La situaci√≥n de seguridad en la capital viene empeorando desde hace alg√ļn tiempo. Y no me refiero solo a este tipo de situaciones desafortunadas.

Las peleas y desprecios son cada vez más frecuentes, con agresiones, en Lisboa, en particular en Bairro Alto y Cais do Sodré, el botellón tristemente celebrado en la capital del país vecino, las ventas ilícitas de bebidas alcohólicas elaboradas en domicilios particulares, entre otros. situaciones que contribuyen a hacer de una ciudad que alguna vez estuvo orgullosa de ser, precisamente eso, insegura.

No quiero entrar en el análisis sociológico de este tipo de comportamientos, otros más calificados lo harán. Sin embargo, aquí hay claramente dos puntos a tener en cuenta: es la violencia practicada en su gran mayoría por los portugueses y estamos ante un fenómeno de falta de autoridad del Estado.

Cualquiera que pasee por las calles de la capital de noche se da cuenta de inmediato de un hecho, casi no hay polic√≠as presentes. La √ļnica presencia policial que se puede ver est√° asegurada por la Polic√≠a Municipal, pero esta, en particular, no es su misi√≥n.

Depende de las autoridades municipales de Lisboa garantizar la seguridad de sus ciudadanos y exigir el correcto mantenimiento del orden p√ļblico. En plena campa√Īa electoral resulta, cuando menos, extra√Īo que el tema no sea uno de los principales a debatir.

Supongo que soy consciente de las dificultades del Comando PSP de Lisboa, en particular la escasez de recursos de la 1.a divisi√≥n, a pesar de los esfuerzos de los equipos de intervenci√≥n r√°pida de tama√Īo insuficiente, y tampoco tengo la intenci√≥n de entrar en la discusi√≥n sobre la Intervenci√≥n Especial. Modelo de compromiso de la unidad. Pero hay una cosa que s√©, no hay discusi√≥n posible, dadas las m√ļltiples situaciones que se han producido, aparte de vigilar adecuadamente, prevenir y, si es necesario, reprimir.

Personalmente, prefiero que la policía esté presente descaradamente que ausente. Para los que argumentan que su presencia es provocadora, digo que solo será para ciudadanos indignos de esa cualidad.

En un per√≠odo en el que la polic√≠a y su autoridad son controvertidas permanentemente, a menudo sin motivo, a menudo sin el beneficio de la duda y a veces como resultado de una provocaci√≥n abierta, cuando sus intervenciones est√°n siempre bajo el escrutinio m√°s intenso, donde el poder pol√≠tico actual est√° presente. M√°s preocupado por la imagen p√ļblica y por lo que se dice en las redes sociales que por el orden p√ļblico, es casi natural que empiecen a estar en juego el ethos del cuerpo, la disciplina y la motivaci√≥n de los polic√≠as.

Ana Gomez

Ana G√≥mez. Naci√≥ en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios a√Īos. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. Tambi√©n me considero una Geek, amante de la tecnolog√≠a los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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