Jennifer Lawrence-Buscemi





La voz y la cara son ambas familiares, pero no pertenecen una a la otra. El video, que corrió a internet la semana pasada, muestra a la actriz Jennifer Lawrence a responder a algunas preguntas de periodistas, y aunque la voz es la suya, la cara que se ve es la del actor Steve Buscemi. El vídeo es un ejemplo, particularmente bien logrado, de una "deepfake", En que la cara de alguien es como colocada en un cuerpo que no el suyo.





Como era de esperar en Internet, las deepfakes han tenido mayor "utilidad" en la pornografía, con los rostros de actrices de Hollywood a ser colocados en el cuerpo de actrices pornográficas "en acción", dando a los espectadores la ilusión de estar viendo a Gal Gadot o Scarlett Johansson a ceder a las tentaciones de la carne.

Por el momento, todavía es posible identificar las deepfakes, ya sea a simple vista con las menos sofisticadas, ya sea con programas que analizan la cantidad de veces que la persona en el vídeo parpadea los ojos (ninguno de estos enlaces es NSFW). Pero a medida que se van evolucionando, tal vez sea cada vez más difícil si un vídeo es real o una deepfakesy el impacto que esto tendrá en nuestras sociedades será tremendo.

En primer lugar, pueden empezar a surgir casos, ya empezaron, de personas a ser chantajeadas con la amenaza de divulgación de deepfakes supuestamente suyas. En segundo lugar, estos vídeos comenzar a crear enormes problemas en la vida política.

Imaginemos que alguien crea una deepfake y la hace pasar como v√≠deo de campa√Īa de un candidato Dem√≥crata en las elecciones estadounidenses de 2020, a decir que tiene dudas acerca de la existencia del Holocausto. O que, por aqu√≠, alguien produce un v√≠deo que aparenta ser de un notable de cualquier partido a decir que "el Salazar hasta ni era tan mal como eso". Si se toman como reales, esas im√°genes ser√≠an escandalosas y suficientes -se espera- para acabar con la carrera pol√≠tica de quien las proferiera.

Si las deepfakes son suficientemente veros√≠miles para enga√Īar a nuestros cerebros condicionados a "ver para creer", cualquier figura pol√≠tica estar√° a merced de la iniciativa de quien tenga la capacidad de usar esta tecnolog√≠a para manipular a la opini√≥n p√ļblica.

Pero imaginemos otro escenario. Imaginemos que en esas mismas elecciones de 2020 en EEUU comienza a correr en línea un vídeo de Donald Trump a pedir a Rusia para robar los correos electrónicos de Hillary Clinton o que cuando Paulo Portas se venga a presentar a Belém, surge un video de su emproada la persona a elogiar a Hugo Chávez, oa decir que "jamás" será ministro. Imaginemos que esos vídeos eran verdaderos (lo que no es difícil, teniendo en cuenta que son).





En un momento en que las deepfakes son tan bien hechos que se vuelven creíbles, cualquier político enfrentado con un vídeo embarazoso o incriminatorio siempre podrá alegar que ese vídeo real no es más que una película deepfake, instalándose así la duda de si la prueba incontestable de algo poco abonatorio acerca de ese candidato no pasa después de una manipulación.

Este es quiz√°s el mayor peligro de las deepfakes: no tanto el de hacer falsedades pasar por verdaderas, sino el de hacer que la verdad no venga al de arriba, porque se puede siempre alegar que lo que estamos viendo, por muy realista que sea, no es real.

Un mundo en el que las deepfakes se vuelvan más difíciles de detectar, será un mundo en que la desinformación imperará, lo que pondrá en peligro la salud -no la supervivencia- de nuestras democracias.

Un mundo en que "nada es verdad y todo es posible" será un ambiente fértil para el autoritarismo florecer, no tanto por los políticos autoritarios ser capaces de manipular a las masas hasta tomar la verdad por mentira y la mentira por verdad, sino porque un ambiente político y mediático en que términos como esos pierden su significado ser aquel en que mejor pueden sobrepasar la resistencia popular a su demagogia.

Si las personas dejan de creer que es posible saber si algo es real o falso, si dejan de creer siquiera que hay medios de poder verificar la veracidad de algo, todo será igualmente merecedor de desconfianza. Y si pasan a desconfiar igualmente de todo, atribuyendo el mismo descrédito a lo que en realidad es un hecho y al que en realidad es una mentira o fabricación, las personas no diferenciarán entre lo que merece crédito y lo que no merece.

Lo que, obviamente, s√≥lo podr√° favorecer a los difusores de estos √ļltimos: al desconfiar de todo, se pone la verdad y la honestidad en el mismo plano de la mentira y de la fabricaci√≥n, retirando a quienes a ellas recurra la desventaja que a√ļn van teniendo en relaci√≥n a los dem√°s.

En un mundo en el que no podamos creer en nada ni en nadie, porque todo puede ser igual a ser falso, ¬Ņqu√© podemos sentir excepto la mayor desconfianza hacia todo y todos? Y si s√≥lo podremos sentir desconfianza, ¬Ņc√≥mo ser√° posible escapar a la sensaci√≥n de inseguridad, ya la correspondiente predisposici√≥n para aceptar un "hombre fuerte" que nos ofrezca la promesa de "orden"?

¬ŅY qui√©n tendr√° m√°s voluntad de depositar la fe en un demagogo que le pida, y le promete merecerla, que un c√≠nico que no cree en nada? Y si basta mirar el √©xito de figuras como Trump y Putin para percibir que ya as√≠ es hoy, ¬Ņc√≥mo puede ser de otra forma en un momento en que "ver" y "creer" si han llegado a ser incompatibles?

El autor escribe de acuerdo con la antigua ortografía.

Ana Gomez

Ana G√≥mez. Naci√≥ en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios a√Īos. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. Tambi√©n me considero una Geek, amante de la tecnolog√≠a los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebook:¬†https://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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