Inquietud, es sólo inquietud

Un amigo que vio y pensó mucho en estas cosas del cine me decía, uno de estos días, que no hay mejor barómetro para el estado del mundo que ir viendo las películas que se hacen. Un festival más grande, como la Mostra Internazionale d'Arte Cinematográfico, de Venecia, que este año cumple la 75ª edición, es desde ese punto de vista un lugar privilegiado para tomar la muñeca. ¿Y qué se siente? Como se oye, en aquella canción de José Mário Branco, "inquietud, es sólo inquietud".

En la película más grande que el festival exhibió hasta medio curso (momento en que escribo), esa "Roma" que Alfonso Cuarón fue a México y que no estará en el palmarés que hoy, al final de la tarde, será revelado, hay un exceso de vergüenza de Guillermo del Toro, amigo y compatriota de Cuarón, que preside al jurado. Después de caminar por la soledad del espacio sideral ("Gravedad"), por un futuro apocalíptico donde las mujeres ya no generan nuevos humanos ("Los Hijos del Hombre") y por la fantasía de Hogwarts ("Harry Potter y el Prisionero de Azkaban") , después de los Óscar, Cuarón decidió volver a México natal, a sus memorias de adolescencia, a las raíces ya los traumas sociales y políticos de los años 70, como si necesitase un lastre y de afirmarlo. "Roma" es lo que menos se espera de un realizador en el cenit de la fama americana ("Gravedad" ganó siete Óscar, entre ellos dos para Cuarón): una película larga, en blanco y negro, con intérpretes mayoritariamente no profesionales, (donde Roma es nombre de barrio) centrado en una crecida india con un fuerte drama particular (queda embarazada, el responsable desaparece) integrado en la convulsión que la vida de los patrones sufre cuando el jefe de familia sale de casa, dejando mujer e hijos.

La película se hace de detalles preciosos de la intimidad y de la captación del gran espacio social y político fuera de las paredes de la casa. Y en la mirada a la memoria se siente que no es nostalgia, es una afirmación de raíz en la hora en que, más que nunca, el poder americano empuja a los mexicanos hacia un lugar de oprobio.

Quien también miró el pasado con los ojos en el presente fue Mike Leigh con una nueva película histórica (después del opulento "Mr. Turner"). "Peterloo" es la evocación de la más violenta masacre social de la historia contemporánea de Gran Bretaña, cuando una protesta popular pacífica en Manchester, en 1819, fue reprimida con un cúmulo de violencia por las autoridades tomadas de pánico por la dimensión de la casi revuelta, con muchos muertos y cientos de heridos. Curiosamente no son las escenas de la masacre que más se quedan en la memoria, pero una escena, al principio, con un joven cornetero británico en plena batalla de Waterloo. Waterloo fue la victoria final del Reino Unido sobre la Francia napoleónica, pero al ver el cornetero vagar por medio de los tiros, del trocar de los cañones y de los muertos en el campo de batalla, al igual que al verlo volver a casa, en las escenas siguientes, no se diría que él ganó la guerra, pero que la perdió.

Wellington la ganó y fue recompensado principes, la película muestra. Sus generales también ganaron. El pueblo, parece que no. "Peterloo" es una película austero en cuanto a hacernos sentir emociones en el primer grado, prefiere un rigor casi académico, la verdad sin arreglos florales. No conforta al espectador, le abre los ojos, inquieta. Buena cosa, en tiempo de 'Brexit'.

Del Atlántico Sur no se cansa de venir buen cine. "La Quietud", del argentino Pablo Trapero, que, tres años después del terrible "El Clan", vuelve a Venecia con una historia de familia y el pavoroso lastre de la dictadura militar a perdurar en el tiempo. La Quietud (ironía, todo lo que allí hay es inquietud) por grave enfermedad del patriarca, dos hijas, un yerno y la casi viuda van a protagonizar una red de mentiras, de transgresiones, de silencios y de traiciones donde se mezclan relaciones sentimentales, libidinosas, patrimoniales y políticas girando, sobre todo, en torno a la vieja matriarca. Una interpretación poderosa de Graciela Borges da vigor a la fuerza maléfica que asombra a toda aquella gente – y si el final, europeo, es esperanzado, implica enterrar profundamente el pasado y quedarse lejos.

¿Quién no parte, quién está y empeñado en hacer un cine que, por una vez, se inmiscuye en el aire del tiempo y dé testimonio y participe en las discusiones de nuestro aquí y ahora, es el francés Olivier Assayas. "Doubles Vies" es una comedia donde los compañeros sexuales se cruzan, se traicionan, se renuevan, en el seno particular de una burguesía parisina intelectual que no se cansa de discutir lo que la rodea y en que todos tienen una parte de razón. Un es editor, otro es actriz, aquel es escritor, aquel hace relaciones públicas de un político emergente, aquel otro es una experta del espacio digital, con una fe inquebrantable en el futuro radiante que está empezando a suceder. Y de Facebook a la gratuidad de la cultura, de la ética de un escritor cuando usa, en prosa, su vida y la de sus cercanos, al final del libro y de la prensa escrita, múltiples son los temas en el orden del día que por allí pasan y que, fatalmente, nos convocan a tomar posición. Francés hasta la médula, quizá veamos "Doubles Vies" en un próximo futuro como vemos las películas de Godard de los años 60: a sintonizar los días. Inquietud.

Ana Gomez

Ana Gómez. Nació en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios años. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. También me considero una Geek, amante de la tecnología los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebookhttps://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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