La pandemia y la simbiosis entre lo global y lo local





Mientras la crisis de la pandemia se desarrolla, sin un final a la vista, y su manifestación se mantiene en todo el mundo, las mismas escalas que la definen, global y local, parecen ser beneficiosas para los negocios de algunas empresas. En interacción, las escalas global y local habrán contribuido a un efecto típico de las crisis: el refuerzo de la concentración de capital, facilitado por la extensión global de los negocios. Esta concentración de capital no dejará de portar el germen de la próxima crisis.





Desde el inicio del encierro, grandes empresas con expresión internacional han incrementado su volumen de negocio, fortaleciendo su participación de mercado. Gigantes de la industria digital como Google, Facebook, Apple o Amazon han visto expandirse su dimensión económica, aprovechando las características de inmaterialidad de sus principales actividades y la dependencia irrefutable de la población mundial del tipo de servicios que ofrecen. . Su expresión global fue decisiva en su capacidad para triunfar y crecer, explorando y beneficiándose de economías de escala y una amplia demanda, porque sin fronteras. La misma expresión global, curiosamente, habrá condenado a otros colosos como las aerolíneas, el sector del automóvil o incluso las petroleras, cuya demanda se vio afectada negativamente por el contexto pandémico. En un entorno en el que la economía mundial se contrae (las últimas previsiones del FMI apuntan a un descenso del 4,4% de la economía mundial en 2020), la expansión económica de algunas empresas tendrá que producirse en detrimento de otras, en un proceso de transferencia de ingresos entre estos e incluso entre sectores de actividad.

Paralelamente, pequeños comercios locales como la tienda de barrio, a escala local, pudieron explorar la preferencia por lo pequeño y cercano, incluso disputando -en el caso portugués- la preferencia por las grandes superficies. El tamaño de estos negocios, al ser tan pequeño, no podía suponer una amenaza para el crecimiento de los gigantes digitales, al contrario, contribuyó a facilitar la afirmación de la gran escala debilitando la escala intermedia.

Por otro lado, la supervivencia del lugar, a menudo, resultó de una simbiosis forzada con otros gigantes de expresión global, de los cuales Uber es un paradigma. Durante el período de mayor encierro, la continuidad de algunas empresas de catering, por ejemplo, se benefició de su asociación con este tipo de plataformas digitales a escala global. Si más recientemente los ecos ya apuntan a un estrangulamiento económico de los negocios tradicionales por parte de estas plataformas, por ahora su vínculo parece no haberse agotado por completo.

La exigencia de enviar a la población a su pequeño universo de refugio -la casa y su barrio- mientras se acortaba la distancia digital para mantener una actividad productiva dominada por el sector servicios, fue prerrogativa de la pandemia. Llegar demasiado lejos, sin poder alejarse demasiado de cerca, tuvo el efecto de dirigir el capital a sectores estratégicos donde las tendencias de concentración ya eran evidentes.

Los schumpeterianos llamarán al cambio empresarial generado por la crisis pandémica, una destrucción creativa, justificada por la nueva dinámica de los mercados y que consiste en una manifestación de las oportunidades brindadas por las crisis. Nuevas empresas, más dinámicas e innovadoras, sustituirán a las antiguas, sin adaptabilidad, en una lógica darwiniana aplicada a la actividad económica. Las crisis, sin embargo, han sido principalmente oportunidades para incrementar la concentración empresarial y cuestionar la idea de que la libre competencia conduce a una situación social y económica óptima. La tendencia a la concentración es inherente al sistema de mercado que caracteriza a las democracias industrializadas y tenderá a ensancharse aún más cuanto más se prolongue la crisis pandémica, a pesar del intento de controlarla mediante políticas regulatorias activas.

La pandemia, que también es producto de la globalización y que nos confina individualmente a una escala local, beneficia a las empresas capaces de responder a la demanda mundial, aunque sea local, condenando el sistema económico moderno a la convergencia hacia un competencia oligopolística y muy probablemente germinando los actores responsables del desarrollo de la próxima crisis.





Ana Gomez

Ana Gómez. Nació en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios años. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. También me considero una Geek, amante de la tecnología los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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