La cuesti√≥n de la gratuidad de la ense√Īanza superior





1. El Estado portugu√©s se encuentra actualmente en la deuda m√°s all√° de los l√≠mites de la prudencia de la gesti√≥n racional; y s√≥lo no entra en bancarrota por el socorro de la solidaridad internacional y de la Uni√≥n Europea, que entretanto nos sujet√≥ a la humillaci√≥n de la troika, oficialmente aceptada y firmada por el Gobierno socialista de Jos√© S√≥crates. Si fuera en la Sociedad Civil, habr√≠a lugar a una acusaci√≥n de crimen de gesti√≥n da√Īina. Pero en la gesti√≥n gubernamental, la llamada responsabilidad pol√≠tica dispensa una rendici√≥n de cuentas rigurosa.





En este contexto, en los √ļltimos tiempos del gobierno de la "gergeronza", se han venido enfrentando equivocadamente melindrosas cuestiones sociales y pol√≠ticas, al mismo tiempo agudas por su alcance de justicia y equidad social y por las consecuencias financieras que determinan. S√≥lo para recordarle de una o dos medidas ciegos que se han tomado, como se recordar√°, por ejemplo, la reducci√≥n universal de pases sociales en el transporte urbano de Lisboa; y la asignaci√≥n gratuita de manuales escolares a los alumnos de las escuelas estatales. Viene ahora el anuncio de otra gratuidad "universal", la de las tasas en las escuelas estatales de la ense√Īanza superior.

2. Dejemos de lado la "misteriosa" cuesti√≥n de explicar por qu√©, en algunos casos, como en los pases sociales de transporte, o en los beneficios en la vivienda, y en otros, la medida es plenamente universal; y en otros casos, en que el Estado mantiene una lucha contra la sociedad civil, s√≥lo se conceden beneficios sociales a los que aceptan recurrir a los servicios estatales, que est√°n en competencia (monopolista e ideol√≥gica) con la iniciativa privada. Y nos limitaremos aqu√≠ y ahora al caso de las tasas en la ense√Īanza superior.

3. Es verdad que nuestra Constituci√≥n impone que el Estado "asegure la ense√Īanza b√°sica universal, obligatoria y gratuita" (v√©ase el art√≠culo 74). Y que, adem√°s, "establezca progresivamente la gratuidad de todos los grados de ense√Īanza" (v√©ase el mismo art√≠culo).

Pero también es verdad que estas normas tienen que ser interpretadas y cumplidas de acuerdo con el principio que domina todo el sistema del llamado Estado social, que, en absoluto, depende materialmente de las posibilidades económicas, materiales y sociales existentes (principio constitucional de la reserva de lo posible ); y, relativamente, debe cumplir el principio constitucional de la equidad, en la solidaridad social.

4. Ahora bien, l√≥gicamente, el cumplimiento del principio de equidad debe aplicarse en las dos caras del sistema de solidaridad social, o del Estado social. Esto es, en la cara de la recogida de los fondos financieros destinados a la financiaci√≥n p√ļblica del sistema; y en la cara de la redistribuci√≥n de los fondos p√ļblicos.

En la cara de la recogida de los fondos, además de la cuestión absoluta de la suma total de impuestos a cobrar (dependiente de equilibrios más amplios del sistema político), el criterio de la equidad debe ser el del llamado sistema fiscal progresivo, que se traduce en cobrar más a los que más pueden contribuir, en una escala porcentual progresiva; e incluso nada a los que no pueden contribuir. En la cara de la distribución, es evidente que debe aplicarse el mismo criterio, es decir: dar más a los que más lo necesitan; y menos, o incluso nada, a los que menos, o nada, necesitan.





En conclusi√≥n, este criterio no abona el sistema de una igualdad universal, que llevar√≠a a que todos pagar los impuestos igualmente y recibir servicios igualmente. Y es por eso que se critica como injusto el llamado impuesto de valor a√Īadido, el IVA; porque el productor de los bienes o servicios que vende en el mercado transfiere ese impuesto al precio que el consumidor final va a pagar, no distinguiendo, en el pago del impuesto, entre ricos y pobres.

¬ŅA qu√© t√≠tulo, entonces, los casos de una igualdad universal en la recepci√≥n de servicios de solidaridad, sobre todo en los casos m√°s extremos de gratuidad? Por razones de justicia y de equidad no hay justificaci√≥n, en principio. Y tienen efectos perversos, bien conocidos, principalmente por la devaluaci√≥n subjetiva del costo y del valor objetivos de los bienes o servicios recibidos – como por ejemplo se reconoce en el caso de las tasas moderadoras en los servicios de salud p√ļblica.

5. Adem√°s de lo que queda simplemente enunciado, s√≥lo sobre algunos aspectos de esta compleja cuesti√≥n, debe a√Īadirse que cada una de las medidas de solidaridad social debe someterse a los dos principios ya mencionados, de lo posible y del equitativo: no en t√©rminos absolutos de casuismo sino en t√©rminos relativos en el marco sectorial y nacional. Como es obvio.

Sin embargo, lo que ha caracterizado el desarrollo pol√≠tico de nuestro sistema de solidaridad social y de bienestar social es una discusi√≥n casi s√≥lo puntual, medida a medida, pr√°cticamente en t√©rminos de casuismo absoluto, cuando s√≥lo se eval√ļa la justicia o el bienestar idealmente deseables para cada caso en cuesti√≥n. Por ejemplo: si se discuten las tasas en la ense√Īanza superior, nadie recuerda que la gratuidad de la ense√Īanza superior para los ricos puede sacrificar el justo apoyo del Servicio Nacional de Salud a los desdentados pobres. 11 Y no ser√≠a dif√≠cil enumerar muchos otros ejemplos. Los errores de equidad en todo el sistema nacional de nuestro Estado social son evidentes.

6. ¬ŅY por qu√©, eso? La respuesta parece que debe ser √©sta. Por la partidarizaci√≥n, corporativizaci√≥n y electorizaci√≥n de las medidas. Es una verdadera forma de "corrupci√≥n de Estado", corrupci√≥n activa y pasiva, √©sta, de la partidarizaci√≥n, corporativizaci√≥n y electorizaci√≥n de las medidas de solidaridad social y bienestar social.

Principiol√≥gicamente, corresponde por definici√≥n al Estado-poder pol√≠tico regular y arbitrar con justicia y equidad, en este enorme mercado de reivindicaciones e intereses corporativos. Pero sucede que el Estado-poder pol√≠tico, que ejerce esa funci√≥n de justicia y de arbitraje, es √©l mismo partidario y por eso parte en la conflictividad en cuesti√≥n. La pol√≠tica de las medidas de solidaridad social anda hacia all√° y hacia ac√°, como en el caso de las tasas en la ense√Īanza p√ļblica, gestionada por los (alternativos) partidos de gobierno, que tienen intereses partidistas e ideol√≥gicos en esta enorme negociaci√≥n, que tambi√©n es electoral, Es bueno decir que es necesario aumentar la frecuencia de la ense√Īanza p√ļblica. Pero hay que probar que eso pasa por la gratuidad de las propinas; y que ello no afecta a la equidad general del sistema social. Si son los pobres que, por falta de medios financieros, no accede a la ense√Īanza superior, no es obvio que la soluci√≥n racional ser√≠a la de aumentar las becas para los pobres? Se calcule el volumen que el Estado va a gastar con la gratuidad de las tasas, y se conceda ese importe enteramente a becas a los que las necesitan. Pero ofrecer la gratuidad a los ricos es arrojar dinero a la calle, o mejor, para el bolsillo de los ricos, que no necesitan esa gratuidad. Por lo dem√°s, los ricos no tienen que agradecer la gratuidad de las prestaciones sociales, porque saben que la tienen que pagar por los impuestos, con los adicionales de los costos burocr√°ticos. Y los pobres bien que preferir√≠an ser ellos a elegir sus gastos con servicios, con el dinero que el Estado gasta con la prestaci√≥n en especie de servicios gratuitos o casi gratuitos. En todo esto, vamos a encontrar siempre el buen principio de subsidiariedad del Estado, que est√° en nuestra Constituci√≥n, pero a la que muy pocos entre nosotros ligamos importancia.

7. no; la verdadera raz√≥n de esta pol√≠tica de gratuidad es otra: es fortalecer el monopolio de la ense√Īanza superior estatal contra las escuelas privadas de ense√Īanza superior. Es el Estado combatir a la sociedad civil en un sector que el jacobinismo de Estado tiene por decisivo, en su lucha por un centralismo autoritario de Estado. La verdadera raz√≥n es de pol√≠tica y de ideolog√≠a jacobinas; y a√ļn de electoral populista.

Como notables teor√≠as sociol√≥gicas ya han demostrado satisfactoriamente, la racionalidad de los agentes del Estado-gobierno es igual a la de los privados; no vale la pena pensar que los gobernantes son generosos por definici√≥n; y los gobernados son ego√≠stas por definici√≥n. No es verdad; son iguales. Por eso, cuando (en general) los gobernantes deciden, siempre (en general) deciden de acuerdo con sus intereses personales, partidarios, ideol√≥gicos, electorales. Si los partidos que actualmente gobiernan son jacobinos, y son, es obvio que, para cada medida que nos ofrecen o imponen, es prudente escudri√Īar de su utilidad jacobina. Y no hay duda de que la gratuidad de las tasas en las escuelas estatales tiene el efecto objetivo de afectar a la competencia legal y leal de las escuelas de la ense√Īanza privada. En cuanto a las justificaciones que se han presentado, cualquier ciudadano experimentado sabe que, en pol√≠tica, "los argumentos vienen al final". Es decir, se arreglan siempre, por fin, a la medida de las conveniencias.

Mejor, más justo y más democrático es que los ciudadanos eligen lo que prefieren, incluso cuando están financiados por el Estado; y peor es siempre que sea el Estado-gobierno a elegir lo que los ciudadanos deben consumir, cuando es financiado por el Estado. El máximo de libertad de elección para los ciudadanos, y el mínimo de imposición de elecciones a los ciudadanos por los gobiernos, es un imperativo de la democracia pluralista basada en la dignidad de la persona humana.

8. Finalmente, encaremos frontalmente la cuesti√≥n de poder que de hecho est√° en juego. Esta medida va a retirar autonom√≠a a las instituciones de ense√Īanza superior, que pasan a quedar enteramente dependientes de las financiaciones estatales. De sus importes y de la forma en que pueden gastar. Raz√≥n por la que varios altos representantes de estas instituciones ya reaccionaron contra esta novedad ministerial.

De hecho, estas instituciones son muy importantes para la ciencia, la cultura y la socializaci√≥n, esferas √©stas que el poder jacobino le gusta dominar o influir. A fin de cuentas, si el Estado quiere financiar el acceso a la ense√Īanza superior, porque no ofrece a todos y cada uno de los alumnos que necesitan (oa todos, si la cuesti√≥n es una) una generosa beca, y deja a las personas y las instituciones en paz en el disfrute de sus autonom√≠as?

¬ŅPor qu√©? … Esa. Porque as√≠ los ministros dejaban de mandar en la ense√Īanza superior. "Aqu√≠ es que la tuerca tuerce la cola".

Nacho Vega

Nacho Vega. Nac√≠ en Cuba pero resido en Espa√Īa desde muy peque√Īito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interes√© por el periodismo y la informaci√≥n digital, campos a los que me he dedicado √≠ntegramente durante los √ļltimos 7 a√Īos. Encargado de informaci√≥n pol√≠tica y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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