Lava Jato y Arroz Verde: cómo entender la trama de corrupción sistémica en América Latina



Dos situaciones reabrieron el tema de la corrupción en América Latina: el caso Lula y el caso Arroz Verde, en Ecuador; ambos revelan la existencia de fuertes lazos de corrupción entre operadores políticos, gobiernos y empresas, a punto de definir una verdadera estructura sistémica de corrupción regional. El caso Lula resurgió en los medios y en la escena política por cuenta de denuncias que involucran al actual ministro de Justicia de Brasil, Sergio Moro, que cuando juez expuso la mayor trama de corrupción de los últimos años, involucrando a la contratista Odebrecht y las más altas figuras política brasileña. El ex juez habría utilizado su cargo para ejercer influencia sobre los fiscales que responden por el caso Lula, dirigiendo sus intervenciones hasta conseguir el indiciamiento y condena del ex presidente a ocho años y 10 meses de prisión. La acusación a Moro impugna el proceso que condenó al ex presidente, pero no desmantela las pruebas sobre la existencia de la megatrama de corrupción revelada por el caso Lava Jato.

La Lava Jato evidenció la base institucional de la trama de corrupción, sobre la cual las campañas políticas de los partidos situacionistas eran financiadas por empresas que actúan bajo contratos del Estado, y luego eran favorecidas por la concesión de contratos escusos. El caso Arroz Verde, en Ecuador, revela, por su parte, la existencia de una trama de corrupción que reproduce la misma lógica de la Lava Jato: azar campañas políticas y más adelante cobrar favores en forma de contratos públicos, pero añade elementos que hacen situación aún más grave: la utilización de recursos públicos, es decir, del Estado, para financiar las campañas de operadores políticos que son parte de la máquina del gobierno. Con eso, la corrupción buscaba consolidar la reproducción de verdaderas castas en el poder, e impedir la alternancia democrática.

Pero lo que se hizo y lo que dejó de hacer bajo esta lógica sistémica de corrupción? ¿Cuál fue el costo para América Latina, además de las sumas colosales que van a parar en los bolsillos de los operadores políticos o en las cofres de campaña de sus partidos?



Con certeza, América Latina perdió una década entera, en la que sus finanzas estaban alimentadas por el elevado precio de las materias primas, en un proceso de intensificación y aceleración de la economía mundial. Observada a cierta distancia, América Latina estaba ingresando en una especie de segunda acumulación original de capital, en algunos casos, y en su segunda industrialización, en el caso de Brasil. Lula no sólo lideraba un programa exitoso de redistribución de renta mediante la dinamización de gastos internos pero también se fortalecía como líder regional de un programa de inversiones macizas que, si bien dirigidos, habrían podido transformar toda la infraestructura del subcontinente.

Pero las intenciones quedaron sólo en la intención, y Lula y el PT no supieron aprovechar la coyuntura internacional para transformar efectivamente las relaciones de poder en Brasil y en el resto de América Latina; el pragmatismo lulista impidió que emprendiera una verdadera tarea de transformación e innovación tecnológica y de la producción; prefería no afectar las relaciones de poder y de mando de la economía, y se convirtió en intermediario de procesos colosales de transferencia de rentas. Es en esa línea que se puede comprender la configuración de un verdadero modelo sistémico de la corrupción, del cual Lula terminaría siendo el principal operador. Para ello, se produjo una sofisticada arquitectura política y financiera, una articulación estrecha entre el Estado brasileño como gran negociador con sus pares, los demás Estados latinoamericanos, para la cual se volvió toda la diplomacia brasileña, encabezada por Lula, que ejercía el Estado papel de gran lobbista. Así surgió una estructura de acuerdos políticos entre Estados, sostenida por operaciones de compra de voluntades a agentes en funciones de gobierno, para lo que fue desarrollado la oficina de estructuración de Odebrecht, que administraba ese tipo de operación.

El daño más grave causado por esta trama de corrupción encabezada por Lula en el caso Lava Jato y Rafael Correa en el caso Arroz Verde, además del desperdicio de los recursos públicos, es el debilitamiento de la capacidad de control sobre la gestión pública y la configuración de instituciones frágiles ante el poder arbitrario y caprichoso de los líderes neopopulistas. En el caso ecuatoriano, esto quedó claro en la conformación del quinto poder, instancia dirigida a canalizar la participación ciudadana en el control del proceso político pero que se convirtió en instrumento privilegiado del poder presidencial, permitiendo que éste controlara a aquellos que debían controlarlo.

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Traducción Paul Migliacci

Julio Echeverría, doctor en sociología y científico político, es profesor de la Universidad Central del Ecuador y especialista en análisis político e institucional, en sociología de la cultura y en urbanismo.


Nacho Vega

Nacho Vega. Nací en Cuba pero resido en España desde muy pequeñito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interesé por el periodismo y la información digital, campos a los que me he dedicado íntegramente durante los últimos 7 años. Encargado de información política y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebookhttps://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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