La desconexi贸n del mundo y la cuesti贸n de lo humano.









Hoy, proliferan las invitaciones para desconectarse. De las redes sociales, correo electronico, plataformas, para nuestra desintoxicaci贸n digital. Y tambi茅n del ritmo r谩pido y productivo, en el que hacemos del tiempo no una casa habitable sino una industria de altos ingresos. Sin embargo, esta invitaci贸n se hace para que, al desconectarnos, podamos restaurar la energ铆a y la capacidad de volver a sumergirnos en la misma industria.

Elogia la capacidad de apagarse como una v谩lvula de escape que se puede activar, un beneficio para apagar las luces hasta el d铆a siguiente, para el equilibrio de la vida, la salud, incluso medicamentos. Al igual que el resto necesario para recuperar la fuerza laboral, las pastillas para dormir, el ocio indispensable para que el trabajo no pierda todo sentido. Y, por supuesto, los beneficios de la pr谩ctica son conocidos y difundidos, aquellos que ya tienen m谩s descanso y ocio, aquellos con m谩s oportunidades en un mundo social cuya regla de operaci贸n es la econom铆a de la desigualdad estar谩n m谩s desconectados. Si puede, publicite el sistema socioecon贸mico, d茅 la vuelta al mundo y luego comience de nuevo con m谩s fuerza desde donde lo dej贸.

Esta propaganda sobre el derecho a desconectar presupone la ilusi贸n radical de que estamos excesivamente conectados, cuando en realidad nunca hemos estado tan desconectados del mundo y de todo lo que no est谩 bajo el control del sistema de producci贸n global, que tambi茅n es un Web y una organizaci贸n socioecon贸mica que se presenta como 煤nica e ineludible.

Cuando se evoca el derecho a desconectarse, incluso puede ser reconectarse a la Tierra, buscar la profunda experiencia de pertenecer al mundo. Pero ser谩 una ilusi贸n proyectar el derecho a desconectarse como un futuro de los derechos humanos si solo expresa nuestro deseo maquinista de poder hacer un apagar de vez en cuando Precisamente porque no es un reclamo humano, sino nuestra conformaci贸n para ser cada vez m谩s como robots, dispositivos desconectables.

No hay mejor indicaci贸n de nuestro apagado el mundo que usar esto lo mismo palabra para expresar tanto el problema subyacente que nos afecta como la estrategia para mantenernos all铆. Incluso podemos obtener el derecho de desconectar de vez en cuando y llamarlo el derecho de desconectar, pero tambi茅n es as铆 como se cubre la desconexi贸n radical que cubre la tendencia de los tiempos para una conectividad cada vez mayor.

Este libro propone pensar en esta desconexi贸n fundamental, tratando de identificar de qu茅 nos desconectamos, qu茅 le dio legitimidad y valor a las formas en que nos desconectamos y medimos el alcance del cambio que se est谩 produciendo. 驴Cu谩l ser谩 nuestro futuro con las m谩quinas? Los humanos reclaman el derecho de apagarse como si reclamen el derecho a ser m谩quinas. Pero, 驴cu谩nto tiempo tendremos que esperar hasta que las m谩quinas reclamen derechos humanos genuinos para usted? 驴Qu茅 conexiones hay entre la desconexi贸n del mundo y la transici贸n de lo humano a una condici贸n post-humana?





La historia de la desconexi贸n del mundo es antigua. Al menos tan antiguo como el monote铆smo, seguido por el protestantismo y luego sus formas secularizadas. Max Weber y Hannah Arendt lo notaron especialmente bien, con los temas de desencanto del mundo y el alienaci贸n del mundo. Pero la enorme y acelerada transformaci贸n de la condici贸n humana, la apropiaci贸n y la recreaci贸n de las condiciones bajo las cuales los humanos existen juntos, llevaron esta vieja desconexi贸n a un nivel que la convierte en la cuesti贸n crucial de cu谩l puede ser el futuro.

Este libro fue dise帽ado en torno a este tema. Sab铆amos que la experiencia social del tiempo estaba cambiando: acelerada y modificada artificialmente para desconectarse de los eventos, convirti茅ndose as铆 en una herramienta para la dominaci贸n social y una medida universal de la desigualdad. Pero este cambio no sucedi贸 con el tiempo. Lo encontramos, como un patr贸n, en otros aspectos de la condici贸n para la cual existimos. Adem谩s del tiempo, tambi茅n con la verdad, con las emociones, con el sentido de supervivencia y de vida, con el conocimiento, con los animales, con la idea misma de la humanidad y el tema de la historia, nos relacionamos hoy de manera desconectada. .

Esta larga y recurrente desconexi贸n se confunde con la historia occidental en s铆 misma, se ha convertido en un elemento distintivo de la modernidad, y ahora se est谩 moviendo, vertiginosamente, desde un punto de culminaci贸n, de una transformaci贸n repentina y radical de la condici贸n humana. Quiz谩s la etapa final de nuestra desconexi贸n est谩 en nuestra desmaterializaci贸n. O en la migraci贸n de la vida humana a los lugares virtuales y a los lugares de negaci贸n en la Tierra que la ciencia ficci贸n es lujosa de imaginar.

Est谩 justificado encontrar un t茅rmino de comparaci贸n. Solo en un pasado muy lejano, encontramos una transformaci贸n comparable a la que se est谩 preparando como un futuro cada vez m谩s familiar: la capacidad de transmitir conocimiento sin ser a trav茅s de genes. Yuval Noah Harari lo llam贸 revoluci贸n cognitiva – 芦el punto en el que la historia declara su independencia de la biolog铆a禄.

Hoy nos acercamos a una transformaci贸n tan profunda como la que nos transform贸 en animales de cultivo. Tambi茅n sirve como medida de comparaci贸n. animales de imaginaci贸n, en el sentido de poder separarnos de la realidad en la que vivimos e imaginar otras realidades, compar谩ndolas, estableciendo preferencias y planes de acci贸n para llevarlas a cabo. Sin embargo, ambos est谩n vinculados, porque no puede haber cultura sin imaginaci贸n. Un grupo de animales que articulan lo que vivieron hasta el punto de que pueden ser imaginados por aquellos que los acompa帽an y escuchan, y lo hacen peri贸dicamente, en un arco de tiempo que la memoria puede cumplir, es la cultura. Animales cuya naturaleza ha superado el genoma por culturapor casualidad imaginaci贸n y el v铆nculo de la especie por el de la comunidad.

Por esta raz贸n, la forma de 芦sujeto de la historia禄 que emerge con la cultura no solo es caracter铆stica de los individuos. Es necesariamente social. Y ning煤n individuo, en la medida en que participa en una comunidad de cultura e historia, ignora ese hecho. Luc Ferry captur贸 la forma en que conocemos a este tipo cuando, para conocer el significado de una palabra, le preguntamos qu茅 significa querer decir Como se帽ala Luc Ferry en 芦The God-Man禄, obviamente no son las palabras las que querer digamos, pero un sujeto, como lo haremos, con quienes estamos ling眉铆sticamente y, por lo tanto, culturalmente conectados.

Esta transformaci贸n en animales de cultura e imaginaci贸n, por impresionante que sea, fue esencialmente un cambio en la capacidad de formaci贸n y transmisi贸n del conocimiento. Entonces tiene sentido sapiens que nos adjetivo como especie. Lo que no tiene sentido es suponer que nos adjetiva exclusivamente. Otros primates son culturales. Y la naturaleza posee mucho m谩s conocimiento que nuestras bibliotecas.

La transformaci贸n que se avecina no alterar谩 radicalmente la transmisi贸n del conocimiento, que seguir谩 siendo cultural. Con m谩s recursos, pero esencialmente basados 鈥嬧媏n el intercambio y la conservaci贸n de informaci贸n. Por lo tanto, la era cultural continuar谩. 驴Qu茅, entonces, cambia radicalmente? La comparaci贸n se puede expresar as铆: la ventaja evolutiva de la cultura sobre el genoma era que ya no depend铆amos de una materialidad biol贸gica particular para la transmisi贸n del conocimiento; La ventaja que ahora viene en la historia evolutiva es la creciente independencia del conocimiento del sujeto de cualquier materialidad particular, biol贸gica o de otro tipo.

Si el genoma se ha convertido en un soporte obsoleto para la transmisi贸n del conocimiento, ahora es la materialidad biol贸gica de los animales que lleva el genoma a sus c茅lulas lo que, a su vez, se vuelve obsoleto. Por esta raz贸n, el avance multimilenario de la cultura sobre el genoma es la comparaci贸n m谩s apropiada para el avance de la robotizaci贸n, la creaci贸n de androides, la invenci贸n de nuevas materialidades sobre nuestra condici贸n biol贸gica, de seres que nacen, crecen, descubren l铆mites y posibilidades, se enferman y mueren.

En resumen, si la primera revoluci贸n importante en la cognici贸n, que dio origen a la cultura, la historia y dio sentido a la idea del sujeto humano, fue la liberaci贸n del conocimiento de la especificaci贸n de un tipo 煤nico de soporte material para el conocimiento – herencia gen茅tica -, el La segunda gran revoluci贸n, que tendr谩 lugar ahora y en el futuro cercano, es la liberaci贸n del conocimiento de la especificaci贸n de un tipo de conocimiento de un solo sujeto: nosotros mismos.

Queda por ver si los animales que se reconocen a s铆 mismos como sujetos de nuestros cuerpos no ser谩n obsoletos. 驴Nosotros mismos? Continuando con el paralelismo, si los animales culturales que somos han tomado todo lo que les rodea como un recurso o medio para sus prop贸sitos, incluidos los de su propia especie, tendr谩 sentido preguntar si este nuevo tema de cultura, emerge en su creciente independencia de cualquier materialidad biol贸gica tampoco nos convertir谩 en un mero medio, convirti茅ndonos quiz谩s en otra cosa en la que ya no tiene sentido reconocernos como lo mismo. Una duda mucho m谩s pertinente que, en lugar de una mejora humana, lo que ya est谩 en marcha es la cancelaci贸n de la imaginaci贸n y la cultura, que, en gran medida, estipulaba la condici贸n humana.

Esta posibilidad de que el sujeto migre fuera de nosotros es inquietante. Es como si la criatura finalmente tomara el lugar del creador, pero tambi茅n como si volvi茅ramos a la era precultural en la que no 茅ramos sujetos de la historia, solo pacientes de la evoluci贸n natural. O como si la cultura y la historia, liberadas de nosotros, nos devolvieran a la mera evoluci贸n y biolog铆a.

Despu茅s de todo, tal vez lo humano a la vez biol贸gico y cultural no sea m谩s que el intervalo evolutivo entre el punto en el que la historia comienza a declarar la independencia de la biolog铆a y el punto en el que concluye esa independencia, liber谩ndose de ella como una fruta madura. Si llamamos a esta independencia una revoluci贸n, entonces la historia y la cultura humanas probablemente no sean m谩s que el alboroto revolucionario.

De hecho, con esta clave de interpretaci贸n, que estamos limitados evolutivamente a la condici贸n de intervalo, es evidente otra lectura inquietante: este tipo de retorno del ser humano a la mera evoluci贸n ha estado ocurriendo durante mucho tiempo, incluso mientras seguimos siendo cuerpos de carne y hueso, y por manos humanas. Las inquietantes preguntas sobre el futuro tienen formulaciones similares en la historia moderna que formaron nuestro presente y, por lo tanto, ambas pueden encontrar hip贸tesis de respuesta que se iluminan mutuamente.

El proceso evolutivo ha sido impulsado, desde la aparici贸n de la historia humana, por la liberaci贸n de la supervivencia natural. Somos animales culturales y sujetos de la historia. Pero a este respecto, hay una gran evidencia ir贸nica. Esta especie animal, que al desconectarse de las limitaciones materiales es m谩s poderosa que las otras, ha llevado consigo esta t茅cnica de poder, la ley de supervivencia, y la ha convertido en el principio de su organizaci贸n social.

Con cuidado de no dejar las restricciones de supervivencia fuera de su control total, las reemplaza por otras completamente artificiales, tan artificiales que no deber铆an tener ninguna materialidad residual. Pero pronto los hizo inquebrantables, realidades socialmente ineludibles.

Y por esa raz贸n, a pesar de todo el crecimiento en el dominio de la condici贸n humana, en todo el dominio de los factores biol贸gicos, por ejemplo, el hambre y la muerte, nunca vivimos en tiempos que ya no son la supervivencia. Acabamos de darle un nuevo medio para su manifestaci贸n. El dominio humano de su propia condici贸n fue un pretexto para reemplazarlo con una condici贸n de dominaci贸n humana. La historia de independencia de la historia en relaci贸n con la biolog铆a y la supervivencia natural fue, de hecho, tambi茅n siempre una historia de independencia de la ley de supervivencia en relaci贸n con la biolog铆a.

La pregunta que queda, sin embargo, es si la historia que nos llega hoy, como una fuerza viviente en la que participamos, a煤n logra ser m谩s que la ley de supervivencia abstra铆da y desconectada de la naturaleza. O si, por el contrario, en su forma m谩s decadente, la historia humana coincidir谩 absolutamente con la ley desnaturalizada de la supervivencia. 驴No es esta otra forma de designar el fin de la historia humana?

Pre-publicaci贸n de un extracto del libro 芦La desconexi贸n del mundo y la cuesti贸n de lo humano禄, de Andr茅 Barata.

Ana Gomez

Ana G贸mez. Naci贸 en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios a帽os. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. Tambi茅n me considero una Geek, amante de la tecnolog铆a los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook:聽https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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