La voz de francisco





El domingo pasado, el mundo nuevamente tuvo la oportunidad de escuchar la voz del Papa Francisco en Bari, para hablar sobre los nuevos desafíos populistas que enfrenta el mundo, advirtiendo, una vez más, de las consecuencias perjudiciales que pueden tener .





Con un meridiano lúcido, el Papa no escatimó en palabras: insistió nuevamente en la tesis de que la proliferación de populismos que ocurre un poco en todas partes, a la izquierda y a la derecha, contribuye a crear un clima similar a todo lo que precedió a la Segunda Guerra Mundial, en la cual los discursos populistas abrieron la puerta a las corrientes del pensamiento nacionalista y estos exacerbaron los sentimientos nacionales, elevándolos a niveles nunca antes vistos.

Las consecuencias son bien conocidas por todos, pero aun así, el Papa insistió en recordárnoslas.

El discurso populista carece de valores cohesivos, coherencia dogmática, elaboración doctrinal y sistematización expositiva. Transmite en cada momento lo que, en ese momento, su destinatario quiere y quiere escuchar. En cierto modo, es una variante del llamado pragmatismo que no está vinculado a los referentes ideológicos porque prefiere y opta por el resultado final que logra alcanzar, independientemente de los medios que utilice para lograrlo.

Ambos, populismos y pragmatismos, son hijos amados del relativismo que el marxismo cultural logró sembrar con éxito en las sociedades occidentales, especialmente de la «escuela de Frankfurt».

Ahora, al alzar su voz contra los populismos que se abren camino y rastrear su éxito en diferentes puntos de nuestra geografía, el Papa Francisco estaba gritando contra el relativismo moral que ha socavado la esencia y los cimientos de nuestra sociedad. y nuestra civilización. Y al confesar su miedo frente a esta triunfante marcha del populismo, porque le hizo recordar la situación experimentada en el período entre las dos guerras mundiales, el Sumo Pontífice simplemente estaba reforzando una posición inequívoca de la Iglesia Católica que, por sin ir más lejos, se hizo evidente desde el magisterio del amado San Juan Pablo II.

Durante décadas, la doctrina social ha incorporado en sus enseñanzas la lucha implacable contra los nacionalismos, que inevitablemente conducen a situaciones de conflicto, exclusión y segregación. Y eso, al final, fueron en gran parte responsables de los últimos dos grandes conflictos que devastaron una parte importante de nuestro mundo y nuestra civilización. Conflictos que seguimos aprovechando en el mundo pero que, en el fondo y en su origen, eran exclusivamente europeos y occidentales.





En este mundo sin referentes y valores, en esta civilización que vemos que se deconstruye inexorablemente ante nuestros ojos, es mínimamente reconfortante poder seguir escuchando algunas voces que se levantan descontentas con lo que, a veces, parece una marcha inexorable del mundo hacia el caos, abismo y lo perfecto y absoluto desconocido.

Con innumerables problemas para resolver dentro de su propio hogar, muchos de ellos causados ​​por aquellos que tenían la obligación más elemental de prevenirlos y evitarlos, a menudo acusados ​​de ser uno de los brazos del movimiento globalista por aquellos radicales que, teniendo una visión maniquea del mundo donde vivimos, comprenda que solo está dividido entre globalistas y soberanos, sin embargo, el Sumo Pontífice continúa predicando buena doctrina y emitiendo sus advertencias sobre los riesgos y amenazas que se ciernen sobre nuestro mundo los días que correr

Eventualmente no lo hará con la elocuencia, el carisma y la asertividad con que, por ejemplo, lo hizo San Juan Pablo II. Pero si es cierto que cada Hombre es un producto irrepetible de la Creación, cada ser humano sigue siendo el producto de su entorno y circunstancias, parafraseando a Ortega y Gasset. Ahora, las circunstancias del Papa «que vino de lejos» no se confunden ni son similares a las circunstancias del Papa-minero que sufrió en la piel los efectos de la tiranía más sanguinaria de la historia y tuvo que luchar contra ella para poder finalmente poder ganar

A pesar de sus circunstancias personales y los desafíos que enfrenta, Francis es, sin embargo, una de las voces más encantadoras que los príncipes de nuestros días, de los días del relativismo, podrán escuchar para hablarles en sus oídos.

Como regla general, siempre ha estado del lado bueno de las barricadas y de los desafíos que se le han planteado a Europa y al mundo. Ha tenido la palabra correcta en el momento correcto. Ha realizado las denuncias que se imponen en los momentos que se demandan. Ha sabido estar del lado de los más pobres, los más necesitados y los más humildes, condenando las prácticas inapropiadas, la teología pura de los mercados desregulados y los excesos del liberalismo. En una palabra, Francisco ha dejado una sólida constancia de la doctrina social que ha ayudado a solidificar, a pesar de las críticas, ofensas y prejuicios de los cuales continúa siendo el objetivo.

Los líderes europeos harían bien, independientemente de sus creencias, fe y valores, si escucharan sus enseñanzas, su palabra, sus miedos y sus miedos. Sin duda, tendríamos una Europa más solidaria, más cohesiva, más unida y más fuerte.

Ana Gomez

Ana Gómez. Nació en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios años. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. También me considero una Geek, amante de la tecnología los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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