La droga no se vence con la droga


En el caso de que se trate de un proyecto de ley (nº 1050 / XIII, 4ª), del Bloque de Izquierda, que tiene por objeto la legalización del cultivo, posesión y venta de cannabis para uso personal (dicho "recreativo"). En la respectiva exposición de motivos se enumeran los habituales argumentos del antiprohibicionismo sobre las drogas en general: el prohibicionismo falló, no elimina el consumo y genera un mercado negro altamente lucrativo y dominado por organizaciones criminales, la legalización permitirá desviar a los consumidores de ese mercado, les da la información adecuada y evitar los riesgos para la salud que se derivan de la manipulación de las drogas.


El proyecto autoriza la venta de cannabis en establecimientos para tal licenciados, con garantías de control de la calidad e intensidad del producto, con la limitación de adquisición de cantidades correspondientes al consumo medio individual durante treinta días, con la prohibición de venta a menores y de publicidad y con obligaciones de información sobre los riesgos para la salud derivados del consumo. Se prevé la fijación de precios equivalentes a los del mercado clandestino. Se prevé la creación de un impuesto especial, cuyo ingreso revertirá para la financiación de acciones de prevención y tratamiento de la drogodependencia. Se mantiene el régimen de castigo del tráfico de cannabis fuera de este marco legal.

Se invoca la experiencia de los Estados norteamericanos que adopten esta vía, al igual que las de Uruguay y Canadá.


De esta exposición de motivos parece que no se desprende la defensa de la inocuidad del consumo de cannabis. Se reconoce que de este consumo resultan daños a la salud pública, aunque no se especifican. En realidad, los daños personales y sociales asociados a ese consumo están demostrados, como ha destacado recientemente el psiquiatra Pedro Afonso, siendo que el más grave de esos daños será tal vez el de la posible inducción de graves psicosis.

Pero si así es, no se comprende la opción tomada, ni los argumentos antiprohibicionistas que la sostienen son convincentes. Tales argumentos servirían, por lo demás, para justificar la legalización del consumo y venta de cualquier estupefaciente; no siendo lógicamente aceptable limitarlos al cannabis.

Es lógico que un régimen que viene a autorizar y facilitar el consumo de una sustancia estupefaciente comprobadamente dañina para la salud pública, y hasta entonces ilícito, no puede dejar de contribuir al incremento de ese consumo. Sostener lo contrario es poner en cuestión un principio elemental de cualquier política legislativa.

En la perspectiva de la tutela de la salud pública, de poco adelanta que ese consumo deja de ser clandestino y pasa a ser legal, Lo que, ante todo, interesa es que ese consumo sea evitado y es un contrasentido pretender que la legalización lo va evitar. Por el contrario, va a facilitarlo y, de ese modo, incrementarlo.

La experiencia de los Estados norteamericanos que más tiempo (en 2002) legalizaron el consumo y venta de cannabis revela eso mismo, tal como revela el fracaso de otros pretendidos objetivos de esa opción.

En estos Estados, después de la legalización el consumo de cannabis, aumentó, entre adultos y menores, aumentaron las intervenciones hospitalarias derivadas de ese consumo y aumentó la conducción de carreteras bajo su influencia Disminuyó la percepción acerca de la daños y peligros de ese consumo. El mercado clandestino no ha desaparecido y permite la compra a precios más bajos, sin los impuestos que alcanzan el mercado legal.

Estos datos se pueden recoger en varios estudios.

En lo que se refiere al Estado de Washington, en un estudio del propio Gobierno. En lo que se refiere al Estado de Colorado, en un estudio de la unidad de misión Rocky Mountain HIDTA, vinculada al Gobierno federal: En un estudio de la Asociación de Jefes de Policía. Y en el más reciente (de octubre de 2018) estudio de la División de Justicia Criminal del Estado.

Es verdad que en la exposición de motivos del proyecto del Bloque de Izquierda se invocan otros datos, pero no hay razones lógicas que puedan sostener. Es, desde luego, contra-intuitivo que la legalización de la venta y consumo de un producto no sirva para incrementar esa venta y ese consumo.

Y también es lógico que la legalización propuesta vele un mensaje y represente una señal que muchos, adultos, jóvenes y adolescentes interpretarán como de indiferencia o devaluación en cuanto a los daños asociados al consumo de cannabis. La ley tiene siempre un papel pedagógico o, cuando es distorsionada su función, como será el caso, antipedagógico. Es pues, espectaculo que la legalización de la venta y el consumo de cannabis contribuya decisivamente a que disminuya la percepción de la perjudicial a dicha asociada. Reflejo de la progresiva extensión de la legalización del consumo de cannabis en Estados Unidos son datos recientes que indican que sólo el 15% de los jóvenes adultos norteamericanos son conscientes de esa daños.

De poco sirve, en ese contexto, imponer obligaciones de información sobre los daños y peligros asociados al consumo de cannabis como condición de autorización para la respectiva venta. Esta imposición será leída como una profunda contradicción del sistema, o incluso como signo de hipocresía. Como se lee como contradicción o incluso hipocresía, el cobro de impuestos a quienes se benefician con esa venta que se destinan a financiar acciones de prevención y tratamiento de la drogodependencia: se permite el beneficio de una acción que fomenta la toxicomanía y con los impuestos derivados de ese beneficio se pretende financiar la prevención y tratamiento de esa drogodependencia.

La persistencia del mercado clandestino también tiene una explicación lógica. En el mercado clandestino seguirán perteneciendo los ámbitos no cubiertos por la legalización: la venta a menores, de cantidades más elevadas que las legalmente permitidas, de sustancias con mayor concentración de producto activo de lo legalmente permitido, oa precios más bajos porque no sujetos a la tributación general y especial.

Es importante desmontar la idea de que la venta de cannabis deja de ser maléfica por dejar de ser clandestina, casi como si esa venta pasara de organizaciones criminales a instituciones de beneficencia no lucrativas. La legalización de esta venta en varios Estados ha dado lugar a una verdadera carrera a oportunidades de negocio que atraen a grandes empresas. Estas se movilizan en acciones de cabildeo a favor de la legalización y captan inversores en la perspectiva de astronómicos ganancias futuras. En Canadá son más de un centenar las empresas de este ramo cotizadas en la bolsa y las cinco mayores han visto su cotización multiplicada por diez. En California, nuevas empresas de esta rama se han duplicado su volumen de negocios en el último año. En la expresión del periodista italiano Pietro Saccó (en avvenire de 14 de octubre de 2018), este es el «derecho de los ciudadanos»,la inversión predilecta de las finanzas menos escrupulosa». No sé si políticos que se afirman "anticapitalistas" piensan en estas consecuencias de la legalización del consumo de cannabis cuando la proponen ….

Estas empresas no están ciertamente interesadas en limitar el consumo de cannabis, ni es su misión proteger la salud pública. Sólo tendrán que ganarse con el incremento de ese consumo y con la dependencia de sus clientes en relación a ese consumo. En el plano moral, su actividad no se distingue mucho de la de los traficantes. La legalización viene a blanquear esa actividad casi a nivel del plano jurídico-formal y en el plano de la respetabilidad social.

Y también es una incoherencia del sistema continuar castigando severamente el tráfico clandestino y aprobar otra forma de tráfico que en algunos caos de él se distingue sólo por razones formales. No es sustancialmente diferente la ofensa a la salud pública (el bien jurídico que se pretende proteger con la incriminación del tráfico de estupefacientes), en uno y otro caso, por muy exigentes que sean los requisitos de la licencia (en cuanto a los límites de la venta, o el control de calidad del producto). En uno y otro caso, se verifican los daños y peligros asociados a cualquier consumo de cannabis.

Por eso, puede decirse que con la legalización, de algún modo, el Estado se vuelve cómplice en relación a esos daños y peligros, donde se puede incluir la inducción de graves psicosis. Y si es así, puede decirse que, de algún modo, pierde autoridad para castigar el tráfico de estupefacientes.

Quiero creer en la buena fe de muchos de los partidarios de la legalización del consumo y venta de cannabis y de los proponentes del proyecto en discusión en la Asamblea de la República. Quiero creer que no es su intención incrementar ese consumo y que sólo pretenden limitar los daños que reconocen estar asociados a ese consumo.

Pero no puedo dejar de afirmar que no será eso lo que resultará de la legalización. Y también que no podemos resignarnos a una estrategia de reducción de daños, como si debiéramos dejar de luchar por una sociedad libre de drogas, o como si hubiera drogadictos irrecuperables. Hay que afrontar los daños en su raíz, eliminarlos y no sólo reducirlos. Las prohibiciones obviamente no llegan para construir una sociedad libre de drogas. Pero contribuyen a ello, permitiendo que el mal se contenga dentro de algunos límites (lo que la legalización no permite). Para construir una sociedad libre de drogas, son decisivas, sobre todo la familia, y la educación y la solidaridad.

Será bueno tener en cuenta, como sucede con otras temáticas, lo que ha dicho el Papa Francisco a este respecto. Dijo, con claridad, en un discurso del 20 de junio de 2014:¡La droga no se vence con la droga! La droga es un mal, y con el mal no podemos darnos por vencidos ni ceder a compromisos. »

Presidente de la Comisión Nacional Justicia y Paz


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Nacho Vega
Nacho Vega. Nací en Cuba pero resido en España desde muy pequeñito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interesé por el periodismo y la información digital, campos a los que me he dedicado íntegramente durante los últimos 7 años. Encargado de información política y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebookhttps://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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