Homenaje a John McCain, elogio de Frank Field





La semana pasada, el mundo civilizado rindió homenaje al senador estadounidense John Sidney McCain III.





Al leer los testimonios, los obituarios, los homenajes, así como los recuerdos de los que le rodearon, emerge una impresión común: las virtudes de John McCain parecen haber pertenecido a una época que ya no es la nuestra. Todos alabaron en él el sentido de honor y de deber, evidenciado en combate y en la vida civil; el patriotismo asociado a la apertura cosmopolita; la firmeza de las convicciones republicanas, asociada al respeto por los adversarios y la capacidad de debatir con puntos de vista rivales. Invariablemente, estas virtudes fueron citadas como si se tratase de antigüedades pertenecientes a un pasado del que ya no tenemos conocimiento directo – un pasado que ya sólo conocemos a través de relatos sobre el pasado.

Por coincidencia, la misma semana pasada, uno de los más antiguos (desde 1979) diputados laborales del Parlamento británico, Frank Field, abandonó el grupo parlamentario de su partido, pasando a diputado independiente. Básicamente, declaró que su conciencia no le permitía seguir aceptando el antisemitismo galopante de la actual dirección laboral.

La noticia produjo en el Reino Unido una conmoción nacional. Se sucedieron, a la derecha ya la izquierda, artículos elogiosos sobre el pasado de Frank Field. Curiosamente, los elogios fueron muy similares a los que estaban siendo dirigidos en la misma semana a John McCain: Frank Field siempre se guió por un fuerte sentido de honor y de deber; defendió el patriotismo (que interpretó en el sentido del Brexit), en asociación con el cosmopolitismo (es un defensor de la OTAN); se combinaba la firmeza en las convicciones laborales (con su inspiración cristiana) a la capacidad de respetar a los adversarios y de debatir con puntos de vista rivales.

Una vez más, a semejanza de lo que sucedió con John McCain, estas virtudes fueron referidas como virtudes de una época pasada. En ambos casos, por otra parte, fueron repetidamente asociadas a viejas tradiciones: "viejo republicanismo", en el caso de McCain, "viejo laborismo", en el caso de Field.

Tal vez sea útil reflexionar sobre esta aparente paradoja: John McCain era un hombre de la derecha, un republicano; Frank Field es un hombre de la izquierda, un laborista. ¿Por qué se les atribuyen virtudes comunes? ¿Y por qué son esas virtudes asociadas a una "vieja derecha republicana", en el caso de McCain, ya una "vieja izquierda laborista", en el caso de Field? ¿Qué es lo que la "vieja derecha" y la "vieja izquierda" tenían en común que las versiones modernas (o post-modernas) ya no tienen?

Un rasgo común de las referencias a la "vieja derecha republicana" ya la "vieja izquierda laborista" fue la referencia a la visión del mundo de la generación de la II Guerra Mundial. El abuelo de John McCain, Almirante John Sidney McCain I, combatió contra los japoneses en Guadalcanal; el padre, también Almirante, combatió en Vietnam, tal como el propio McCain III, que fue arrestado y torturado por el régimen comunista. En cuanto a la formación intelectual de Frank Field (nacido en 1942), es sistemáticamente asociada al legado de la generación laboral de Clement Attlee, el primer ministro laborista británico elegido en 1945 (contra Churchill, de quien había sido viceprimer ministro durante la guerra) , y descrito como un "patriótico socialista democrático" (era un sólido anti-comunista y fue co-fundador de la OTAN, a propósito).





Al reflexionar sobre estas preguntas, me acordé repentinamente de una conferencia de Ralf Dahendorf en abril de 2005 en Oxford. Tenía un título interrogativo sorprendente: "¿Una Inglaterra que ya no es?" (Le dije a la altura en mi crónica en el Expreso). Se trataba de un homenaje al fundador del St. Antony's College de Oxford, William Deakin, que había sido un colaborador directo de Winston Churchill. Dijo Dahrendorf:

"William Deakin representó a Inglaterra que todos nos habituamos a admirar. Una Inglaterra libre y ordenada, orgullosa pero discreta, pulida y gentil, una Inglaterra, sobre todo, con un profundo sentido de decencia. En una palabra, tal vez pueda decirse que William Deakin representó a una Inglaterra que ya no es. "

En el vasto salón del colegio de Oxford, un profundo silencio envolvió las palabras de Dahrendorf. ¿Qué es lo que quería decir con "una Inglaterra que ya no es?".

No sabemos exactamente. Pero sabemos que Inglaterra a la que él se refería con admiración era Inglaterra que se golpeó en la II Guerra y luego enfrentó la "guerra fría", en defensa de la democracia occidental. La misma democracia occidental que había sido defendida por la "vieja derecha republicana" de John McCain, de su padre y de su abuelo, así como por la "vieja izquierda laborista" de Clement Attlee, en la que Frank Field fue educado.

Parafraseando a Ralf Dahrendorf, tal vez aquella época supiera lo que hoy parece haber caído en el olvido: que existe "un profundo sentido de decencia" que está por encima del capricho de cada uno, de grupos particulares y de la rivalidad tribal entre ellos.

Nacho Vega

Nacho Vega. Nací en Cuba pero resido en España desde muy pequeñito. Tras cursar estudios de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, muy pronto me interesé por el periodismo y la información digital, campos a los que me he dedicado íntegramente durante los últimos 7 años. Encargado de información política y de sociedad. Colaborador habitual en cobertura de noticias internacionales y de sucesos de actualidad. Soy un apasionado incansable de la naturaleza y la cultura. Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/nacho.vega.nacho Email de contacto: nacho.vega@noticiasrtv.com

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