IA: ¿utilizamos robots o somos nosotros los robots?





En las últimas semanas, ya sea mientras impartimos clases o en conversaciones con algunos amigos, en su mayoría de áreas tecnológicas, ha salido a discusión el tema de la Inteligencia Artificial y la presión que está (y estará) creando sobre la humanidad en los próximos años.





La transformación impulsada por la Inteligencia Artificial (IA) es innegable, pero a medida que exploramos sus capacidades, surge, consciente o inconscientemente, una dualidad en el pensamiento sobre la fantástica brillantez de los beneficios potenciales y la angustia de los desafíos inherentes, que a menudo se convierte en La imprevisibilidad de los Los riesgos más oscuros que podría conllevar son aterradores.

Además de las consideraciones sobre la capacidad de mantener la capacidad de pensar y analizar críticamente ante los desafíos cotidianos, pero también en el pensamiento filosófico y la estrategia de futuro, es esencial abordar las implicaciones prácticas que la IA tendrá (¿ya tiene?) en algunos pilares fundamentales en el futuro socioeconómico: empleo, eficiencia y autonomía humana.

Empleos que desaparecen o se transforman

La revolución de la IA trae consigo el espectro de la automatización y la perspectiva de importantes pérdidas de empleos. Recientemente, el Director General del Fondo Monetario Internacional (FMI) compartió que entre el 40% y el 60% de los empleos, en los países desarrollados y en los mercados emergentes, se verían afectados por la automatización aportada por la IA, lo que plantea graves riesgos de desempleo en masiva, por lo que es importante preparar recalificaciones que permitan a las personas y empresas transformar los riesgos en oportunidades.

El Foro Económico Mundial, en su informe “El empleo del futuro” de 2023, afirma también que alrededor del 23% de los empleos se verán afectados por cambios estructurales, y alrededor del 2% de los empleos se perderán de aquí a 2027. Ambos estudios reflejan, sobre todo, que La creciente desigualdad económica podría empeorar a medida que las máquinas asuman funciones tradicionalmente realizadas por los seres humanos.

Por lo tanto, la capacidad de crear planes de acción para invertir en nueva formación para recalificar a los seres humanos en edad laboral media, así como en nuevos modelos de educación, es esencial, no para bloquear la inevitabilidad de la IA, sino para transformar el desafío en una oportunidad para aumentos de productividad y dinamismo creativo de los seres humanos.





Agilidad y eficiencia en la automatización

Un hecho subyacente de la evolución tecnológica actual es que la IA promueve la agilidad y la eficiencia a través de la automatización. Las tareas rutinarias ahora se pueden realizar con una precisión y velocidad incomparables, lo que permite a los humanos concentrarse en actividades más complejas y creativas.

La producción de datos, a través de procesos de transformación digital, trae consigo un aumento de la productividad y una mejora de la calidad del trabajo, haciéndose tangible a través del fenómeno de la capacidad de producción automática de datos en tareas que se realizan casi 100% digitalmente, reforzando así la noción de que la IA puede ser un valioso aliado. en la evolución de las capacidades laborales.

Riesgo de pereza cognitiva

Los seres humanos son intrínsecamente vagos y buscan estabilidad, rutinas y previsibilidad, razón por la cual la velocidad con la que la IA comparte y entrega respuestas es un fenómeno apreciado. En lugar de buscar, “¡inmediatamente nos dan la respuesta!” Pero lo que parece ser el Santo Grial, para muchos, puede desencadenar una preocupante “pereza cognitiva”. La dependencia excesiva de soluciones instantáneas puede socavar la motivación para el pensamiento crítico y la resolución independiente de problemas.

Cuando utilizamos robots de forma directa, corremos el riesgo de convertirnos en robots nosotros mismos, ¡comandados por otros robots! El desafío es encontrar un equilibrio que fomente la colaboración entre los humanos y la IA, sin comprometer la capacidad humana de pensar de forma independiente. Y pensar es también entrenar y aprender a pensar, y eso se hace invirtiendo en educación.

En resumen, la (in)capacidad de pensar con inteligencia artificial no se limita sólo al espectro cognitivo, sino que también se extiende a las esferas económica y ética. La búsqueda de una convivencia armoniosa requiere una reflexión sobre cómo podemos maximizar los beneficios de la IA, preservando al mismo tiempo la dignidad y la autonomía del trabajo humano. Encontrar este equilibrio no será fácil debido a la velocidad tecnológica existente, los desafíos éticos y la inevitable codicia humana.

Como dice el Director General del FMI: “tenemos que aceptarlo, ya está llegando”, por eso la IA ha llegado a dar forma al futuro, imposible de eliminar, por lo que es importante saber cómo mejorar, y no reemplazar, lo único. capacidad de pensar y actuar de los seres humanos.

Ana Gomez

Ana Gómez. Nació en Asturias pero vive en Madrid desde hace ya varios años. Me gusta de todo lo relacionado con los negocios, la empresa y los especialmente los deportes, estando especializada en deporte femenino y polideportivo. También me considero una Geek, amante de la tecnología los gadgets. Ana es la reportera encargada de cubrir competiciones deportivas de distinta naturaleza puesto que se trata de una editora con gran experiencia tanto en medios deportivos como en diarios generalistas online. Mi Perfil en Facebookhttps://www.facebook.com/ana.gomez.029   Email de contacto: ana.gomez@noticiasrtv.com

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