La vida que perdura





El fin de semana pasado, miles de portugueses volvieron a las calles de las principales ciudades del país para presenciar su compromiso con la defensa de la vida. Es una gran marcha con una tradición ya establecida que atraviesa arterias emblemáticas de las ciudades donde se celebra.





Es un momento de alegría, celebración de la vida, intercambio de experiencias. Sin reclamo contra nada, sin voz de protesta. Hay estímulos, propuestas e ideas. Todo en defensa intransigente de la dignidad humana. Todo en defensa de la vida, la promoción de su calidad, respetabilidad y protección. Es un gran movimiento de masas en defensa del hombre.

Este a√Īo hemos visto un aumento significativo en el n√ļmero de participantes. El n√ļmero de j√≥venes es absolutamente impresionante, lo que demuestra que se preocupan por los grandes problemas, en una clara renuncia a la superficialidad y al facilitismo. Una generaci√≥n que promete lo mejor para el futuro. La composici√≥n intergeneracional e interclasista de estas manifestaciones atestigua el alcance social que alcanzan, como un gran momento de expresi√≥n de las principales causas.

Así como la izquierda radical y populista amenaza con volver con la eutanasia a la fuerza de un decreto parlamentario de imposición ideológica, los portugueses abandonan la comodidad del sofá y salen a las calles en defensa de lo más importante, la vida. Hay en estas manifestaciones, y en su fuerza, la clara manifestación de una fractura. Hay paz, alegría y constructivamente suficiente para la destrucción que unos pocos se preparan para imponer. Hay una manifestación de una realidad espontánea imposible de ignorar en la democracia.

Despu√©s del √ļltimo fin de semana, ning√ļn actor pol√≠tico puede volver a imponer conscientemente una voluntad unilateral sobre asuntos relacionados con la vida. El intento completamente deshonesto del Bloque de utilizar la aritm√©tica parlamentaria de manera oportunista para transmitir su programa de fractura, destrucci√≥n y muerte no puede pasar, bajo pena de que el totalitarismo del bloque se convierta en el totalitarismo del estado. Si est√° seguro de la validez de lo que representa, dele la palabra a la gente. No tengas miedo de votar a la intemperie. No tengas miedo de la gente.

Sí, solo un referéndum puede legitimar cualquier regulación legal sobre la eutanasia. Es la vida de todos, y de cada uno, de lo que se trata; y todos, estrictamente todos, deben poder opinar sobre esto, que seguramente es la más importante de las grandes preguntas del presente. ¡No nos callaremos!

Las minorías objetivas como instrumentos de odio.





El parlamento nacional acogió sin discriminación, con absoluta normalidad, a lo largo de la historia reciente, portugueses con diferentes orígenes en lo que fue el imperio portugués. No recuerdo a nadie que se haya preocupado por el origen de Antonio Costa, Helder Amaral, Idália Serrão, Narana Coissoró o Celeste Correia. Todos se destacaron por sus propios méritos en los roles parlamentarios y de gobierno, sin que nadie los cuestionara por sus orígenes. Cada uno de estos protagonistas es un signo natural de la madurez social que felizmente tenemos.

En las √ļltimas elecciones hemos visto la aparici√≥n de candidatos a objetos, elegidos √ļnicamente en funci√≥n del color de la piel, las disculpas de g√©nero y una u otra limitaci√≥n f√≠sica. La funci√≥n de estos candidatos, proclamados como pioneros, sin saber exactamente qu√©, es una vez m√°s la polarizaci√≥n y la fractura. La invenci√≥n de un pasado, a trav√©s de un revisionismo ideol√≥gico que destruye el orgullo y la identidad portugueses, es otro paso en la destrucci√≥n y fragmentaci√≥n defendida por las fuerzas radicales de la izquierda populista.

El impactante circo que recorren a cada paso da fe de la certeza de esta destructiva marcha. Intentan robarnos todo, ni siquiera la memoria colectiva. No hay mayor racismo que el practicado por el Bloque y los Libres con sus minorías objeto. No hay mayor racismo que el discurso recurrente de odio de estas fuerzas para desestabilizar una sociedad pacífica y armonizada. No hay mayor racismo que la imposición de una historia ideológicamente revisada para destruir la memoria de un pueblo; un pueblo de blancos, negros, mestizos, árabes, indios, orientales, finalmente, grandes y plurales.

En el ataque a la vida, en la desestabilizaci√≥n social, una peque√Īa minor√≠a puede tener una cobertura medi√°tica desproporcionada y hacer una gran cacofon√≠a. En defensa de la vida, la estabilidad y la paz social, los medios de comunicaci√≥n pueden ignorar a una gran mayor√≠a y crear un silencio artificial. Existe una naturalidad insuperable, no sujeta a la artificialidad de las minor√≠as opresivas, y ser√° la voluntad de la gente dictar el futuro.

El autor escribe seg√ļn la antigua ortograf√≠a.

Ana Gomez

Ana G√≥mez. Naci√≥ en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios a√Īos. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. Tambi√©n me considero una Geek, amante de la tecnolog√≠a los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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