Guardianes de la patria









En un ritmo metronómico, siguen las reverberaciones producidas por el impacto de las suelas de los zapatos contra las baldosas de cerámica que tapizan el piso del atrio del hospital. El bosque de columnas de mármol se eleva hacia adelante, y un manto de luz anaranjada se derrama entre las grietas y hendiduras que irradian desde el imponente pórtico que se abre hacia el exterior.

El aire cálido e hipercinético acaricia mi cara y alborota mi cabello salvaje.

El aroma de la hierba recién cortada y los arbustos recién podados perdura en el aire. Lo inhalo intoxicado y encantado. Es una de las esencias que apaciguan mis sentidos. Echo de menos otra, la fragancia del aire marino, que espero poder volver a recoger pronto.

Oigo el ruido mecánico y áspero de las palas de los helicópteros que se aproximan que surcan el aire. Cruzo el porche y lo veo, inicialmente como una pepita de oro cortada contra el cielo azul del cielo de Lisboa, y, después, después de una lenta sucesión de espirales en una trayectoria descendente, como un enorme mosquito de caparazón cocodrilo coronado por las letras cobalto. Ahora puedo discernir claramente el acrónimo del Instituto Nacional de Emergencias Médicas. Un helitransporte.

Abajo, los guardianes, con uniformes negros, crean un cord√≥n de seguridad que mantiene a los transe√ļntes a una distancia prudente de la valla met√°lica, roja y blanca que bordea el helipuerto. El equipo m√©dico del hospital, debidamente equipado, espera afuera, cerca de uno de los v√©rtices de la plaza.

El mosquito metálico finalmente aterriza. La danza giratoria de las paletas cesa y estalla, amortiguada por el látex que cubre las manos de muchos, un aplauso que se extiende hasta el paso del paciente, en una camilla, para el cuidado del equipo médico del hospital, que lo dirige, con ritmo, tierra adentro





Las palmas Tonic, una poción alentadora que no bebes, pero que escuchas, para aquellos que yacen en esa camilla. Medalla, trofeo inmaterial que no es acariciado, pero que se siente, para quienes comandan el helicóptero y para quienes están dentro de él, compensa y estabiliza a quienes necesitan ser transportados.

Créanos, deberíamos aplaudir, aplaudir y pulir muchas más medallas de reconocimiento para aquellos que, por tierra, mar y aire, mantienen la salud de los portugueses fuera de las instituciones de salud.

Mentalmente reviso, mientras transmito mosquitos en pepitas de oro, s√≠mbolos y fronteras de escuadrones de la Fuerza A√©rea portuguesa que garantizan el transporte de √≥rganos entre los puntos m√°s diversos del pa√≠s, dando vida a quienes lo esperan, colocando a Portugal en los primeros lugares. de la lista mundial de donaci√≥n y trasplante de √≥rganos, y llevar a cabo misiones de rescate en tierra y alta mar, d√≠a y noche, todos los d√≠as del a√Īo. El lince se materializa sobre el verde y el rojo de la bandera nacional, y el lema ¬ęEntre Gente Remota Edificaram¬Ľ, s√≠mbolos del Escuadr√≥n 504 – Lynx. El elefante amarillo camina por la playa, y el lema ¬ęEn las alas de la fama¬Ľ, √≠conos del Escuadr√≥n 502 – Elefantes. Tambi√©n se incorpora el helic√≥ptero sobrevolando el mar agitado, y el lema ¬ęPara que otros vivan¬Ľ, emblemas del Escuadr√≥n 751 – Pumas.

Recuerdo el papel crucial, particularmente en tiempos de pandemia, no solo en el transporte de material biol√≥gico, sino tambi√©n en la protecci√≥n del cumplimiento de las medidas de higiene y seguridad, en eventos espec√≠ficos y en lo m√°s prosaico de la vida cotidiana, de la Polic√≠a de Seguridad P√ļblica (ejerciendo, en su totalidad, su lema ¬ęPor la Orden y la Patria¬Ľ), de la Guardia Nacional Republicana (cumpliendo, en todo su esplendor, su lema ¬ęPor la Ley y por el Grei¬Ľ), y del Ej√©rcito portugu√©s (haciendo justicia, diariamente, con su lema ¬ęPor Portugal e S√£o Jorge, Em Perigos e Guerra Esfor√ßados¬Ľ).

Son fuerzas vivas que dan vida a la vida. Son m√ļsculos y cerebro que apoyan a la naci√≥n. Son un escudo permanente en todo combate (incluso contra un enemigo invisible y desconocido). Son garantes de la paz y la armon√≠a.

El mosquito ya es pepita y el cable de seguridad finalmente se fragment√≥. Comienzo mi descenso por la rampa que da acceso, desde el exterior, al nivel del suelo. All√≠, entre las carpas que brillan y los astronautas que traen luz (a√ļn) adentro, tres polic√≠as. Me saludan con un asentimiento a lo que respondo. Al acercarme a las puertas del hospital, observo, inm√≥vil detr√°s del sem√°foro, un veh√≠culo de la Guardia Nacional Republicana. Finalmente, cruzando las grandes linternas que delimitan el espacio f√≠sico del hospital, me despido del guardia de seguridad, a quien conozco desde la universidad, con el deseo de un gran fin de semana.

Son los guardianes de la patria. Ovaciones, medallas y tónicos de aliento para aquellos que, desinteresadamente y por amor a sus vecinos, hacen de la salud y la seguridad nacionales su objetivo estratégico.

Al ritmo de la cadencia metronómica de mis pasos, estoy componiendo un fuerte aplauso mental, derritiendo y tallando simultáneamente el oro de la medalla, y mezclando y fundiendo ingredientes del tónico que son meritoriamente tuyos.

Manuel Rivas

Fernando Rivas. Compagino mis estudios superiores en ingeniería informática con colaboraciones en distintos medios digitales. Me encanta la el periodismo de investigación y disfruto elaborando contenidos de actualidad enfocados en mantener la atención del lector. Colabora con Noticias RTV de manera regular desde hace varios meses. Profesional incansable encargado de cubrir la actualidad social y de noticias del mundo. Si quieres seguirme este es mi... Perfil en Facebook: https://www.facebook.com/manuel.rivasgonzalez.14 Email de contacto: fernando.rivas@noticiasrtv.com

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