Intercambiar el CINM por la Autonomía Fiscal



La integración europea es un elemento esencial del proyecto europeo y su profundización es una de las consecuencias positivas de la grave crisis económica, financiera y social de finales de la década pasada. Aliar la unión bancaria a la unión económica y monetaria es un paso decisivo para que la Unión Europea sea una zona de inversión más segura tanto para los inversores y para los contribuyentes. Pero Europa es también un mosaico heterogéneo en el que los grados de competitividad de los diferentes países y principalmente de las diferentes regiones obligan a soluciones y herramientas de competitividad perfectamente diferenciadas. Para las regiones más alejadas del centro de Europa la existencia de un régimen fiscal atractivo es una herramienta de captación de impuestos y de creación de empleo casi insustituible. La Región Autónoma de Madeira tiene desde hace 30 años en su Centro Internacional de Negocios (CINM) un vehículo decisivo para su competitividad. Con la introducción de más de 10 años de tributación real en el marco de la IRC, ya pesar de los temores que en aquel momento se verificó que el abandono de la tasa cero alejase a las empresas, se reveló un fondo hoy fundamental para el presupuesto regional. Sabemos del peso que el impuesto sobre las empresas tienen en las cuentas de la Región pero sabemos también que los permanentes ataques al centro han contribuido a una excesiva fluctuación de sus ingresos impidiendo la obligatoria previsibilidad que esta materia necesita para ser eficaz y cumplir su función. Los actuales regímenes asociados al CINM que hoy en vigor son positivos pero no la solución ideal. La existencia de plafonds, por encima de los cuales se aplica el régimen fiscal general, y el corto plazo de vigencia de los regímenes ya mencionados, aliado a la exposición que el centro de baja tributación ha sufrido a todo tipo de jugadas y chicana política, se tenga que pensar en modelos de carácter definitivo que garanticen no sólo la competitividad económica que Madeira necesita, así como un ingreso fiscal que soporte nuestras obligaciones como percutores del modelo social europeo. No es admisible que países en el centro de Europa, como Luxemburgo, o Estados independientes, como Malta y Chipre, torpedeen una región alejada y aislada como la nuestra y que al mismo tiempo no tengamos forma de defendernos. El argumento de la Comisión Europea en el marco de un dictamen previo ante varias denuncias a esta situadas sobre el centro apunta a la inconformidad del mismo por la actividad económica de las empresas allí establecidas no ser mayoritariamente hecha en Madeira. Ni los empleos creados en Madeira. Ahora bien, este argumento es absurdo, y completamente incongruente con lo que es tolerado y es práctica en otras latitudes. ¿Alguien cree que la totalidad o incluso la mayoría de los empleos creados en las 60.000 empresas que Malta o Chipre acogen efectivamente en esos estados insulares mediterráneos? Las poblaciones de los respectivos países tendrían que duplicarse o triplicarse sólo para albergar a los funcionarios de esas empresas. Y tomando el famoso caso de deslocalización de la sede de la empresa matriz del grupo Jerónimo Martins para Holanda, para beneficiarse de los acuerdos de doble atribución allí practicados, podemos preguntar cuál es la actividad económica que esta empresa de distribución tiene en aquel país. Que se sepa, nada. Sólo la sed. Por otra parte, obligar a que la actividad económica y los puestos de trabajo se realicen donde la empresa tiene la sede es un atentado a todas las leyes de la competencia, siendo irónicamente una condición presentada por quien, en el seno de la Comisión, tiene la función de velar por la misma .
Tal vez sea el momento ideal para dar el salto adelante, no el de Mao, entenderse, y trabajar en una plena autonomía fiscal que le permita estar a salvo de estas entropías y, al mismo tiempo, llegar a ser verdaderamente competitiva. En el caso de que el modelo de reforma de IRC preconizado por Álvaro Santos Pereira hubiera venido, que preveía una tasa nacional del 10% de IRC en 2023, bastaba con aplicar el diferencial del 30% previsto en la ley de finanzas regional para que toda Madeira, sin cualquier discriminación interna, tenga una fiscalidad sobre las empresas competitiva y previsible. Así, tenemos que seguir el camino de explicar al país, ya Bruselas, que todos más a ganar con una Madeira verdaderamente autónoma a nivel fiscal. Tal vez proponiendo cambiar el CINM por esa Autonomía.


Ana Gomez

Ana Gómez. Nací en Asturias pero llevo varios años afincada en Madrid. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los sucesos económicos, financieros y políticos. También me considero una Geek, amante de la tecnología los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir los sucesos de interés general, tanto económicos como políticos y sociales. Editora experta y colaborara destacada en distintos noticieros online. Mi Perfil en Facebookhttps://www.facebook.com/ana.gomez.029 Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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