La crítica de las publicaciones académicas y los límites de la maniobra de Sokal


Es innegable que la maniobra de Heimlich, un método de desobstrucción de las vías aéreas superiores, ha salvado muchas vidas. Pero la utilidad de la maniobra de Sokal, una prueba al grado de exigencia de las revistas académicas que consiste en la sumisión de artículos absurdos escritos en un estilo que es un pastiche de los artículos habitualmente publicados por esas revistas, no será tan consensual. Cualquier académico con sentido del humor, sobre todo si es del área de las ciencias exactas, envidia la maldad y el ingenio de Alan Sokal, el físico norteamericano que en 1996 publicó un artículo en la revista Social Text intitulado Transgressing the Boundaries: Towards a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity. Este artículo, que el día de su publicación Sokal reveló ser un patetice, vendría a transformarse en un caballo de Troya para la disciplina de los Estudios Culturales y es hoy un hito en la guerra entre las ciencias exactas y las áreas del conocimiento muy influenciadas por el post- modernismo que ponen en cuestión la objetividad de la ciencia. Hasta entre nosotros hubo, a principios de siglo, una versión de esta guerra protagonizada por el físico Antonio Manuel Baptista y el sociólogo Boaventura Sousa Santos, que en las páginas del libro, público despertaría reacciones diametralmente opuestas, como las de José Vítor Malheiros y Eduardo Prado Coelho. La tensión entre las ciencias exactas y las ciencias sociales o – en rigor – áreas específicas de las ciencias sociales muy vulnerables a la ideología, no se disipó.


Pero a principios de mes hemos testificado un acontecimiento inusual: una maniobra de Sokal de gran amplitud de la autoría de tres académicos norteamericanos, Helen Pluckrose, James Lindsay y Peter Boghossian. El trío envió 20 pastizes absurdos, poco éticos y políticamente comprometidos para revistas académicas. En "Human Reactions to Rape Culture and Queer Performativity in Urban Dog Parks in Portland" (publicado en la revista Sexo, Place & Culture), las reacciones de los dueños de perros cuando sus animales "violan" perras o practican actos homosexuales son entendidas como promotoras del cultivo de la violación. En "Going in Through the Back Door: Challenging Straight Maleta Homohysteria, Transhysteria, y Transphobia Through Receptive Penetrative Sex Toy Use" (publicado en Sexualidad y Cultura) recomiendan a los hombres heterosexuales la inserción anal de vibradores como forma de superar las fobias relacionadas con el sexo. En "Our Struggle is My Struggle: Solidaridad Feminism las un Intersectional Reply to Neoliberal and Choice Feminism" (publicado en Affilia, reciclan la prosa de Adolf Hittler en retórica feminista. El talento para la sátira de este trío es innegable y ya en 2017 Boghossian y Lindsay nos habían divertido con el artículo "The conceptual penis as a social construct" (publicado en la Cogent Social Sciences) popurrí de retórica y voces contra el heteropatriarcado en que logran identificar en el pene conceptual el origen del cambio climático.

Todo esto es muy divertido y algunos pasajes de los artículos llegan a ser hilarantes. Pero es también caso para preguntar si estos autores no estarán adictos en estos ejercicios y en la atención que atraen. Invertir tanto tiempo y energía para producir 21 manuscritos en menos de 2 años y así demostrar la falta de rigor científico de ciertas disciplinas del área de las ciencias sociales revela un fervor que llega a ser sospechoso. La prensa generalista le encanta divulgar estos partidos. Los críticos del posmodernismo y los más conservadores no pierden después la oportunidad de usarlos como arma de lanzamiento. Por el camino se atropella el rigor, se da una idea errónea al ciudadano común de lo que son las publicaciones científicas y aplazamos la discusión sobre los diversos vicios que afectan a las publicaciones científicas de un modo transversal a las ciencias exactas y sociales.


La gran maniobra de Sokal tuvo que ser interrumpida prematuramente al principio del mes porque uno de los artículos publicados era tan absurdo que hizo que los periodistas comenzar a investigar el caso. En un largo artículo Areo, los tres autores explicaron sus motivaciones. En la prensa, incluso entre nosotros, muchos se apresuraron a concluir que este caso es chocante por revelar la corrupción ideológica en ciertas áreas del conocimiento. En segundo lugar, estos artículos absurdos se publicaron en revistas "buenas" o "prestigiosas". Sin embargo, el artículo de 2017 de estos autores fue publicado en una revista que nadie conocía y es clasificada como "predadora", es decir, que tiene por único objetivo ganar el dinero que los autores de los artículos están dispuestos a pagar para publicarlos. Ningún científico ambicioso tiene interés en publicar en tales revistas, que serían una mancha en el currículo.

De las restantes siete revistas donde se publicaron los artículos de la maniobra de Sokal a gran escala, sólo dos (Género, lugar y cultura y Porn Studies) ocupan posiciones de relativo destaque (10ª y 13ª, respectivamente) en su área (los Estudios Culturales, siendo esta área ya bastante específica). Dos otras revistas pertenecen también a los Estudios Culturales pero ocupan posiciones mediocres en el la clasificación (53ª y 122ª), una posición 20ª en los Estudios de Género, una posición 76ª en las revistas de Filosofía, otra la posición 75ª entre las revistas de Rehabilitación y una última la posición 137ª entre las revistas de Estudios Sociales.

En resumen, el envío de 21 artículos se tradujo sólo en la publicación de dos en revistas relativamente bien cotizadas (considerando el la clasificación de todas las revistas científicas, estas dos revistas no aparecen ni siquiera entre las primeras 3000). ¿Es chocante? Depende de la perspectiva. En la resaca de los atentados del 11 de septiembre, a muchos de nosotros habrá ocurrido que si fuésemos poseídos por la voluntad de transformarnos en un bombardeo suicida, difícilmente seríamos neutralizados. La seguridad en nuestra sociedad depende, en gran parte, de la vastísima mayoría de los ciudadanos no despertar por la mañana con la intención de vestir un chaleco de explosivos. También la calidad de las revistas científicas depende en gran parte de la buena fe de los científicos que someten las publicaciones. No hay buena fe, es natural que el sistema no sea capaz de filtrar todos los artículos fraudulentos o armados para el "¡conseguimos!". Es claro que este razonamiento no desresponsabiliza las revistas que aceptaron los artículos y debe ser significativo que, como aquí se escribe, las revistas de Estudios Culturales han caído en la esparrela y las revistas de Sociología rechazaron los estudios. Pero cuando se realizan en tan gran escala y con tanta tenacidad, estas maniobras se ven viciadas.

La divulgación en la prensa de esta maniobra dio también una idea errónea al ciudadano común de lo que son las publicaciones científicas. Al contrario de lo que se va escribiendo por ahí, un artículo científico no es validado por la comunidad científica por ser publicado en alguna revista. Una vez publicado, el artículo tendrá que hacer su camino. Muchos artículos no llegan a entusiasmar a nadie y su publicación es, en la práctica, un archivo. Sólo los artículos que despiertan la atención entran realmente en el verdadero proceso de escrutinio que es el intento de replicación de los resultados, la construcción de nuevas hipótesis sobre la base de las conclusiones presentadas y de nuevas experiencias que las validen o refutan.

Como si no bastara, al atacar exclusivamente un tipo de estudios, los nuevos sokalianos pasan también la idea errónea de que la revisión por pares sólo funciona mal en el área de los Estudios Culturales, en particular en los "estudios de victimización" ("grevance studies"). Pero ¿quién puede garantizar que un trío de académicos dispuestos a desenmascarar las distorsiones de las publicaciones académicas en áreas de las ciencias exactas no lograría idéntico resultado si se empeñaba de la misma forma? La motivación será menor porque en las ciencias exactas las publicaciones no crean tanta polémica social como en los estudios de género o de victimización, pero el modelo vigente de evaluación por pares tiene serios problemas y está en discusión desde hace décadas sin que ninguna alternativa válida se generalize .

A pesar de que existen diferencias de detalle entre las diferentes revistas, el proceso funciona de la siguiente manera: los autores de un artículo lo envían a una revista. Un cierto editor de la revista, a veces leyendo sólo la carta de presentación del artículo y su resumen, pero reparando aún en la autoría (los nombres de los autores y sus instituciones), decide si vale la pena enviar el artículo para su revisión. Si es el caso, el artículo se envía a 2 o 3 evaluadores (los "referencias"). El cuidado puesto en la evaluación de los manuscritos es muy variable, en parte porque la identidad del evaluador no es revelada. Algunos evaluadores sólo escriben un párrafo después de leer el artículo en diagonal o delegar la tarea en otros miembros de su equipo, en general mucho menos experimentados; otros son meticulosos, invierte el tiempo necesario en la lectura y relectura del manuscrito y hacen comentarios de 2 o 3 páginas. En la posesión de los comentarios de los evaluadores, el editor decide si el artículo será publicado, rechazado o si los autores deben reenviar una nueva versión que tenga en cuenta las críticas de los evaluadores. En caso de rechazo, los autores pueden decidir volver a dibujar o no el texto antes de enviarlo a otra revista. Se trata, en suma, de un juego en el que los autores intentan maximizar la probabilidad de tener el artículo publicado rápidamente en una revista bien cotizada.

Cuanto más cotizada sea la revista en regla más difícil será publicar el artículo, pero hay innumerables casos de artículos malos publicados en revistas muy buenas y el prestigio de las revistas científicas de primer nivel célula, naturaleza y ciencia genera algunas perversiones, como la tentación de publicar resultados sonantes. Quien quiera gozar con los estudios de género de lo alto de una supuesta superioridad de las publicaciones científicas de las ciencias exactas debe tener presente que la gran naturaleza, no una revista del medio de la tabla, mediocre o simplemente "predadora", publicó un estudio, hasta hoy no retractado, sobre la "memoria del agua", aliándose así a todos los aldos que promueven la homeopatía.

En última instancia, la fuerza de la ciencia y su innegable éxito se basa en su capacidad de autocorrección. Sólo el tiempo y la labor de la comunidad científica van separando el trigo de la cizaña, porque el actual modo de edición de las publicaciones científicas está lleno de vicios. Hay tres, pero que no agotan la lista:

  1. hay una tendencia fuerte para publicar resultados positivos y despreciar resultados negativos, lo que lleva a una gran frecuencia de conclusiones falsas resultantes de lo que los estatistas llaman errores de tipo I, particularmente grave en los estudios biomédicos, y un enorme gasto de tiempo y recursos que habrían sido ahorrados si se conocen los resultados negativos;
  2. las revistas superiores tienen preferencia por los estudios publicados por las instituciones más prestigiosas y varios estudios sugieren que también las mujeres son perjudicadas; estas distorsiones sólo pueden acabar cuando, como en cualquier concurso serio, los manuscritos para las revistas científicas comiencen a ser sometidos de forma anónima;
  3. en cualquier sociedad decente artículos hechos con dinero público deberían poder ser consultados gratuitamente por los ciudadanos, pero no es lo que sucede en la ciencia pues las grandes editoriales de ciencia tienen un modelo de negocio en que se hacen pagar por los autores y sus instituciones (con dinero) público) en el momento de la publicación del artículo y venden después el artículo a quien lo desee consultar.

Las maniobras de Sokal nos divertir, pero sirven más para distraer o servir ciertas agendas -en el caso presente, la lucha contra los bastiones intelectuales de la política identitaria- que para esclarecer a los ciudadanos y formar una opinión que contribuya a mejorar la forma en que la ciencia se publica.

Investigador FCT; Profesor auxiliar invitado en Nueva Medical School


Noticia publicada por...

Nacho Vega
Nacho Vega. Nací en Cuba pero resido en España desde muy pequeñito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interesé por el periodismo y la información digital, campos a los que me he dedicado íntegramente durante los últimos 7 años. Encargado de información política y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebookhttps://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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