Las mujeres de nuestras vidas





Por ayer haber sido el Día de la Madre, me di cuenta de que todavía estamos años luz de valorar a nuestras madres por el doble papel que desempeñan, por ser madres, pero principalmente por ser mujeres.





Cada vez que escribo sobre nuestros derechos hay quien no le guste. Hay tanta gente aburrida, mayoritariamente hombres, con argumentos, se diga, algo banales: que estoy hablando de causa propia, de entre otros con menos elevación. En verdad, siempre me siento atenta a esta argumentación, aunque no recuerdo de ninguna manera, fuera cuál fuera, haber llegado a otro punto que éste: "¿pero por qué no?". Por supuesto, estoy siendo simplista.

Reflexiones aparte, hoy os hablo de algo que no hemos discutido muchas veces, inspirada que estoy por lecturas que he venido haciendo en los últimos tiempos. No vengo a hablar de los derechos y deberes que las mujeres tienen, esas son las partes visibles del problema, pero os vengo a hablar de lo que no se ve a la superficie.

Los papeles sociales de las mujeres son todavía bastante relevantes, también en su discurso e incluso en situaciones donde la cubierta profesional debería tener primacía sobre el género – se ve, por ejemplo, los trabajos de Black et al.. 2016 y O'Connor 2013 sobre cómo en los tribunales norteamericanos la no utilización de argumentaciones emocionales por parte de las abogadas tiene impacto negativo en la decisión final de los jurados.

En general, las mujeres que tienen como profesión argumentar por sus clientes, en caso de abogadas, pero no sólo, se vean las académicas y las políticas, por ejemplo, tienen un doble desafío: como profesionales se espera que no apele a las emociones, como mujeres se espera que lo hagan. Al principio, las mujeres están en desventaja, o por la incertidumbre de cómo comportarse porque están acostumbradas a un determinado patrón, tanto por lo que inconscientemente los otros miembros de la sociedad de sí esperan.

Curiosamente, o no, los resultados de investigaciones recientes (Gleason, Jones y McBean, 2019) demuestran que las mujeres, en este tipo de ambiente donde la argumentación oral y pública es central, son más exitosas cuando actúan conforme a sus normas de género . Es decir, se espera que las mujeres sean más emotivas y "menos profesionales". Con esta información surgen otras: por ejemplo, las mujeres son, por norma, interrumpidas más veces (ya han prestado atención a sus conversaciones en el día a día en el espacio laboral?), Y su tono de voz es también más veces referido por la "Oposición" como un aspecto negativo.

Podrían pensar que nada de esto importa. Yo les digo que importa, pero no necesitan creer en mí, pregunten a vuestras madres.





La autora escribe de acuerdo con la antigua ortografía.

Ana Gomez

Ana Gómez. Nació en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios años. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. También me considero una Geek, amante de la tecnología los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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