Las guerras olvidadas





A menudo escuchamos con relativa frecuencia que Europa está experimentando uno de los períodos de paz más largos de su historia, y que este logro notable se debe, en gran medida, a la realización del proyecto europeo iniciado después de la Segunda Guerra Mundial, que se comprometió a para amortiguar muchas de las rivalidades intraeuropeas clásicas e históricas, permitiendo diluir o incluso eliminar muchos de los posibles factores y conflictos que el Viejo Continente ha conocido a lo largo de su historia.





Esta afirmación es objetivamente cierta. O, si queremos ser más precisos y rigurosos, tiende a ser cierto.

Es cierto que desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el Viejo Continente nunca más volvió a conocer un conflicto bélico con proporciones casi épicas como las que en solo 75 años habían destruido gran parte de Europa: las Guerras Franco-Prusianas, la Primera Guerra. Segunda Guerra Mundial Este hecho es innegable y, gracias a la divina Providencia y la sabiduría humana, las tendencias belicistas fueron contenidas y tales tragedias no se repitieron. Sin embargo, hay que decir que, en las últimas décadas, Europa ha sido un oasis de paz, amor y felicidad, es muy importante.

Todos recordamos que incluso sin un mandato de la ONU, la OTAN bombardeó Serbia. Todos recordamos las guerras fratricidas en los Balcanes tras la desintegración de la ex Yugoslavia. Todos recordamos los muchos conflictos armados que siguieron a la implosión del imperio soviético. Todos recordamos el estado de guerra latente o paz artificial entre Rusia y Ucrania después de la crisis de Crimea.

Fue precisamente un hecho relacionado con este último conflicto, que ocurrió hace unos días, que sirvió como catalizador de esta crónica. El fin de semana pasado, el gobierno ucraniano anunció que 76 prisioneros habían regresado a casa, mientras que los separatistas ucranianos pro-rusos declararon que 124 personas habían regresado a las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk.

Este verdadero "intercambio de prisioneros", que involucró a casi 200 personas, fue el último desarrollo de un conflicto armado que ha matado a más de 13,000 víctimas, que ha tenido lugar en suelo europeo durante aproximadamente cinco años, desde el intento de independencia de los separatistas pro-secesión. Los rusos en el este de Ucrania hace cinco años, lo que condujo al colapso de las relaciones entre Ucrania y Rusia, que culminó con la anexión de Moscú de la península de Crimea y el apoyo a los rebeldes pro-rusos en el este de Ucrania. Este fue ahora el último intento de los presidentes ruso y ucraniano Vladimir Putin y Volodymyr Zelenski, respectivamente, de acordar medidas para contener este conflicto poco hablado que rara vez es noticia.

Ahora, este conflicto armado ruso-ucraniano es solo uno para agregar a los muchos otros que han tenido lugar en Europa incluso después del final de la Segunda Guerra Mundial. Y lo cual, en la rigurosidad de los conceptos, nos impide ver a nuestro Viejo Continente como esa isla de paz y prosperidad desde la capitulación de la Alemania nazi en abril de 1945.





Si bien es cierto que el conflicto de tales dimensiones no ha vuelto a ocurrir en suelo europeo, no podemos olvidar o ignorar a todos los miles de nuestros hermanos europeos que ya han sucumbido a muchos de esos conflictos olvidados que a pocos les gusta recordar y casi nadie quiere asumir o recordar. Estos conflictos, que debemos asumir sin ninguna culpa o tragedia, el proyecto europeo no pudo evitarlo, evitó su brote y, a menudo, no logró poner fin.

El día en que Europa en la Unión logre tener una política común de seguridad, defensa y vecindad con los estados con los que limita, puede ser más eficaz y útil para prevenir la aparición de muchos de estos conflictos que, a pesar de A pesar de su pequeño tamaño e incluso menor visibilidad, son conflictos armados librados en territorio europeo, que no pueden ser sostenidos por esa misma Europa de la Unión.

No es porque muchas de estas guerras son auténticas "guerras olvidadas" que deben dejar de preocuparnos, movilizarnos y desafiarnos. Si la nueva Comisión Europea y el nuevo Alto Representante para la política exterior pueden opinar sobre esta área, harán un servicio inestimable a Europa y la causa de la paz que lo motiva.

Para nuestros lectores, que generalmente asisten a esta columna de opinión, en este último día de 2019, desean un excelente año de 2020, preferiblemente con gran paz, especialmente en aquellas regiones del mundo donde continúa este bien precioso pero también distribuido de manera desigual. para llegar

Ana Gomez

Ana Gómez. Nació en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios años. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. También me considero una Geek, amante de la tecnología los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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